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domingo 19 de julio de 2026
La ley que frenó a los poderosos hace 3.300 años (y hoy la ignoramos)

La ley que frenó a los poderosos hace 3.300 años (y hoy la ignoramos)

Resumen de la Parashá Mishpatím, Éxodo 21:1-24:18

Luego de la revelación en el Monte Sinaí, El Creador dicta una serie de leyes al Pueblo de Israel. Estas incluyen las leyes de sirvientes; las penas por asesinato, secuestro, asalto y robo; penas civiles por daños, las leyes sobre prestamos;  reglas que gobiernan la conducta de la justicia en las cortes.

También son dadas leyes advirtiendo contra el maltrato a extranjeros; la observancia de las festividades en las diferentes estaciones y las leyes de las ofrendas de la agricultura que debían ser llevadas al Templo en Jerusalén; la prohibición de cocinar carne con leche; el precepto de rezar. En total, la sección Mishpatím contiene 53 preceptos – 23 positivos (que implican hacer algo) y 30 negativos (que implican prohibiciones).

El Creador promete traer al Pueblo de Israel a la Tierra Santa y los advierte para que no tomen los caminos paganos de los habitantes actuales de la misma.

El Pueblo Hebreo proclama: “Haremos y escucharemos” todo lo que El Creador nos manda. Moshe asciende al Monte Sinaí y permanece allí por cuarenta días y cuarenta noches para recibir la Torá, es decir la Ley directamente Del Creador.

Vivimos en una época obsesionada con derechos.
Mi derecho.
Mi libertad.
Mi voz.
Pero casi nadie habla de responsabilidad.
Y hace más de 3.000 años, justo después de una experiencia espiritual monumental en el Sinaí, encontramos en la Torá algo desconcertante:
No habla de ángeles.
No habla de visiones, del cielo del infierno.

Habla de leyes laborales.
De daños y perjuicios.
De límites al poder económico.

La Parashá Mishpatím hace algo enorme:

Baja la espiritualidad a la calle.

El rabino Jonathan Sacks Z”L lo explicó de forma precisa:

La verdadera revolución del Sinaí no fue religiosa. Fue política y moral.
En el mundo antiguo, el fuerte hacía lo que quería.
El débil sobrevivía como podía.
La ley protegía al que mandaba.

Mishpatím cambia la ecuación:
Incluso el poderoso está sometido a la ley.
Eso era bomba histórica.
Y sigue siendo bomba hoy.
Porque esta parashá insiste en algo que nuestra cultura olvida:
No explotes al vulnerable.
No humilles al extranjero.
No abuses del que depende de ti.

¿Te suena moderno?
Protección al trabajador.
Responsabilidad civil.
Ética financiera.
Pero, no se trata de un panfleto de izquierda o de populistas que ofrecen justicia a cambio de votos.
No es ideología progresista.
No es activismo de redes sociales.
Es un texto milenario que entendió algo que todavía no aprendemos:
La libertad sin límites morales se convierte en abuso.

El Rabino Sacks decía que el judaísmo no construye templos para escapar del mundo.
Construye sociedades donde la dignidad humana es ley.
Y eso confronta a todos.
A la derecha que idolatra el mercado.
A la izquierda que idolatra el Estado.
Y a cualquiera que use el poder para beneficiarse sin responsabilidad.

Porque Mishpatím no pregunta qué quieres.
Pregunta qué haces con tu poder.
¿Cómo pagas a tus empleados?
¿Cómo negocias?
¿Cómo tratas al que no puede defenderse?
Ahí se mide tu ética.
No en tus discursos.
No en tus hashtags.
No en tu espiritualidad “privada”.
En el mundo actual, la religión suele verse como algo íntimo o irrelevante.
Pero este texto antiguo dice lo contrario:
La verdadera fe se prueba en la economía.
En la política.
En los tribunales.
En la vida real.

Y aquí empieza todo.
La revelación no terminó en una montaña con truenos.
Empezó cuando la ley limitó al fuerte.
Esa fue la verdadera revolución.

Y si hoy el poder actual sólo sirve para unos cuantos, entonces ecesitamos recuperar esa espiritualidad en donde
todos, sin distinción, deben aceptar límites.
Y eso… siempre molesta a los autoritarios.


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