El lunes pasado, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que reafirma el “compromiso con la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Ucrania”, en el tercer aniversario de la invasión rusa a su país vecino.
Esta medida fue aprobada con abrumadora mayoría, obteniendo 93 votos a favor.
Sin embargo, en un giro significativo, Israel votó en contra de la resolución, uniéndose a Estados Unidos y Rusia en su oposición.
Este voto del Estado hebreo representa la primera vez que se manifiesta en contra de Ucrania y a favor de Rusia desde que comenzó el conflicto. Su decisión es interpretada como una maniobra diplomática hacia el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha cambiado la línea de la Casa Blanca respecto al conflicto.
Históricamente, Israel ha mantenido un delicado equilibrio entre su apoyo a Ucrania y la necesidad de preservar relaciones con Moscú, dada la influencia de Rusia en Siria y la región. Aparte de Israel, otros opositores a la resolución incluyeron a Corea del Norte, Hungría y otros 13 países, mientras que 65 naciones, incluida Irán, optaron por abstenerse.
Desde que asumió el cargo en enero, Trump ha modificado drásticamente la postura de la administración estadounidense, alejándose de la inclinación pro-ucraniana que caracterizaba a su predecesor, Joe Biden.
El pasado miércoles, Trump calificó al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky de “dictador”, en respuesta a los comentarios de Zelensky, que afirmaban que Trump estaba siendo influenciado por la desinformación rusa en su intención de terminar la guerra con términos que Kyiv considera demasiado favorables para Moscú.
La guerra ha tenido un impacto significativo en los procesos políticos de Ucrania, llevando al retraso de las elecciones programadas para abril de 2024. Sin embargo, la Constitución de Ucrania establece que, en tiempos de guerra, la continuidad del presidente es automática.
En una entrevista con CNN, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, sugirió que la invasión rusa no es exclusivamente atribuible a Moscú, señalando que el interés de Ucrania en unirse a la OTAN podría haber provocado el conflicto.
Esto se alinea con afirmaciones anteriores de Trump, quien argumentó que Ucrania había iniciado la guerra y que Zelensky carecía de apoyo popular en su país.
El mismo día de la votación, EE. UU. presentó un borrador de resolución que pedía un fin negociado a la guerra sin mencionar explícitamente la agresión rusa. Sin embargo, la administración estadounidense se abstuvo de su propia propuesta, la cual no logró ser aprobada.
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