Humillación, hambre y abuso: Eliya Cohen relata el cautiverio en manos de Hamás

Eliya Cohen, liberado en febrero del cautiverio de Hamás, relató el momento en que sus captores le informaron que regresaba a a casa y Alón Ohel, su compañero, se quedaba. “Alon entró en pánico y empezó a llorar”, dijo Cohen en una entrevista con el Canal 12, informó Haaretz.

Eliya creía que Alón sería liberado una semana después e incluso se ofreció a quedarse para que Ohel sea liberado primero. “Realmente pensé que la segunda fase llegaría pronto. Alón perdió la vista en un ojo”, explicó.

Dijo que Alón suplicó a sus captores: “Es mi cumpleaños, déjenme ir”. Antes de separarse, se abrazaron y lloraron. “Le dije: ‘No te olvides de tu familia. Son lo más importante del mundo’. Le dije que se mantenga fuerte y le prometí que no lo olvidaré. Hasta que no lo vea de vuelta en casa, esto no ha terminado”.

Reveló que él y otros tres rehenes eran obligados a desnudarse completamente dos veces por semana. “Decían: ‘No están lo suficientemente delgados… quizás debíamos reducirles las raciones de comida'”.

El hambre, dijo, era una lucha diaria. “Luchábamos por sobrevivir. Recibíamos una pita al día con dos cucharadas de frijoles o algo similar. Muchas veces llegaban tarde o traían menos comida, y nos decían: ‘Compártanla entre ustedes'”.

Sus captores disfrutaban de su sufrimiento, dijo. “Disfrutaban sabiendo que nos moríamos de hambre. Piensas dos veces antes de ir al baño porque el solo hecho de ponerte de pie te mareaba. Teníamos estrategias para pedir más comida, y a veces funcionaba. Es indescriptible la sensación cuando lográbamos llegar a sus corazones y nos daban una pequeña barra de chocolate para compartir entre los cuatro”.

Eliya recordó un ataque militar israelí en el túnel donde estuvo retenido. “Oímos las bombas impactar en la mezquita por la que entramos. Las tuberías de agua reventaron, se fue la electricidad”. Los captores se prepararon para la batalla. “Se pusieron chalecos, amartillaron sus armas y nos recordaron repetidamente que si llegaban las FDI, nos matarían primero antes de entrar en combate”.

En un momento dado, les apuntaron con armas a él y a Alón, pero los terroristas luego decidieron trasladarlos a otro túnel. “Esa fue la primera vez que vi la luz del día. Salimos a un apocalipsis demencial: Gaza estaba arrasada. No quedaba ni un solo edificio en pie. Había un silencio inquietante, salvo por los panfletos de las FDI esparcidos, había cadáveres por todas partes y olor a muerte”, dijo.

Alón Ohel. Foto: Cortesía de la familia.

Agregó que lo mantuvieron encadenado durante su cautiverio. “Me ataron tan fuerte que me lastimaron las piernas. Me sentía como un animal enjaulado en un lugar oscuro y remoto”.

Solo le permitían bañarse una vez cada dos meses. Luego prefería volver a encadenarse antes de que sus captores lo hicieran. “Si volvían a ponerle las cadenas, se aseguraban de apretarlas aún más, y me aplastaban las piernas. A veces, las apretaban aún más deliberadamente. Era casi imposible dormir por el dolor”, expresó.

Eliya estuvo retenido con Hersh Goldberg-Polin, Almog Sarusi y Ori Danino antes de que los separaran. “Un día, un captor entró y dijo: ‘Muy bien, hora de ir a casa con sus madres'”. Se llevó a Ori, Almog y Hersh. Hersh nos dejó su libro en inglés, Ori su desodorante y nos dejaron un tablero de backgammon que habían hecho”.

Los terroristas se burlaban de ellos. “No paraban de decir: ‘¡Qué suerte tienen Ori y Hersh de estar ahora en casa con sus madres!'”. Más tarde, Eliya escuchó a otro rehén hablar ellos. “Dijo que las Fuerzas de Defensa de Israel intentaron entrar en el túnel y Hamás masacró a seis rehenes; tres de ellos eran Almog, Hersh y Ori. Al principio pensé que bromeaba, pero luego dijo: ‘No, lo vi en Al Jazeera‘. Los trasladaron a otro túnel y los ejecutaron”.

Habló de cómo fue secuestrado de un refugio en el festival de música Nova. Recibió un disparo en la pierna y allí conoció a Alón. “Tres terroristas nos tomaban fotos con sonrisas enormes. Se la pasaban muy bien; era incomprensible. No puedo olvidar esa imagen. Esa es la sonrisa de mi secuestro”, dijo Cohen.

Lo sacaron a rastras del refugio y vio a decenas de terroristas armados con chalecos, rifles, lanzacohetes y misiles portátiles. “Sabía que me llevaban a Gaza. Se reían, gritaban, nos golpeaban y nos escupían. Alón y yo nos miramos fijamente y le dije: ‘Todo irá bien. Mantén la calma'”.

Un rehén intentó escapar. “Dijo: ‘Voy a saltar’. Le dijimos que no lo haga. Saltó de la camioneta, ellos se detuvieron y lo mataron a tiros”.

En Gaza, Eliya fue llevado a una casa preparada para albergar a rehenes, luego fue trasladado a los túneles. “Me vi en un espejo por primera vez: estaba cubierto de sangre, con carne quemada pegada a la piel. No podía creer que tenía pedazos de cadáveres encima”, dijo.

Allí vio a un hombre que se presentó como médico. “Dijo que me sacaría la bala de la pierna. Pedí analgésicos, pero me dijo que no tenía nada. Me metió un paño en la boca y me dijo que no gritara, o los civiles de afuera oirían y asaltarían la casa, y no podría protegerme. Me sacó la bala con unas pinzas. Tenía un dolor insoportable”, comentó Eliya.

Su pareja, Ziv Abud, también estuvo en el festival Nova y sobrevivió a la masacre. Ambos desean volver a la normalidad. “Queremos reconstruir, pero llevará tiempo. Nosotros y nuestras familias necesitamos ayuda. Lo que el Estado ofrece es simplemente vergonzoso”, concluyó.

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