Gracias a Israel, cristianos celebran en paz / Desde las calles de Israel

El Emperador romano Adriano, arrasó la ciudad en el año 135. No perdonó que los judíos se rebelaran contra Roma. En sus ruinas construyó Aelia Capitolina. A los únicos judíos que les estaba permitida la entrada era a los esclavos judíos. Y el nombre “Jerusalén” sobrevivió sólo en nuestros libros de plegarias hebreas.

Cuando el Imperio Romano se reinventó a sí mismo como el Imperio Bizantino en el siglo IV, trajeron de vuelta el nombre de la ciudad, Jerusalén, pero no a sus judíos.

Según él, tuvo la visión de una cruz en el cielo en el 312, el emperador Constantino el Grande firmó el Edicto de Milán, que legalizaba la religión cristiana y encomendó a su madre Elena marchar hacia Jerusalén para encontrar la tumba de Jesús. Con la ayuda del obispo de Cesarea, Eusebio, y el obispo de Jerusalén, Macario, se hallaron tres cruces cerca de una tumba, lo que llevó a los romanos a considerar que habían encontrado el Calvario. Constantino ordenó en torno al año 326 que el templo romano de Júpiter/Venus fuera reemplazado por una iglesia.

La conquista árabe en el año 638 les arrebató la ciudad a los Bizantinos. El Califa Omar, el gobernante musulmán, les permitió a los judíos regresar. Un gran enclave judío se asentó al norte del Monte del Templo. El Templo del Monte era obviamente la corona de Jerusalén. Los musulmanes por su parte construyeron el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa encima de donde estaba el Templo de Jerusalén.

Increíblemente, las religiones hijas del judaísmo resultaron de mala gratitud con su origen.

A mediados del siglo XIX la ciudad amurallada de Jerusalem estaba tan poblada con judíos, que unos pocos residentes sugirieron mudarse hacia fuera de las murallas, pero sin la gran protección de las piedras quedarían a la merced de las pandillas de bandidos. Sir Moshé Montefiore dio el primer paso para resolver el problema y construyó un recinto protegido en las afueras de la muralla; veinte intrépidas familias judías se fueron a residir allí. Prontamente se formaron otros enclaves judíos y la nueva ciudad de Jerusalem se extendió más allá de lo que posteriormente pasó a ser conocida como la Ciudad Vieja.

Los británicos derrotaron a los turcos durante la Primera Guerra Mundial, y en 1917, dividieron la Ciudad Vieja en cuatro cuartos: el cuarto musulmán (actualmente la mitad del área de la Ciudad Vieja), el cuarto cristiano, el cuarto judío y el cuarto armenio. Las designaciones fueron ficticias: de acuerdo al propio censo de los británicos, la mayoría de los residentes del “cuarto musulmán” eran judíos.

Los británicos mantuvieron las restricciones de los turcos sobre los judíos en el Kotel (el Muro de los Lamentos), el sitio judío más santo del mundo junto al Monte del Templo. Sólo un angosto camino era accesible para que los judíos fueran a rezar. Los judíos no tenían permitido llevar asientos o bancos para sentarse.

Cuando, en mayo de 1948, los británicos fueron forzados por la ONU a emprender retirada, la Ciudad Vieja de Jerusalén, incluyendo el Monte del Templo y el Kotel, cayeron en manos del ejército jordano (conocido como la Legión Árabe). Todos los residentes judíos fueron exiliados. Los hombres fueron llevados a Jordania como prisioneros de guerra, y las mujeres, niños y ancianos fueron expulsados por la Puerta de Sión mientras los que habían sido sus hogares por generaciones eran saqueados y quemados tras ellos.

Ciudad Vieja quedó rodeada de un alambre de púas y una amenazante señal de “Tierra de nadie”,

Hasta la reunificación de Jerusalén en 1967 la situación fue… tensa.

Jerusalén era un lugar relativamente atrasado y no tan propicio para el turismo como lo es hoy.

La población era mucho menor y la población judía, más secular. En retrospectiva, todo parece mucho más pequeño, menos poblado, con una planificación menos eficiente y mucho menos desarrollado.

Bajo el dominio jordano, Jerusalén Oriental (y Cisjordania) fue sometida a una limpieza étnica de todos los judíos. De 1948 a 1967, por primera vez en siglos, a los judíos no se les permitió entrar a la ciudad vieja ni rezar en el Muro de las Lamentaciones. El Monte Scopus y la Universidad Hebrea eran una isla remota y armada, atendida por un único autobús destartalado que no podía ser reemplazado por un tratado.
En la tierra de nadie que separaba las partes israelí y jordana de la ciudad, francotiradores árabes se divertían disparando a los israelíes.

En los días inmediatamente posteriores a la unificación en 1967, la ciudad vieja de Jerusalén, tan pronto como fue declarada a salvo de francotiradores, las calles resonaban con el ruido de los pasos de decenas de miles de israelíes que visitaban la ciudad vieja, incrédulos de que, tras tantos años de veto, Jerusalén volviera a ser accesible.

Entonces, el día 28 del mes judío de Iyar, en el tercer día de la Guerra de los Seis Días de 1967, mientras el ejercito israelí batallaba con el ejercito jordano en áreas en torno a la Tierra de Nadie, los comandantes israelíes de pronto se dieron cuenta que podía ser posible recuperar la Ciudad Vieja.


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Ricardo Silva: