La Torá relata que durante los cuarenta años que el pueblo de Israel vivió en el desierto, Dios les proporcionó un alimento milagroso llamado “man” (maná). Este pan celestial caía todas las mañanas en el desierto y alimentaba a los judíos de manera suficiente, diaria y directa.
El “man” no podía ser almacenado —excepto en Shabbat—, ni acaparado, ni negociado. Su función no era solo nutritiva, sino también educativa. El “man” venía a romper las cadenas de dependencia material y psicológica con el Faraón, quien hasta entonces les daba pan a cambio de mantenerlos como esclavos. Esa dependencia era parte del sistema de control total. El “man” rompió ese sistema ya que el sustento no venía del opresor, sino directamente de Dios. No era transacción. No venía con condiciones. No creaba esclavos. Era un pan que liberaba de la tiranía.
EL NEGOCIO DE LA AYUDA HUMANITARIA
Hoy, en medio de una guerra terrible iniciada por la masacre del 7 de Octubre, Israel vuelve a hacer lo que nadie más haría: ser la excepción a la regla. Esta vez, alimentando al enemigo. Dándole comida a quienes aún retienen rehenes subalimentados, y a quienes asesinaron a civiles israelíes y juraron su destrucción.
Muchos —con razón— se preguntan: ¿por qué darles de comer y no demandar primero la liberación de los rehenes que Hamás todavía tiene en su poder?
La respuesta oficial llegó de parte del primer ministro Netanyahu: este operativo de distribución de alimentos, un esfuerzo coordinado con Estados Unidos a través del GHF (Gaza Humanitarian Foundation), tiene también un objetivo estratégico fundamental: cortar la dependencia de los civiles palestinos con Hamás y así quitarle el arma más poderosa que le queda a esta organización terrorista.
LOS MERCADERES DEL HAMBRE
Como lo hacía el Faraón en Egipto, Hamás también gobierna manejando el hambre. Hasta ahora, Hamas estaba a cargo de repartir la comida que le llegaba desde organizaciones humanitarias aliadas, como UNRWA, o que era robada por Hamás, transportada hacia sus depósitos y vendida a precios exorbitantes a los civiles. Con esos fondos financiaban el terrorismo, tenían contentos a sus milicianos. Y a través de los alimentos chantajeaban a la población civil. Cientos de miles de personas vivían sometidos a Hamás a para acceder a la “ayuda humanitaria”.
Ahora, por primera vez, los habitantes de Gaza reciben pan que como el “man” no pasa por las manos criminales y esclavizantes de la tiranía y no se les pide nada a cambio.
¿EL FIN DE HAMÁS?
Este programa de ayuda israelí representa una amenaza existencial para Hamás y su control sobre Gaza. Y por ahora está funcionando muy bien. En tres días Israel ha distribuido más de 1.300.000 raciones de comida, sin condiciones y sin ataduras. Y ya se ven las primeras señales de pánico en Hamás y un atisbo de esperanza en la población, que comienza a perderle el miedo y liberarse de la faraónica organización terrorista.
Por primera vez, los gazatíes están agradeciendo a EE. UU. e Israel, a Trump y a Abu Yair (=Netanyahu)
El “man” que llega desde el cielo de Israel, está cayendo en el desierto de Gaza y le está demostrando a los palestinos y al mundo quién construye y quién destruye, quién esclaviza y quién libera, quién da y quién chantajea con el hambre.
¿Funcionará?
SHABBAT SHALOM
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