Populismo, el peligro que advierte La Torá / Desde las calles de Israel

Koraj /Resumen de la Parashá /Números 16:1-18:32

Koraj es personaje prominente en el pueblo. La gente lo sigue porque tiene carisma, el don de la palabra.

Koraj induce a un motín desafiando el liderazgo de Moshe y la entrega de la Kehuná (sacerdocio) a Aharón. Se suman al motín dos enemigos de Moshe, Datán y Avirám, y 250 miembros distinguidos de la comunidad, que ofrecen el santo ketoret (incienso) para probar que son meritorios del sacerdocio. La tierra se abre y traga a los rebeldes, mientras un fuego consume las ofrendas de ketoret.

Una subsiguiente plaga es frenada por la ofrenda de ketoret de Aharón. Su vara milagrosamente florece con almendras para probar que su designación como Sumo Sacerdote tiene origen Divino.

El Creador indica las leyes de trumá (ofrendas) de cada cosecha de grano, vino y aceite de oliva, todos los primogénitos del ganado ovino y vacuno, junto a otras dádivas específicas entregadas a los Kohaním.

Según el Rabino Jonathan Sacks, la historia de Koraj nos enseña mucho sobre uno de los fenómenos más inquietantes de nuestro tiempo: el auge del populismo en la política contemporánea.

Koraj fue un populista, uno de los primeros de la historia

Y el populismo ha resurgido en Occidente, como lo hizo en la década de 1930, representando un gran peligro para el futuro de la libertad.

El populismo es la política de la ira. Aparece cuando hay un descontento generalizado con los líderes políticos, cuando la gente siente que los jefes de las instituciones trabajan en su propio interés y no en el del público en general, cuando hay una pérdida generalizada de confianza y una ruptura del sentido del bien común.

En muchos países existe la desigualdad. La gente siente que la distribución de los beneficios es injusto: unos pocos se benefician desproporcionadamente y la mayoría se queda estancada o pierde. También existe la sensación de que les han arrebatado el país que una vez conocieron, ya sea por el debilitamiento de los valores tradicionales o por la inmigración a gran escala.

El descontento se manifiesta en el rechazo a las élites políticas y culturales. Los políticos populistas afirman ser, y solo ellos, la verdadera voz del pueblo. Los demás, los líderes actuales, se reparten las recompensas, indiferentes al sufrimiento de las masas. Los populistas fomentan el resentimiento contra el establishment. Son deliberadamente divisivos y confrontativos. Prometen un liderazgo fuerte que devolverá al pueblo lo que le han arrebatado.

Los sabios de la Torá identificaron el origen de la discusión. Dijeron que el problema con Koraj y sus compañeros no era que discutieran con Moisés y Aarón, sino que lo hacían por razones ajenas al Cielo “no por el Cielo”. Las escuelas de Hillel y Shamai, en cambio, argumentaban por el Cielo, y por lo tanto su argumento tenía un valor perdurable.

Lo que importa en el judaísmo es por qué se llevó a cabo la discusión y cómo se llevó a cabo. Una discusión que no se realiza por el Cielo se realiza por la victoria. Una discusión por el Cielo se realiza por la verdad. Cuando el objetivo es la victoria, como en el caso de Koraj, ambas partes se ven perjudicadas. Kóraj murió y la autoridad de Moisés se vio empañada. Pero cuando el objetivo es la verdad, ambas partes ganan. Ser derrotado por la verdad es la única derrota que también es una victoria.

De ahí el poder de la defensa del judaísmo contra el populismo, en su insistencia en la legitimidad de la “discusión por el bien del Cielo”.

El judaísmo no silencia la disidencia; al contrario, la dignifica. Esto se institucionalizó en la era bíblica con los profetas que decían la verdad al poder. La era rabínica, vivía en la cultura de la discusión evidente en cada página de la Mishná, la Guemará y sus comentarios. En el Estado contemporáneo de Israel, la argumentación forma parte de la esencia misma de su libertad democrática, en marcado contraste con gran parte del resto de Oriente Medio.

De ahí la idea transformadora: si buscas aprender, crecer, buscar la verdad y encontrar la libertad, busca lugares que acojan el debate y respeten las opiniones discrepantes.

Aléjate de personas, lugares y partidos políticos que no lo hagan. Aunque digan ser amigos del pueblo, en realidad son enemigos de la libertad.


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Ricardo Silva: