El 7 de octubre de 2023, el mundo presenció un día de horror que marcó un antes y un después. Hamás, un grupo reconocido como terrorista por muchos países, desató un ataque devastador contra Israel.
Civiles, familias enteras, jóvenes disfrutando de un festival de música, fueron atacados sin piedad, dejando más de 1,100 muertos. Hoy, queremos contar la verdad sobre ese día y explicar por qué no existe ninguna equivalencia moral entre las acciones de Hamás y las de las Fuerzas de Defensa de Israel, que buscan proteger a su pueblo.
El ataque de Hamás no fue un simple enfrentamiento militar, sino una exhibición de crueldad extrema. En el Festival de Música Nova, un evento al aire libre lleno de jóvenes, y en comunidades rurales como el kibutz Be’eri, los terroristas cometieron atrocidades inimaginables: torturas, mutilaciones, violaciones y ejecuciones. Más de 1,200 personas, en su mayoría civiles, perdieron la vida. Una sobreviviente del 7 de octubre que compartió su testimonio en julio de 2024, describió cómo fue testigo de actos de violencia sexual y asesinatos brutales, un trauma que sigue persiguiendo a las víctimas.
Los equipos de emergencia, incluyendo soldados, policías y voluntarios de organizaciones como Magen David Adom, llegaron a escenas que difícilmente podían procesar. Encontraron cuerpos de víctimas, muchos desnudos, atados y con signos claros de violencia sexual. Lo más perturbador es que los propios terroristas de Hamás, al ser capturados, no mostraron arrepentimiento. En interrogatorios, hablaron con orgullo de sus crímenes, como si fueran trofeos de guerra.
Hamás no solo cometió estas atrocidades, sino que las documentó con arrogancia. Usaron cámaras corporales y transmitieron en vivo sus ataques, mostrando al mundo su brutalidad sin filtros. Estas grabaciones, junto con los testimonios de sobrevivientes, son pruebas irrefutables de su sadismo. En febrero de 2024, Pramila Patten, enviada de la ONU, confirmó tras una investigación que hubo violaciones y violencia sexual masiva en el Festival Nova y los kibutzim, validando lo que las víctimas habían denunciado.
Los sobrevivientes de los secuestros del 7 de octubre, como Amit Sussana, han compartido historias desgarradoras. En su cautiverio en Gaza, enfrentaron abusos, incluido violencia sexual, y muchos rehenes siguen atrapados en condiciones inhumanas. El Festival Nova, por ser un espacio abierto, dejó a cientos de personas expuestas, presenciando el horror de primera mano. Estas historias no son rumores: son hechos respaldados por múltiples fuentes, desde los sobrevivientes hasta los propios videos de Hamás.
A pesar de esta evidencia abrumadora, hay quienes niegan o minimizan estos crímenes. Hamás encarna la definición de un grupo terrorista: usa la violencia contra civiles para sembrar miedo y alcanzar metas políticas. Su ataque del 7 de octubre es un ejemplo claro de esto. Por otro lado, las Fuerzas de Defensa de Israel tienen un objetivo diferente: proteger a su población de amenazas como Hamás, operando bajo reglas estrictas para evitar, en lo posible, dañar a civiles, una distinción que marca una brecha moral y legal.
Hamás no respeta las leyes internacionales que regulan los conflictos armados. Viola las Convenciones de Ginebra al esconderse entre civiles, disparando cohetes desde zonas densamente pobladas, como cerca del Hospital Al-Shifa, o almacenando armas en escuelas de la ONU. Estas tácticas, conocidas como el uso de escudos humanos, buscan manipular la percepción global y dificultar las operaciones de Israel. Además, Hamás ha construido una red de túneles de 300 a 400 millas, usando fondos de ayuda humanitaria para crear bases subterráneas donde esconden armas y planean ataques.
Mientras tanto, Israel ha hecho esfuerzos significativos para aliviar el sufrimiento en Gaza, a pesar de estar en guerra con Hamás. Desde octubre de 2023, ha facilitado la entrega de más de 1.8 millones de toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo alimentos, agua y medicinas. Esta ayuda busca apoyar a los civiles palestinos, pero Hamás a menudo la intercepta, robándola o revendiéndola a precios altísimos a su propia población, dejando a 1.8 millones de personas en inseguridad alimentaria, según la ONU.
Las tácticas de Hamás no solo son ilegales, sino que agravan el sufrimiento de los civiles en Gaza. La densidad de la población, con miles de personas por kilómetro cuadrado, complica las operaciones militares, pero Hamás explota esto intencionalmente. En contraste, Israel emplea tácticas de precisión para minimizar las bajas civiles, logrando una proporción de bajas civiles a combatientes más baja que en otros conflictos urbanos, como la Guerra de Irak. Esto demuestra un esfuerzo real por cumplir con el derecho internacional, a pesar de los desafíos.
Es hora de desmentir la falsa idea de que Israel está matando de hambre a Gaza. La ayuda humanitaria, destinada a civiles necesitados, es saboteada por Hamás, que la roba y revende, dejando a muchas familias palestinas sin acceso a lo básico. Este comportamiento no solo perjudica a los civiles, sino que posiblemente financia más actividades terroristas de Hamás. Mientras tanto, Israel trabaja para garantizar que la ayuda llegue a quienes la necesitan, a pesar de los obstáculos creados por Hamás.
En 2025, durante un alto al fuego negociado bajo la administración del presidente Trump, vimos la cruda realidad del trato de Hamás hacia sus rehenes. Los israelíes liberados aparecieron demacrados, severamente desnutridos, tras ser privados de comida de forma deliberada. Esto es un crimen de guerra claro según el derecho internacional. Mientras tanto, Hamás acusa a otros de causar hambruna, cuando son ellos quienes manipulan la ayuda para su beneficio.
Israel, para evitar que la ayuda humanitaria sea utilizada por Hamás para financiar el terrorismo, puede restringirla legalmente, una práctica respaldada por precedentes históricos. Por el contrario, Hamás comete crímenes de guerra al desviar esta ayuda y usarla contra su propio pueblo. Además, la Fundación Humanitaria de Gaza, respaldada por Estados Unidos, trabaja incansablemente para distribuir ayuda diaria a los palestinos. Trágicamente, Hamás ataca a las personas que reciben esta ayuda, castigándolas por aceptar apoyo y mostrando un desprecio absoluto por el bienestar de su propio pueblo.
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