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lunes 20 de julio de 2026

John Spencer y Arsen Ostrovsky /¿Por qué la guerra de Israel contra Hamas es necesaria?

Tras la terrible masacre perpetrada por Hamas el 7 de octubre —que causó la muerte de más de 1.200 personas en Israel, en su mayoría civiles, incluidos mujeres, niños y ancianos, y con más de 250 personas secuestradas— Israel lanzó una campaña militar a gran escala en Gaza. La magnitud e intensidad de la respuesta fueron sin precedentes, pero también lo fue el ataque que la provocó.

Desde entonces, no han faltado actores mal informados, como el comediante Dave Smith, o partes maliciosas que manipulan el derecho internacional para cuestionar si las acciones militares de Israel en Gaza han sido proporcionales, legales y, en última instancia, incluso necesarias.

En el fondo de esta última pregunta hay un malentendido crítico. La “necesidad” en la guerra tiene dos significados distintos, y confundirlos —tanto moral como legalmente— conduce a evaluaciones erróneas y narrativas engañosas.

Dos tipos de necesidad: una moral, otra legal

1. Necesidad moral La tradición de la guerra justa

El primer concepto de necesidad proviene de la teoría de la guerra justa, un marco ético desarrollado durante siglos para evaluar si el uso de la fuerza puede justificarse moralmente (jus ad bellum).

Uno de sus principios fundamentales es la necesidad:

La guerra debe ser el último recurso, emprendida solo después de haber agotado todas las alternativas no violentas —diplomacia, disuasión, sanciones, mediación internacional—.

En el caso de Israel, los hechos hablan por sí solos. Israel se retiró de Gaza en 2005, desmantelando toda su infraestructura civil y militar. En los años siguientes, Hamas tomó el poder mediante un golpe violento, lanzó decenas de miles de cohetes y rechazó todos los esfuerzos significativos por una coexistencia pacífica. A pesar de treguas periódicas y mediaciones internacionales repetidas, Hamas no buscó un estado palestino junto a Israel, sino la destrucción de Israel.

El 7 de octubre, Hamas dejó claras sus intenciones. Cruzó la frontera no para enfrentarse a soldados israelíes, sino para masacrar civiles. Grabaron las atrocidades y prometieron repetirlas. En ese contexto, afirmar que la respuesta militar de Israel carece de necesidad moral es ignorar los hechos y desafiar el sentido común.

2. Necesidad legal – El derecho de los conflictos armados

La segunda forma de necesidad no es filosófica, sino legal. Pertenece al ámbito del derecho internacional humanitario (DIH), las reglas que rigen la conducta durante la guerra (jus in bello).

La necesidad militar solo permite aquellas acciones requeridas para alcanzar un objetivo militar legítimo.

Este principio —codificado en las Convenciones de Ginebra, los Reglamentos de La Haya y el derecho internacional consuetudinario— no permite la destrucción por sí misma. No justifica el daño a civiles salvo que sea incidental a un ataque legítimo. Y ciertamente no anula la obligación de distinguir entre objetivos militares y civiles ni de evitar ataques desproporcionados.

Cada operación militar israelí en Gaza está sujeta a este estándar. No basta con identificar una presencia de Hamas en un edificio o vecindario. Para atacar legalmente, el objetivo debe aportar una ventaja militar concreta y directa, y deben tomarse todas las precauciones posibles para reducir el daño a civiles.

Los abogados militares y comandantes de Israel operan dentro de este marco. La selección de objetivos, el tipo de armamento, el momento del ataque y los mecanismos de advertencia se supervisan en tiempo real. Las FDI no solo actúan bajo la necesidad legal, sino que documentan y revisan sus acciones a un nivel que pocas fuerzas armadas modernas alcanzan, especialmente al combatir a un grupo terrorista incrustado en una población civil.

El puente vs. la panadería

Un ejemplo útil de las leyes de la guerra ayuda a clarificar esta distinción.

Destruir un puente utilizado para transportar armas enemigas es un acto legalmente justificado por necesidad militar. Ofrece una ventaja operativa clara y debilita directamente la capacidad enemiga. En cambio, destruir una panadería en un barrio residencial solo porque combatientes enemigos puedan detenerse allí para comer, no lo es. La panadería no es un objetivo militar y su destrucción no sirve a ningún propósito militar legítimo.

Esta distinción es crucial en la guerra urbana. En Gaza, donde Hamas incrusta rutinariamente sus activos militares en zonas civiles —utilizando escuelas, casas y mezquitas como escudos— Israel enfrenta desafíos extraordinarios. Pero los estándares legales no cambian. Cada acción debe cumplir con el criterio de necesidad militar. Cada ataque debe estar vinculado a un objetivo legítimo. La presencia de civiles exige contención, incluso frente a un adversario que deliberadamente los explota.

Una guerra necesaria, una conducta limitada

Entonces, ¿fue necesaria la guerra de Israel contra Hamas?

Eso depende de a qué tipo de necesidad se refiera uno. Pero en verdad, cumple con ambas:

¿Fue moralmente necesaria? Después del 7 de octubre —tras la masacre deliberada de civiles, el secuestro de rehenes y la intención declarada de Hamas de repetir esas atrocidades— la respuesta es, sin lugar a dudas, sí.   

¿Son legalmente necesarias las operaciones militares de Israel? Si bien cada ataque debe cumplir con umbrales legales específicos, las FDI operan bajo uno de los marcos legales y éticos más estrictos de la guerra moderna. Están sujetas al derecho de los conflictos armados y han demostrado un compromiso sin precedentes con minimizar el daño, incluso mientras enfrentan a un enemigo que se oculta entre civiles y viola cada regla de la guerra.

Una guerra puede ser tanto moralmente justificada como legalmente limitada. La campaña de Israel contra Hamas es exactamente eso. No se lanzó a la ligera ni de forma imprudente: se llevó a cabo en defensa de la vida, la soberanía y el estado de derecho.

Quien se pregunte si la guerra de Israel fue necesaria, debería primero entender bien qué está preguntando—y luego reconocer que la respuesta, según todos los estándares que importan, es .

Traducido por Rab Yosef Bitton
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