Más de 200 drusos han sido asesinados por tropas islamistas, y el mundo permanece callado.
Extraño, porque apenas hace unos pocos meses todos se quejaban de que, por culpa de Israel, estos extremistas sunitas habían tomado el poder en Siria.
Incluso se dijo que todo era un plan israelí, y que así se comprobaba el víncula de Jerusalén con el Estado Islámico o Al-Qaeda.
Esa narrativa se reforzó cuando Al–Golani, presidente sirio y ex-miembre del Frente Al-Nusra, comenzó a negociar la posibilidad de integrarse a los Acuerdos de Abraham.
En esas épocas, todos criticaban a esos islamistas, pero ahora callan ante su artero crimen. En contraste, desde la ONU y desde varios países europeos se escucharon amargas y plañideras quejas contra los bombardeos israelíes.
Irving Gatell nos explica cómo, una vez más, somos testigos del doble rasero internacional en el que sólo habrá quejas y protestas cuando se pueda culpar a Israel. No importa quién sea el asesino o quién sea la víctima. “No jews, no news”.
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