Rabino Uriel Romano / El eco del Shofar en tiempos de guerra

Febrero de 2024. En mi primer viaje a Israel después de la masacre del 7 de octubre, recuerdo con nitidez una frase que nuestro guía pronunció en la frontera con Gaza, mientras de fondo se escuchaba la artillería israelí: “Esta guerra no tiene una imagen de victoria”.

Esa frase me quedó grabada.

Inmediatamente vinieron a mi memoria las imágenes icónicas de victorias anteriores en la historia de Israel: la mítica izada de la bandera en Eilat durante la Operación Uvdá (10 de marzo de 1949, al término de la Guerra de la Independencia), la foto de los tres paracaidistas abrazados frente al Muro de los Lamentos en la Guerra de los Seis Días (1967), o la grabación del general Motta Gur anunciando: “¡El Monte del Templo está en nuestras manos!”. También los combates heroicos de “pocos contra muchos” durante la Guerra de Yom Kippur, cuando los tanques israelíes resistieron el avance sirio en el Golán.

Pero ¿cuál podría ser la imagen de la victoria en esta guerra?

Un año y medio después, todavía no la vemos. ¿Será acaso una Gaza en ruinas? ¿Los líderes de Hamás eliminados? Ninguna de esas imágenes transmite victoria. La única que podría acercarse es la del regreso del último rehén a su hogar.

Una foto de cierre, quizás, pero no de triunfo.

Mientras tanto, en estos casi dos años de conflicto —la guerra más prolongada de la historia de Israel— han circulado otras imágenes: soldados celebrando las festividades judías en medio de los frentes. Fotos de jóvenes rezando con un Sefer Torá en las tiendas de campaña, leyendo la Meguilá de Ester junto a un tanque, improvisando una Sucá, encendiendo Janukiot en bases militares, comiendo Matzá en Pésaj o tocando el Shofar en Elul.

Son imágenes conmovedoras y perturbadoras a la vez. Por un lado, inspiran orgullo: la vida judía continúa incluso en la guerra. Por otro, despiertan incomodidad: esos soldados —muchos reservistas— deberían estar celebrando en sus hogares con sus familias. Y no podemos olvidar que aún hay más de 20 secuestrados que llevan dos años sin compartir una sola festividad con sus seres queridos.

El Shofar: entre la guerra y la redención

De todas esas imágenes, me detengo en el Shofar. Ningún otro símbolo es tan gráfico y antiguo en la tradición judía. Su sonido está ligado tanto a la guerra como a la espiritualidad.

La Torá ordena tocar las trompetas y el shofar al salir a la batalla (Números 10:9). La conquista de Jericó se logró con el sonido de los cuernos de carnero (Josué 6:20). La Mishná enseña que cuando un enemigo se acercaba a la ciudad, se tocaba el shofar como alarma (Taanit 3:8). A lo largo de la historia, su sonido ha convocado al pueblo, ya sea para la guerra o para el arrepentimiento.

En tiempos modernos, quizás el episodio más recordado sea el de 1967, cuando el rabino Shlomo Goren, entonces Gran Rabino del ejército, tocó el shofar en el Kotel tras la reunificación de Jerusalén durante la Guerra de los Seis Días. Ese sonido se convirtió en símbolo de victoria y redención. Hoy, en cambio, vemos a soldados tocando el shofar en Gaza, no para llamar a la batalla —la tecnología militar ya cumplió ese rol—, sino como parte de la tradición de Elul. Y, sin embargo, el shofar sigue evocando algo más: la posibilidad de redención.

El Shofar como imagen de paz

En Rosh Hashaná, el shofar simboliza el juicio divino; al final de Yom Kippur, anuncia la victoria espiritual tras el perdón. La Torá misma establece:

“En el año cincuenta, el décimo día del séptimo mes, haréis resonar el shofar en toda vuestra tierra. Y proclamaréis libertad en la tierra para todos sus habitantes” (Levítico 25:9-10).

Los sabios entendieron que ese sonido no es solo de juicio, sino de liberación y esperanza. Saadia Gaon, en el siglo X, enumeró diez simbolismos del shofar. Entre ellos citó a Isaías 27:13: “Y será en aquel día, se tocará un gran shofar y vendrán los perdidos de la tierra de Asiria y los dispersos de Egipto, y se postrarán ante Adonai en Jerusalén”. El Pirkei de Rabí Eliezer (cap. 31) añade que ese shofar será el que anuncie la llegada del Mesías y la paz definitiva.

La verdadera imagen de victoria

Por eso creo que la imagen de la victoria de Israel no será una fotografía de ruinas ni de cuerpos abatidos, ni siquiera la de un rehén liberado —aunque lo anhelamos con toda el alma.

La verdadera imagen de la victoria será la del shofar sonando para anunciar el fin de la guerra y el inicio de la paz.

Como profetizó Zacarías (9:14): “Y el Señor Dios tocará el shofar, e irá en los torbellinos del sur”. Y en ese mismo capítulo agrega: “Vosotros también, prisioneros de la esperanza (asirei tikvá), retornad a la fortaleza” (9:12).

El pueblo judío, a lo largo de la historia, ha sabido vivir como prisionero de la esperanza. Esa esperanza es la esencia misma del shofar: recordarnos, incluso en medio del dolor y la guerra, que la victoria final será el día en que podamos vivir en paz en nuestra tierra.

Ese será el verdadero sonido (e imagen) de la victoria.


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