Rab Yosef Bitton / Ki Tetse: Los Soldados Bíblicos

La Parashá de esta semana, Ki Tetse, comienza diciendo: “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos…”. La Torá está describiendo la realidad de la guerra y sus leyes, que comenzaron a explicarse en la Parashá anterior y ahora continúan con más detalles. La guerra siempre fue una dura realidad para los judíos, especialmente la de defensa contra Amalek u otros adversarios que nunca aceptaron al pueblo de Israel como elegido y que siempre “desearon” su tierra.

La Torá no se limita a motivar a los soldados a vencer a sus enemigos. También legisla sobre la moralidad en la guerra: qué hacer con los despojos, cómo tratar a los prisioneros y cuál debe ser la conducta personal del soldado. Incluso establece quién debía enrolarse y quién estaba exento. Las únicas excepciones eran para aquellos que podían desanimar a sus compañeros: recién casados, quienes habían construido una nueva casa o plantado una viña.

El pueblo judío combatió en numerosas guerras durante toda la época bíblica, también en tiempos de los jasmonayim (años 170–140 a.e.c.). La última guerra como ejército formal fue en la rebelión de Bar Kojba, año 135 e.c. Luego de esa derrota comenzó el exilio: dejamos de tener ejército, nos convertimos en un pueblo de refugiados permanentes, perseguidos, sometidos, forzados a convertirse y expulsados de lugar en lugar.

En la época de la Mishná, muchos rabinos —y luego también los comentaristas medievales— reinterpretaron estos textos bélicos. Transformaron la idea de la guerra en un simbolismo espiritual: la batalla interna contra el yetser hará, los instintos que uno debe dominar.

La guerra no fue el único tema que recibió una lectura simbólica. Algunos rabinos místicos, por ejemplo, enseñaron que el regreso a la tierra de Israel mencionado en la Amidá (teka beshofar gadol) era, en realidad, el retorno de las almas perdidas a su fuente primigenia. Estas interpretaciones no fueron caprichosas. Respondían a la necesidad de mantener vigente el mensaje del texto bíblico en una época donde ya no existía ejército judío ni posibilidad realista de “regresar a Israel”.

Durante casi 2000 años, Israel era para los judíos un sueño más allá de toda utopía. Nadie en sus cabales hubiera pensado que algún día regresaríamos a Jerusalem, que a partir del siglo III fue apropiada como ciudad santa por el cristianismo, y desde el siglo VII por el islam, convirtiéndose en la ciudad más conflictiva del mundo, disputada durante siglos por estos dos superpoderes.

Tampoco parecía posible volver a tener un Estado judío independiente ni un ejército propio. La probabilidad era mínima: lo más previsible era la asimilación o la aniquilación a manos de las dos religiones que vinieron a reemplazarnos y para quienes nuestra mera existencia representaba un tremendo desafío teológico a su propia fe.

El Midrash y las interpretaciones simbólicas le daban así un sentido “nuevo” a la Torá y la hacían relevante en el plano moral, cuando lo político o lo militar ya no eran relevantes.

LA ERA DEL PESHAT

Pero hoy, después de dos mil años, milagrosamente regresamos a Israel, y milagrosamente regresamos al sentido literal del texto, el peshat. Israel es nuevamente bíblica. Vuelve a tener su ejército, EL UNICO EJERCITO BIBLICO DEL MUNDO, con soldados que escuchan lo que dice la Torá y encuentran su guía y su inspiración en el campo de batalla. Israel vuelve a enfrentar a Amalek. Y el texto literal de nuestra Parashá, desde el principio hasta el final, se hace nuevamente relevante.

Claro que no se puede esperar que lo que sufrimos en 2000 años desaparezca y se transforme en 75 años: todavía hay restos del galut, de la mentalidad diaspórica. Por un lado, están aquellos judíos seculares, miembros del Pueblo del Libro que ya no se conectan con El Libro. Generaciones de secularización sistemática y asimilación deliberada hicieron lo suyo. Reconstruir ese puente entre los judíos seculares y la Torá va a ser un proceso lento. Aunque creo que el 7 de octubre fue un catalizador y despertó —por las malas— a muchos de su letargo, que de pronto entendieron que Amalek no canta Shir HaShalom y comenzaron a comprender que nuestro destino está escrito en nuestro pasado bíblico y que el “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos” no va a desaparecer mañana.

Por el otro lado, hay judíos observantes, jaredim, que obviamente están conectados con el texto, que lo estudian todo el tiempo. Pero en lo militar “se han quedado en el Midrash”, es decir, todavía no se reconectan con el texto bíblico literal: Cuando salgas a la guerra.” No ven la obligación bíblica de salir a la guerra —que debería ser especialmente importante para los más religiosos y estudiosos de la Torá—. Por alguna razón inexplicable, no reconocen que Moshe dirigió y peleó con el primer ejército de Israel contra Og y Sijón, que fue su comandante en jefe. Y que Yehoshua fue un guerrero, que David haMelej tuvo un ejército impresionante, etc. Todos comandaban ejércitos reales, no un ejército espiritual de salvación. Y todos dieron sus vidas para defender a su pueblo y la tierra que HaShem nos dio.

Ambos extremos, como pasa siempre, se tocan, y el punto en común es la mentalidad de galut. En algunos casos hemos salido del galut, del exilio, pero el galut no ha salido de nuestras mentes.

Pero B”H, esto está cambiando

ALGO SE ESTÁ GESTANDO

En las últimas semanas, hemos sido testigos de un fenómeno sorprendente: decenas de jóvenes jaredíes (mal llamados “ultraortodoxos”) se presentaron en las oficinas del ejército de Israel en Tel Hashomer para comenzar su servicio militar. No hablamos de casos aislados, sino de una nueva tendencia creciente que se refleja en dos escenarios paralelos: el florecimiento de las Yeshivot Hesder jaredíes, es decir, academias de estudio donde se aprende Torá en profundidad, se cursa una carrera académica con salida laboral profesional y también se sirve en el ejército.

Hace una década apenas existían unos pocos marcos de este programa de hesder para jaredim. Hoy funcionan más de diez yeshivot, con cerca de mil alumnos, y se prevé que el año que viene haya por lo menos 14. Los rabinos Yosef Miller, Abraham Brodiansky y Shimón Hartman, que dirigen estas academias, enfatizan que esta integración no disminuye la calidad del estudio de Torá. Por el contrario, la cantidad de alumnos y la seriedad con la que llegan generan un clima de crecimiento espiritual y compromiso, en un marco donde cada minuto dedicado al estudio de Torá se aprovecha al máximo.

Entre las unidades del ejército que han creado está la Brigada Hashmonaim. No es casualidad que haya recibido ese nombre. Como en tiempos de los Macabeos, se trata de jóvenes jaredíes que desean unir su fidelidad a la Torá con la misión de proteger al pueblo judío. En esta brigada, los soldados reciben un marco que respeta los criterios más estrictos de observancia religiosa. Un joven que se enlistó allí lo expresó con sencillez: “Es nuestro turno de dar. Queremos servir y, al mismo tiempo, seguir siendo fieles a nuestra identidad religiosa”.

El pueblo de Israel necesita más que nunca ingenieros, médicos y profesionales que también sean “tradicionalistas y religiosos”. El ingreso al campo laboral y profesional de estos jóvenes tendrá un impacto positivo incalculable en la sociedad israelí.

MÁS TORÁ EN EL EJÉRCITO

“Quien estudia Torá todo el día y se dedica exclusivamente a ello debe seguir haciéndolo, pero si alguien ya concluyó ese camino, o no puede estudiar el día completo, también debe compartir la mitsvá de proteger a Israel”, dijo un padre jaredí.

Ya no es raro ver a un joven con peot y kipá negra o sombrero presentándose en una base militar con una Guemará en su mochila. Esto, más allá de la seguridad, añade más zejut (mérito) y protección para todo Am Israel.

Como dice Osnat Zohar:

Los judíos jaredíes deben enrolarse por la simple razón de que, además del sionismo religioso y del sector tradicional, ¡queremos más soldados con Emuná! Queremos un jefe del Estado Mayor con Emuná, como fue Moshe Rabbenu. No queremos comandantes graduados de la Fundación Wexner, secular y antirreligiosa. ¡Necesitamos comandantes del ejército que también sean graduados de Yeshivot!

Hoy necesitamos que se cumpla LITERALMENTE este versículo de la Torá:
”וַיִּֽהְי֛וּ כׇּל־פְּקוּדֵ֥י בְנֵֽי־יִשְׂרָאֵ֖ל לְבֵ֣ית אֲבֹתָ֑ם מִבֶּ֨ן עֶשְׂרִ֤ים שָׁנָה֙ וָמַ֔עְלָה כׇּל־יֹצֵ֥א צָבָ֖א בְּיִשְׂרָאֵֽל”

“Y todos los inscritos en el censo de los Hijos de Israel, por casas paternas, de veinte años para arriba, TODOS son parte del ejército en Israel.”

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