Cuando observo escenarios e imágenes en Gaza me abruman interrogantes:
¿Ocurren en verdad aquí a pocos kilómetros del tranquilo hogar o son viejas imágenes de alguna guerra europea que textos describen y
lamentan?
¿Quién es el actor de tantas muertes? ¿Y hasta cuándo familias deambularán una y otra vez cargados con niños que lloran hambre?
¿Y a quien cabe culpar por un negro desastre que llenará páginas en la humana historia?
Un nuevo año se aproxima a este entorno. Circunstancia que obliga a reconsiderar la atención a lo que hicimos y a rechazar el credo teo-fascista que multiplica sus pasos en nuestro medio.
Cabe reponer hogares, museos y hospitales en Gaza como obligado gesto y en paralelo alejar torcidos impulsos que hierven aquí y desde allá.
Vertical imperativo que hoy nuestra historia reclama.
En verdad carecemos de otra patria. También ellos.
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