Abruma en estos días la demente lógica de la guerra y los medios que no cesan con sus rojas noticias.
Aquí y allá, entre nosotros y entre ellos, la guerra y las muertes agotan.
Y me repito en este obligado silencio: palabras y cálculos del odio deben arrugarse, ya es tiempo.
Y cabe recuperar el sensato equilibrio aquí y en Gaza, entre nosotros y entre ellos, más allá del abismo que hoy abre distancias irreparables.
Y recordar la negra suerte de 50 israelíes, entre vivos y muertos, que hoy conocen oscuros rincones de Gaza.
Tragedia que Netanyahu, abrumado y satisfecho por las bombas y sirenas que gritan aquí y allá, apenas recuerda.
Y hoy las fatigadas unidades militares no pueden liberar a los cautivos.
Imposible ignorar: después de 20 meses de afiebrada violencia también los gazatíes conocen muerte y hambre.
Ya es hora de algún diálogo para devolver a los rehenes en y desde una franja abrumada por la seca aridez y la reiterada agonía.
Aquí y allá, en las orillas de un mar que apenas humedece tierras áridas, unos y otros, todos, conocen el fin y la seca esperanza.
Ningún discurso debe olvidarlos.
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