Los amplios frentes anti-israelíes siguen haciendo un esfuerzo desmedido para salvar a Hamas de su destrucción, pero cada vez se resiente más la pérdida del financiamiento estadounidense, y la eliminación del genio de la propaganda palestina.
Es un hecho que el asedio mediático y político contra Israel está coordinado y, por lo tanto, financiado. No puede ser coincidencia que conforme avanza la campaña militar israelí en Gaza y Hamas se encuentra más cerca de su colapso, los esfuerzos para detener a Israel se intensifiquen y se diversifiquen, aunque con resultados que cada vez son más limitados.
Eso nos obliga a entender que algo pasó.
Como ya señalé en notas anteriores o en varias de mis transmisiones en vivo, el último cartucho realmente útil en esta guerra mediática fue la acusación de que Israel estaba provocando una hambruna en Gaza. Duró semanas, y llegó a su clímax cuando la ONU declaró formalmente el estado de hambruna en el enclave palestino.
Tampoco fue coincidencia que, justo en esos días, Macron anunciara la determinación del gobierno francés para reconocer oficialmente al estado palestino.
A la larga, el asunto no le gustó a los Estados Unidos. Destacadas personalidades de la política norteamericana, como el embajador Huckabee o el Secretario de Estado Marco Rubio, han señalado que Macron arruinó las negociaciones con Hamas, toda vez que el grupo terrorista se sintió apoyado desde Europa, y por ello endureció sus posturas haciendo inviable cualquier acuerdo para poner fin a la guerra.
El asedio mediático y político, por supuesto, fracasó. Era un ataque que tenía que rendir frutos —es decir, obligar a Israel a replegarse y perdonarle la vida a Hamas— en dos o tres días, porque pasado el cuarto día, la refutación de las sandeces de la ONU comenzó a impactar en los medios. Se exhibió como muchas fotos de niños “desnutridos” eran falsas, ya que se trataba de infantes con otro tipo de problemas de salud. Israel permitió a la prensa internacional corroborar que en Gaza hay cientos de toneladas de ayuda humanitaria que la ONU no ha repartido. Se mostró la evidencia de cómo Hamas se roba mucha de esa comida. Se mostraron videos de mercados y restaurantes gazatíes en los que no hay escasez de nada.
Israel resistió bien el embate durante los dos o tres días cruciales, y poco a poco el asunto de la hambruna empezó a diluirse. Todavía se le menciona, pero está muy lejos de ser el escándalo de hace un mes.
Desde entonces, los enemigos de Israel ya no han logrado consolidar otro ataque remotamente similar. La flotilla vacional de Greta, la acusación de una “comisión independiente” de la ONU que dice que Israel está cometiendo un genocidio, o el circo armado por propalestinos con el apoyo del gobierno español en torno a la Vuelta ciclista en ese país, pese a llevarse a cabo al mismo tiempo —y tampoco es coincidencia— no han logrado impactar de un modo remotamente similar a las campañas de desinformación previas.
Es lógico. Por una parte, se nota que ya no hay una narrativa bien estructurada, y eso se debe en gran medida a que quien durante dos décadas se hizo cargo de eso, ha sido eliminado: Abu Obeida. Sin él, las estrategias siguen siendo las mismas, pero los contenidos no. El golpe para la narrativa palestina fue durísimo, y no están en condiciones de reponerse en lo inmediato.
Pero acaso más doloroso es que por fin se resintió el cierre de USAID, la organización “filantrópica” estadounidense por medio de la cual la administración Biden le hacía llegar a Hamas cientos de millones de dólares.
Desde que el gobierno de Trump la intervino, cancelando las aportaciones primero, dejándola en manos de Marco Rubio después, y finalmente cerrándola de manera definitiva, las cosas empezaron a cambiar.
Es cierto que aún se cuenta con el dinero que aporta Qatar, y sin duda también están los organizaciones de George Soros, pero esto de ninguna manera suple la pérdida de USAID. Era mucho el dinero que se manejaba desde allí, y más que eso, era la estructura operativa.
Poco a poco, los ataques mediáticos contra Israel se notan más feroces (en realidad, más desesperados porque Hamas está al borde del abismo), pero también más dispersos. Ni siquiera Qatar está logrando (probablemente tampoco intentando) corregir esa situación. La cumbre reciente de los países árabes lo ha demostrado. Con todo y que se llevaron a cabo las quejas protocolarias contra Israel por el bombardeo realizado en Doha, la realidad es que no se tomó ninguna decisión importante. Nada que pueda cambiar la situación. Nada que pueda salvar a Hamas. Los houthíes se retiraron de Doha furiosos porque ni siquiera ellos pudieron obtener apoyo de nada. Los abandonaron a su suerte ante los ataques israelíes.
En contraste, la reciente declaración emitida por la ONU sobre un estado palestino, aunque en lo superficial parece otra de tantas posibilidades de esta guerra diplomática contra Israel, en realidad lleva integrado un Caballo de Troya que le pone un límite a los enemigos del estado judío.
Cosa curiosa: Ese Caballo de Troya fue puesto allí por los países árabes, y se trata de la exigencia de que Hamas tiene que quedar fuera del futuro de Gaza.
Si la ONU quiere que eso ocurra, entonces tiene que dejar que Israel concluya sus objetivos militares. De otro modo Hamas no se va a ir.
En otras palabras, la exigencia de la ONU para avanzar hacia la solución de dos estados e imponer un estado palestino en las narices de Israel ha quedado asfixiada entre dos opciones: Obligar a Israel a detenerse, pero entonces Hamas sobrevivirá y la solución planteada por la ONU no podrá implementarse; o implementar la solución de la ONU, pero para ello no hay de otra más que dejar que Israel siga con la guerra hasta sus últimas consecuencias.
Mucho ruido a nivel mundial en contra de Israel, pero las posibilidades de detenerlo y salvar a Hamas son cada vez menores, y la falta de dinero y liderazgo ya empezaron a resentirse.
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio