Varias veces hemos expresado que los domingos de los últimos meses son días de noticias y predicciones para lo que viene en el resto de la semana. El domingo es día de reunión del gabinete israelí, el presidente de Estados Unidos da declaraciones bien sea a bordo del Fuerza Aérea Uno o en tierra, y por alguna que otra razón ocurren eventos que han de tener consecuencias. Este domingo 19 de julio de 2026 no ha sido una excepción.
Irán sigue retando a los Estados Unidos de América, y luego de una semana intensa de acciones americanas sobre objetivos iraníes para lograr el tránsito en el Estrecho de Ormuz, resulta que han ocurrido bajas estadounidenses y ataques a bases americanas en países árabes. El domingo, una andanada de misiles sacudió Jordania, en una zona muy cercana a Eilat, en Israel.
El mismo domingo 19 de julio se jugó la final de la Copa Mundial de Fútbol. A decir verdad, ha sido algo más de un mes de cierta distracción y algo de tranquilidad. Muchos atribuyeron la firma de un Memorándum de Entendimiento, muy impreciso y apresurado, a la necesidad de lograr un ambiente de cierto sosiego para la realización de un evento que paraliza al planeta. Pero el campeonato ha terminado, y no parece que haya un sobretiempo que dé algo más de cierta paz a todos los involucrados, y a todos quienes sufren las consecuencias de este conflicto.
Israel y sus distintos gobiernos en las últimas dos o tres décadas, sin importar su tendencia ideológica, denunciaron y advirtieron la peligrosidad de las acciones y ambiciones de Irán. El peligro que significaría que tuviese acceso a tecnología nuclear con posibilidades de desarrollar armamento. Esta advertencia quizás hizo palidecer otras igualmente delicadas, como la peligrosidad de sus proxis y más grave aún, su capacidad de fuego gracias a cohetes y misiles de largo alcance y escasa puntería. El Medio Oriente está hoy bajo fuego de estos artefactos, acompañados también de drones letales que viajan en enjambres.
Lo que ha ocurrido este fin de semana no augura buenas noticias. Los Estados Unidos se notan enfurecidos, la capacidad negociadora parece desbordada. La eventualidad de una escalada muy significativa en cuanto a más hostilidades y más participantes parece muy probable. Se habla del libre tránsito por el Estrecho de Ormuz, algo muy importante para la economía mundial, pero se deja de un lado un poco el tema del desarrollo nuclear, así como el de la capacidad de cohetes y misiles, y el manejo de los proxis. La preocupación y ocupación de Israel sobre estos temas, que tienen larga data, se extiende ahora a Estados Unidos y a los países del Medio Oriente que son blancos militares declarados.
Israel va a cumplir ya tres años de guerra y estado de emergencia. Enfrentando siete frentes bélicos, además de los problemas internos de una sociedad muy dividida en lo político y polarizada en extremo respecto a temas que afectan la convivencia y la tranquilidad ciudadana. Las próximas elecciones, fijadas para el 27 de octubre de 2026, cumplen con un récord notable de ser las primeras en 40 años que se realicen al término completo de un mandato electoral y no antes. Pero la campaña electoral es ya, y será en el futuro, feroz entre todos los participantes. Acusaciones y comentarios poco elegantes, irrespeto de figuras e instituciones. Desahogos propios de la democracia y la libertad de expresión, pero que muchas veces son llevadas al límite.
El optimismo y la disposición de la sociedad israelí son motivos de alegría y tranquilidad. La economía es fuerte, la moneda inexplicablemente se revalúa. El Mundial de Fútbol ha sido una evasión para muchos, una pausa bienvenida pero breve
Ayer, al finalizar el Mundial, pareciera como si hubiera habido un entretiempo en la guerra. Solo que la renovación de hostilidades, a diferencia del fútbol, no tiene pitazos, tiempos límite ni prórrogas definidas. Se trata de agotamiento, victorias sin derrotados, muertes súbitas y cosas desagradables por el estilo.
Se acabó el entretiempo. Viene el sobretiempo.
Elías Farache S.
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