Rabino Yerahmiel Barylka / Los Yamim Noraim: El llamado a elegir la vida

Durante los Yamim Noraim —los Días Temibles, que son Días de Asombro— el alma se sumerge en las aguas profundas de la introspección. Son jornadas de estremecimiento espiritual, donde cada latido se convierte en plegaria, cada silencio en súplica, cada lágrima en esperanza.

Reflexionamos sobre nuestras acciones, pedimos perdón con humildad, elevamos oraciones especiales y aspiramos a que nuestro espíritu se eleve hacia la luz del Creador.

El término Noraim proviene de norá, que significa “temible” o “impresionante”, en el sentido de una reverencia sagrada ante la majestad divina.

Estos días nos convocan a mirar de frente el regalo más poderoso que nos fue otorgado: el Coaj Habejirá, la fuerza del libre albedrío. No es tarea sencilla. Con frecuencia, nos refugiamos en la comodidad de vernos como víctimas pasivas de las circunstancias, como si hubiésemos sido despojados de nuestra capacidad de elegir. Pero esa percepción, aunque seductora, puede convertirse en una prisión del alma.

Una forma de romper ese hechizo es contemplar a quienes, en momentos de prueba, eligieron actuar.

No nos faltan ejemplos.

Frente a nosotros se alzan las acciones de los valientes —en el campo de batalla y en la vida civil— que abandonaron todo por el otro, por el país, por el pueblo.

En este tiempo de guerra, hemos atravesado momentos que hace apenas dos años eran inimaginables. Algunos supieron decidir con firmeza y salvar a la Nación de pérdidas mayores. Otros se perdieron en el laberinto de discursos y análisis que, desde púlpitos oficiales y ciertos medios, nos adormecieron. Nos hicieron creer que girar sobre nuestro propio eje era contribuir a la redención del pueblo.

Pero los Yamim Noraim no fueron instituidos para la especulación metafísica —para ello existen tiempos menos urgentes— sino como un llamado ardiente a la adhesión halájica: a vivir la Torá en acción, a cumplir los mandamientos con fidelidad y entrega. Y no hay precepto más vital que el de “vivirás en ellos”:

Este versículo consagra la vida como el valor supremo que nos ordena el Santo, Bendito Sea.

El pensador Yeshayahu Leibowitz lo expresó con claridad: “Lo que no se puede decir, es dicho por la religión de la Torá y los Mitzvot”. Influido por Wittgenstein, sostenía que la ética no se formula en proposiciones lógicas, sino que se manifiesta en la acción concreta. La fe no se define por discursos sobre Dios o su providencia, sino por la santidad que se expresa en el cumplimiento de Su voluntad.

Entonces, cabe preguntarnos:

¿Cumplimos la voluntad del Creador y de Su Torá?

¿Qué hemos hecho para defendernos de los enemigos?

¿Hemos contribuido a la liberación de los secuestrados, ayudado a sanar a los heridos, consolado a los dolientes, asistido a los desplazados?

¿O acaso hemos sido seducidos por mensajes providenciales plagados de supersticiones, pronunciados por quienes se creen inspirados por lo divino, pero no comprenden ni la letra ni el espíritu de la Torá? Por manipuladores que anteponen sus intereses a los del pueblo. Por quienes se excluyen de ser parte de Israel y prefieren los beneficios sin asumir las obligaciones.

Leibowitz nos confronta con una verdad incómoda:

Para rezar como quien tiene fe en Dios —y no como quien adora un ídolo— uno debe reconocer que la regularidad del orden mundial es constante. La oración no es una demanda impúdica para que Dios altere el mundo en beneficio personal, sino un símbolo de adhesión al servicio divino, sin importar lo que ocurra en nuestro entorno.

En palabras del Salmista:

¡Ninguna oración está sin respuesta! Porque la oración verdadera es la expresión de la intención de servir a Dios. Quien ora con la intención correcta ya está cumpliendo su propósito.

La diferencia entre la oración que expresa la conciencia del hombre ante Dios y la que busca satisfacer deseos personales se revela con fuerza en los rezos de los Yamim Noraim.

La porción obligatoria expresa la aprehensión ante la gloria divina, el anhelo de que Su gran Nombre sea magnificado y santificado en el mundo, sin referencia a preocupaciones individuales.

En Rosh Hashaná, todos los hombres de Israel oran para que el Reino de los Cielos regrese a Jerusalén y que Dios reine sobre todo el mundo. Pero no todos oran con la misma intención. Algunos lo hacen por amor a Dios, otros por el regreso de Israel a su tierra, y otros más —insensibles al dolor del Exilio físico y del corazón— solo por su bienestar personal.

Es decir, de aquel que, desde lo más profundo de su alma, desea despertar la misericordia divina por el bien de la gloria del Cielo. Y aun así, “no desprecia su oración”, incluso la de quienes oran por costumbre o por necesidad.

Hay otro tipo de decisión.

El Jafetz Jaim, Rabí Israel Meir Hacohen Kagan, enseñó sobre el versículo:

La palabra Veatá —“Y ahora”— alude a la Teshuvá.

Que tengamos el mérito de responder al llamado de Veatá —de inmediato, sin postergaciones, con Teshuvá auténtica, y con la determinación de seguir adelante, sin importar las circunstancias ni la naturaleza de nuestras faltas pasadas.

Todos los judíos del mundo necesitamos de Medinat Israel, y nuestro renacido Estado necesita de nuestra elección por la vida y por todos los preceptos de la Torá. Y no puede permitirse a quienes se apartan de la solidaridad con el otro.

Que seamos inscritos y sellados en el Libro de la Vida.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."