Irving Gatell/ La guerra que sigue

No, no me refiero al posible o casi seguro reinicio de hostilidades entre Israel y Hamas. Eso sería, en todo caso, el colofón a la guerra que se ha desarrollado durante dos años. Me refiero a otra guerra que siempre hemos perdido, pero que esta vez tenemos que ganar.

Hay una guerra que Israel siempre ha perdido, y es la de la comunicación. La propaganda propalestina siempre ha tenido un éxito mayor que todos los esfuerzos israelíes por comunicar lo que sucede en Medio Oriente.

No tiene nada de raro. Hasta cierto punto, es una derrota autoinfligida toda vez que Israel siempre ha preferido imponerse en la guerra real (la militar) y no necesariamente en la guerra retórica (la de los medios de comunicación).

Sin embargo, la situación inédita que estamos viviendo (la derrota completa del eje iraní) nos obliga a que esta ocasión sea distinta.

En última instancia, es preferible ganar la guerra real que la guerra propagandística. Israel tomó nota de ello en 1967 y 1973. No así los árabes, especialmente los palestinos, que después de otras seis décadas viven atorados en las ideas más torpes del posmodernismo, que incluyen eso de que la realidad no existe más allá de lo que nosotros estructuramos en nuestras cabezas o nuestros discursos. Eso ha convertido a las masas posmodernas y propalestinas en gente desubicada que cree que ganango la guerra propagandística (ellos preferirían considerarla “filosófica”) se puede ganar la guerra de verdad.

Vez tras vez, han chocado con pared, y en esta última ocasión ha sido de manera brutal.

El problema es que hoy contemplamos otra situación tan inédita como el nivel de derrota del eje iraní: La guerra se está trasladando hacia Europa, y muy probablemente la siguiente fase del conflicto contra el islamismo extremista se va a dar en las calles de este continente, uno que ha sido demasiado permisivo con la llegada de inmigrantes fanáticos, con la creación de guetos donde impera la sharia, y con la displicencia del multiculturalismo que no se atreve a poner orden por miedo a que la simple aplicación de la ley a los inmigrantes les gane la acusación de islamofobia.

El islamismo está sufriendo su derrota más dolorosa en Gaza. Lo que debería ser un conflicto territorial pequeño (porque Israel es pequeño y Gaza es todavía más pequeña) se ha convertido en una guerra emblemática porque no hay peor enemigo posible que el judío, ni derrota más dolorosa posible que la derrota ante los judíos. Por eso es que el principal proyecto islamista caerá en Gaza, y es muy probable que a partir de allí comience su lento pero definitivo declive.

Eso significa que Medio Oriente va a superar esta fase de guerra y violencia, especialmente porque para la implementación de todo el plan que proyectan Estados Unidos, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se requiere un blindaje total.

Eso es pésima noticia para la actual Europa (y por eso Trump se ha encargado de mantenerlos al margen, prácticamente sin opinar, respecto a la solución del conflicto en Medio Oriente). Implica que la violencia yijaidista se va a traducir muy posiblemente en atentados, y el continente más vulnerable es el europeo.

Más allá de eso, ahí es donde también hay una preocupación para Israel: Esos atentados fuera de Medio Oriente pueden incluir a las comunidades judías de la diáspora como uno de sus principales objetivos.

Si todo fuera cuestión de atentados yijaidistas, habría cierta posibilidad de control de la situación, toda vez que después de lo complejo que ha sido la experiencia de estos dos años de guerra, los servicios de inteligencia de Israel están muy bien aceitados.

Pero la cosa cambia cuando hablamos del antisemitismo local, que puede ser el perfecto caldo de cultivo para que ese trabajo de inteligencia pueda ser tan efectivo como se requiere.

A mayor antisemitismo, mayores posibilidades de que las comunidades judías fuera de Israel sufran ataques dolorososo y letales.

Y es un hecho fuera de toda duda que ese antisemitismo ha proliferado por la propaganda propalestina, así que es correcto decir que ese antisemitismo ha proliferado porque nos hemos dejado ganar en ese rubro.

Eso es lo que hay que cambiar.

Tenemos una ventaja: Hamas está derrotado. La propaganda propalestino no se elaboró ni se difundió nada más para que la gente pensara mal de Israel. Todo eso sucedió porque se pretendía que con ello se lograría o se colaboraría en la destrucción real, objetiva de Israel.

Derrotado Hamas de manera aplastante, toda esa propaganda queda sin razón de ser, así que es de esperarse que sus efectos se diluyan poco a poco (igual que la propaganda nazi después del colapso del régimen de Hitler en la Segunda Guerra Mundial). Vale, pero durante ese poco a poco pueden ocurrir verdaderas catástrofes en las comunidades judías de la diáspora.

Por eso es importante que el estado de Israel asuma su responsabilidad con este tema.

Hasta hoy, la gran diferencia es que los palestinos han gozado del apoyo de los aparatos de propaganda estatales. En otros tiempos, el principal fue el soviético; en la actualidad, el epicentro activo venía de Irán y de Qatar. Ya sólo queda Qatar, pero con eso es suficiente debido a su gran capacidad económica.

Israel, en cambio, ha dependido prácticamente del voluntariado de la célebre Hasbará, que ha hecho cosas increíbles, pero que de ninguna manera puede tener el alcance e impacto de un trabajo institucional bien coordinado y apoyado por un estado.

Ha llegado la hora de que Israel dé el paso para construir un nuevo ejército y elaborar una nueva guerra.

No es por el puro gusto de ganar batallas.

Es por la diáspora.

Es por el pueblo judío.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio

Irving Gatell: Nace en 1970 en la Ciudad de México y realiza estudios profesionales en Música y Teología. Como músico se ha desempeñado principalmente como profesor, conferencista y arreglista. Su labor docente la ha desarrollado para el Instituto Nacional de Bellas Artes (profesor de Contrapunto e Historia de la Música), y como conferencista se ha presentado en el Palacio de Bellas Artes (salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari), Sala Silvestre Revueltas (Conjunto Cultural Ollin Yolliztli), Sala Nezahualcóyotl (UNAM), Centro Nacional de las Artes (Sala Blas Galindo), así como para diversas instituciones privadas en espacios como el Salón Constelaciones del Hotel Nikko, o la Hacienda de los Morales. Sus arreglos sinfónicos y sinfónico-corales se han interpretado en el Palacio de Bellas Artes (Sala Principal), Sala Nezahualcóyotl, Sala Ollin Yolliztli, Sala Blas Galindo (Centro Nacional de las Artes), Aula Magna (idem). Actualmente imparte charlas didácticas para la Orquesta Sinfónica Nacional antes de los conciertos dominicales en el Palacio de Bellas Artes, y es pianista titular de la Comunidad Bet El de México, sinagoga perteneciente al Movimiento Masortí (Conservador). Ha dictado charlas, talleres y seminarios sobre Historia de la Religión en el Instituto Cultural México Israel y la Sinagoga Histórica Justo Sierra. Desde 2012 colabora con la Agencia de Noticias Enlace Judío México, y se ha posicionado como uno de los articulistas de mayor alcance, especialmente por su tratamiento de temas de alto interés relacionados con la Biblia y la Historia del pueblo judío. Actualmente está preparando su incursión en el mundo de la literatura, que será con una colección de cuentos.