Alejandro Klein / La encyclopédie, los enciclopedistas y el antisemitismo

Voltaire se posicionó como un autor enemigo de la religión, de la superstición y de cualquier fanatismo, criticando cualquier idea religiosa

Como se sabe la Encyclopédie fue una obra audaz para su época, el siglo XVIII en Francia. La misma comenzó a escribirse e imprimirse alrededor de 1750 y culminó en 1772 y partiendo de una idea inicial de traducción de un diccionario inglés, se transformó en una verdadera obra monumental que constaba de 27 volúmenes y contenía 72 000 artículos, 16 500 páginas y 17 millones de palabras, y fue conocida -con toda justicia- como la gran Encyclopédie de Diderot y D’Alembert.

Efectivamente, los dos primeros, pero en especial Diderot en una primera etapa y Louis de Jaucourt en una segunda (tampoco hay que olvidar que Voltaire y Rousseau, junto con otros cientos de autores escribieron para la misma) fueron los editores y gestores principales de tal empresa.

De esta manera la Encyclopédie congregó algunas de las mentes más privilegiadas y más inteligentes de la época, logrando una síntesis asombrosa de conocimiento que cierra el siglo XVIII.

¿Pero cómo y de qué manera contribuyó la Encyclopédie al conocimiento del pueblo judío y del judaísmo?

En este punto hay que decir que, por momentos, poco o nada de dicha sagacidad y análisis penetrante se encuentra. Veamos por ejemplo la entrada: Juif. Allí Diderot escribe: “Todo el mundo sabe que los judíos jamás se han distinguido por ser un pueblo sabio. Es evidente que no tienen ningún contacto con las ciencias exactas y que yerran groseramente en todo lo relativo a ese saber”. De esta manera Diderot excluye conscientemente al judaísmo del movimiento que lleva a la ilustración, las luces, la racionalidad y el progreso. Es decir, el judaísmo representa punto por punto lo opuesto a cada uno de los antedichos: ignorancia, irracionalidad, retroceso y oscuridad.

Podríamos condenar a Diderot ciertamente como antisemita, pero el asunto es mucho más complejo de lo que parece a primera vista y aunque seguramente Diderot no era antisemita, la Encyclopédie contribuyó decisivamente a la configuración del antisemitismo contemporáneo. Y esto por dos elementos fundamentales.

Uno, porque Diderot, al igual que el antisemitismo contemporáneo, hablaba de los judíos sin saber nada de los judíos y del judaísmo.

Y dos, porque estas deducciones se basan en obras de dudosa calidad como la Historia critica philosophiae del alemán Johann Jacob Brucker y la Histoire des Juifs de Jacques Basnage, tal como en el antisemitismo contemporáneo todo lo que se dice de los judíos es producto de hechos no comprobados, falacias, dogmatismos y actitudes de muy mala fe.

Como Blom indica, Diderot que nada sabía del judaísmo podría haber consultado a los rabinos que en esa época estaban en París. Pero no lo hizo. Y el hecho no es casual.

Es decir, los enciclopedistas generan una serie de prejuicios y estereotipos en torno a los judíos que no se basan en realidad en los judíos, sino en otros antisemitismos y estereotipos que le preceden.

Este antisemitismo no cumple sino con una primera y principal propiedad: retroalimentarse a si mismo, una y otra vez, lo que lo distancia y lo excusa de acudir y referirse a los hechos fácticos.

Sin embargo, las cosas son en realidad más complejas. Porque la ignorancia de Diderot no era compartido por toda su generación.

Edme-Francois Mallet o Abbé Mallet, otro gran enciclopedista, por el contrario muestra en sus escritos conocimiento y familiaridad con los textos bíblicos y rabínicos, observándose en su producción una visión aquilatada y más objetiva del pueblo judío.

Pero entonces, si las condiciones lo permitían, por qué Diderot se adhiere a esta visión prejuiciosa y estereotipada de condenar al pueblo judío, lo que le hace escribir:

No será inútil advertir al lector de que uno no debe esperar encontrar entre los judíos ni precisión en sus ideas, ni exactitud en su razonamiento ni claridad en su estilo… En una palabra, nada de cuanto debe ser característico de una sólida doctrina filosófica. Por el contrario, se hallará en ellos sólo una confusa mezcla de principios de razón y de revelación, una oscuridad afectada y a menudo impenetrable, principios que llevan al fanatismo, un ciego respeto por la autoridad de los doctores y la Antigüedad…: en una palabra, todos los defectos propios de una nación ignorante y supersticiosa”.

Para Blom, en realidad, al atacar la superstición judía, Diderot deseaba atacar la superstición católica, ahorrándose los peligros de persecuciones y peligros. Esta presunción parece un poco inocente y poco convence. La explicación quizás es más sencilla y más atroz en términos de la historia del antisemitismo: de los judíos se podía decir lo que fuera y cómo fuera (positivo o negativo), sin que hubiera consecuencias y en definitiva y esto es lo más importante: sin tener en cuenta las opiniones y/ o las condiciones de vida del propio judío.

Porque, por un lado, sorprendentemente Diderot hace un panegírico de Moisés: “Qué gran historiador! ¡Qué legislador! ¡Qué filósofo! ¡Qué gran hombre!” 

Y por otro, porque hay enciclopedistas, como De Jaucourt que podían permitirse esta reflexión: “Si uno piensa en los horrores que han vivido los judíos desde los tiempos de Jesucristo… y que se han repetido tan a menudo en estados cristianos, ha de asombrarse de que todavía existan”.

¿Cómo conciliar la “ignorancia prejuiciosa” de Diderot con la “simpatía” de De Jaucourt?

Por un lado, una corriente de atracción empática, por otro, una corriente de claro rechazo

Una hipótesis que sugerimos es que el judío, el pueblo judío, en el mismo momento en que comenzaba su proceso de ilustración en el siglo XVIII, que luego sustentó los conocidos procesos de asimilación en el siglo XIX y XX, es decir en el mismo momento en que parecía que se “acercaba” e integraba al mundo europeo, era al mismo tiempo, y de forma irrevocable, expulsado y marginado del mismo.

El antisemitismo moderno es indisociable de esta “expulsión” radical, con ambigüedades en torno a cierta “simpatía” (ya quizás pretérita) hacia los judíos, que no hacen o hacían más que confundir, especialmente entre los judíos mismos.

Hoy, en este siglo XXI, quizás poco queda de un De Jaucourt, con lo que vemos una a una las consecuencias de esta “expulsión” radical que coloca al Judío fuera del Mundo en condiciones de Otredad absoluta.
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