El contexto
Leímos en Génesis 34 que Dina, hija de Yaakov y Lea, “salió a visitar a las mujeres del lugar” y que Shjem, hijo de Jamor, príncipe de la región, la tomó por la fuerza y la violó. Después, se “enamoró” de ella y pidió a su padre que negociara con Yaakov para casarse con Dina. Yaakov guardó silencio hasta que regresaron sus hijos del campo quienes al enterarse, se llenaron de ira, pues consideraban que se había cometido una afrenta intolerable contra Israel.
La venganza de Shimeón y Leví
Jamor y Shjem propusieron alianzas matrimoniales con los hijos de Yaakov, que les aceptaron a condición de que todos los varones de Shjem se circuncidaran. Al tercer día, cuando los hombres estaban debilitados, Shimeón y Leví atacaron la ciudad, mataron a todos los varones y rescataron a Dina.
La reacción de Yaakov a la venganza de sus hijos
Yaakov reprendió a sus hijos, temiendo represalias de los pueblos vecinos, y más tarde en su bendición final los maldijo por su furor desmedido (Bereshit-Génesis 49:7). “Tomaron entonces los dos hijos de Yaakov, Shimeón y Leví, hermanos de Dina, cada cual su espada, y acometieron contra la ciudad” — “la ciudad que había mancillado a su hermana” — “y dieron muerte a todo varón… y sacaron a Dina de la casa de Shjem y se marcharon“.
En su última bendición, Yaakov se vuelve contra sus hijos con una suerte de maldición:
“Maldito sea su furor, porque fue fiero, y su ira, porque fue cruel, los dividiré en Yaakov y los esparciré en Israel.” (Génesis 49:7).
“Carecéis del mínimo realismo”, les reprochó Yaakov: “Me habéis turbado, haciéndome odioso entre los habitantes de la tierra… se juntarán contra mí, me herirán y seremos destruidos mi casa y yo“.
“¿Acaso se ha de tratar a nuestra hermana como a una ramera?”, replicaron los hermanos.
“Partieron, y el terror de Dios cayó sobre las ciudades circundantes, y no persiguieron a los hijos de Yaakov”.
En mi libro “Iluminando Janucá” que acaba de salir de la imprenta, trato en detalle que la rebelión de los Macabeos se produjo a raíz de los decretos religiosos luchando por la liberación nacional, pero también incluyo otros relatos menos conocidos, que aparecen en Meguilat Antiojus. Allí leemos sobre Bagris [Báquides, un comandante militar griego enviado por el rey Demetrio para sofocar revueltas en Judea y reinstalar a Alcimo como sumo sacerdote]: que “decretó contra el Shabat, el Rosh Jodesh (la neomenia) y la circuncisión… y después decretó… que ninguna doncella se uniera a su esposo sin antes ser entregada al rey”, es decir, a él mismo, su representante. Y había en la familia del asmoneo… una joven… y cuando vio la doncella que pensaban entregarla a Bagris, clamó con gran y amarga voz, rasgó sus vestiduras y dijo a su padre y a sus hermanos: ¿Así haréis, entregarme al malvado incircunciso!
En otra versión se cuenta que la joven “despeinó su cabello, rasgó sus ropas y se irguió desnuda ante el pueblo”. Con su desnudez proclamó que no era su afrenta personal, sino el ultraje de toda la sociedad que no luchaba contra el decreto. “¿Por qué no hacéis como hicieron vuestros padres, que se encendieron de celo por Dina su hermana? El Creador de cielos y tierra os ayudará en esto”. Tras ello salieron los cinco hijos de Matatías… y combatieron contra aquellos pueblos.…
A tal decreto alude Maimónides (Hiljot Janucá 3:1): “No les permitieron ocuparse de la Torá y de los preceptos, y extendieron su mano sobre sus bienes y sobre sus hijas”.
De ahí que la halajá subraye que las luces de Janucá son también obligación de las mujeres, y que les está vedado realizar labores durante el encendido. Así lo expresó Rabí Yehoshúa ben Leví: “También ellas participaron en aquel milagro” (Shabat 23a), o en forma más recatada: “La mitzvá de Janucá es una vela para cada hombre y su casa”. “Su casa”, pues se trata de la salvación de la familia. Ellas estuvieron en el milagro, pero, también lo provocaron. La rebelión comenzó con el acto audaz de aquella joven de la familia asmonea.
La Epopeya de Gilgamesh, narra de este héroe babilonio que “instituyó” el derecho de la primera noche – “ius primae noctis” que se repitió a lo largo de la historia y de la geografía.
Así llegó a la literatura y a la música como en la ópera Las bodas de Fígaro de Mozart, en la que el conde Almaviva añora el derecho perdido y trama intrigas para saciar su deseo.
Ese abominable derecho legal se sumó a las violaciones masivas en las guerras, y por supuesto al derecho concedido a los habitantes de las ciudades para abusar de los forasteros indefensos que llegaban a ellas.
El Newsweek publicó en mayo de 1922, la inquietante historia del crimen descubierto por la profesora Tamar Herzig, quien expuso la evidencia de la violación del verano de 1610 cuando el Dr. Bernardetto Buonromei, un funcionario estatal de alto rango en la prisión de esclavos de Livorno pudo silenciar cualquier queja y hasta ahora, borrar efectivamente la memoria del sufrimiento de las víctimas se ordenó el traslado de un grupo de mujeres judías esclavizadas, recién llegadas de África del Norte, a los cuartos de hombres en la prisión de esclavos, contraviniendo la separación habitual de mujeres y hombres en diferentes secciones. Esta orden resultó en la violación múltiple de las judías esclavizadas por esclavos musulmanes y trabajadores forzados cristianos. Un informe señala que una de las víctimas perdió la razón e intentó arrojar a sus jóvenes hijas por la ventana de la prisión y suicidarse.
Las violaciones en la guerra del 7 de octubre
Hace poco más de dos años, fuimos testigos de las turbas del Hamás que ingresaron a nuestro territorio para cumplir la consigna de sus comandantes de violar a las mujeres, niñas, jóvenes y ancianas que encontraran en su camino y siguieron con su acción de conculcar a los secuestrados.
Crónicas hebreas como Yavein Metsulá de Nathan Note Hanover que fue publicada en Venecia en 1653, relata las masacres de judíos en Ucrania y Polonia durante el levantamiento de Bohdan Khmelnytsky (1648–1657) y es uno de los testimonios más importantes sobre la tragedia judía en Europa Oriental antes del Holocausto, presentaron tres tipos de violencia de género infligida a los judíos en el transcurso de sus persecuciones.
Parecen haber sido las fuentes que inspiraron a los reptiles del Hamas de nuestros días. Estas incluían el ‘rapto’ de vírgenes; la violación sexual de mujeres casadas frente a sus esposos indefensos; y la mutilación genital de mujeres, acompañada de la extracción de fetos de los vientres de mujeres embarazadas. Para los autores masculinos de estas crónicas, tales representaciones estereotipadas de la violencia de género servían como la quintaesencia de los intentos de humillar a los hombres judíos, que no pudieron proteger la pureza sexual y la integridad física de sus esposas e hijas. También simbolizaban la profanación de la comunidad judía y la amenaza a la existencia judía, epitomizada por ataques a los órganos corporales asociados con la fertilidad femenina y por intentos de prevenir el nacimiento de niños judíos.
En el camino hacia Auschwitz
Los nazis y otros perpetraron importantes actos de abuso emocional, sexual y físico de mujeres contra hombres y mujeres, judíos y no judíos, incluidos desnudos humillantes, violaciones y abusos físicos que recién tantos años después comienzan a ser investigados. La violación y el abuso sexual de mujeres judías en el Holocausto ha sido un tema tan tabú que se necesitaron 65 años para que el primer libro en inglés sobre el tema llegara al público.
Nuestras fuentes
Nuestras fuentes enseñaron a la joven no sólo a quejarse después del hecho, sino, ante todo, a defenderse antes de él. Esa defensa debe ser un objetivo educativo, para que la mujer pueda preservar su cuerpo y su alma. Ésta es, la primera etapa de la verdadera emancipación femenina; y si la vergüenza estorba, hay que arrancar —ya desde la infancia— esa dimensión de pavor.
En las páginas del Talmud (Quetuvot 2–3) aparece la expresión: “Por causa de las recatadas y por causa de las disolutas”. La ley debe proteger a las recatadas, pero carece de advertencia y castigo disuasorio para aquellas mujeres que, mediante relaciones íntimas con hombres poderosos, compran su camino hacia el éxito en oficinas, estudios de cine, universidades, ejército, policía, etc.
El “jardín cerrado” del himno piyut “Ein Tzur Jeléf”, atribuido a Rabí Shlomó Yitzjaki (Rashí) y que todavía se recita en algunas comunidades, ya no es un valor en nuestra generación, y a veces se renuncia a él cuando conviene.
Pero aquí hay un crimen atroz, pues a raíz de las acciones de las disolutas resultan dañadas las recatadas, que no están dispuestas a comerciar con su cuerpo, y de paso también los hombres. No cabe duda de que por este delito deben rendir cuentas ambos socios del soborno. Sólo entonces podrá erradicarse de manera eficaz y justa la ley del gobernador.
Defensa del honor familiar y tribal
La acción de Simeón y Leví envió un mensaje claro: el pueblo de Israel no podía ser humillado sin consecuencias, para disuadir a que otras tribus no intentaran aprovecharse de ellos en el futuro.
La historia de nuestro pueblo y de tantas otras naciones, demostró que ese acto de honor, justicia, disuasión y protección de la identidad del pueblo de Israel en un contexto histórico donde la pasividad habría significado vulnerabilidad no tuvo mayores efectos a lo largo de la historia. No fue suficiente escarmiento y se siguen cometiendo esos tipos de violaciones en más de un lugar del mundo que se presume ser civilizado.
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