Las protestas en Irán, que comenzaron el 28 de diciembre por la economía en decadencia del país, se han transformado en el desafío más significativo para el gobierno en varios años y en un pulso directo entre los manifestantes, el líder supremo Ali Jamenei y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Las marchas se han intensificado de forma constante. Aunque la teocracia iraní cortó el acceso a Internet y las llamadas telefónicas internacionales, activistas han difundido en línea videos cortos que supuestamente muestran a manifestantes coreando consignas contra el gobierno alrededor de hogueras, con escombros en las calles de Teherán y otras áreas hasta la mañana del viernes. Debido a este apagón de comunicaciones, el alcance total de las manifestaciones no pudo determinarse de inmediato, aunque la situación representa una escalada respecto a días anteriores.
Las protestas también se han convertido en una primera prueba de si el público iraní podría ser influenciado por el príncipe heredero Reza Pahlavi, cuyo padre, gravemente enfermo, huyó de Irán poco antes de la Revolución Islámica de 1979. Reza Pahlavi convocó a las protestas del jueves por la noche y, de manera similar, llamó a nuevas manifestaciones para el viernes a las 8 p.m.
Cuando el reloj marcó las 8 p.m. del jueves, barrios de Teherán estallaron en cánticos, según testigos. Entre las consignas se escucharon “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte a la República Islámica!”, junto con gritos en apoyo al sha: “¡Esta es la última batalla! ¡Pahlavi regresará!”. Se pudo ver a miles de personas en las calles antes de que se cortaran todas las comunicaciones con Irán. Las manifestaciones han incluido expresiones abiertas de apoyo al antiguo monarca, algo que en el pasado podía conllevar la pena de muerte, lo que subraya la ira que impulsa unas protestas que comenzaron por la crisis económica.
Hasta ahora, la violencia en torno a las manifestaciones ha dejado al menos 42 muertos y más de 2.270 detenidos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos.
Frente a este escenario, el líder supremo advirtió el viernes que las fuerzas de seguridad reprimirían a los manifestantes, después de que estos gritaran consignas desde las ventanas y marcharan durante la noche, desafiando directamente la promesa de Trump de apoyar a quienes se manifestaran pacíficamente. En un discurso transmitido por la televisión estatal, el ayatolá Ali Jamenei desestimó a Trump al afirmar que sus manos estaban “manchadas con la sangre de los iraníes”, mientras sus partidarios gritaban “¡Muerte a América!”.
Jamenei acusó a los manifestantes de estar “destruyendo sus propias calles para hacer feliz al presidente de otro país”, en referencia a Trump. No hubo una respuesta inmediata desde Washington, aunque el presidente estadounidense reiteró su promesa de atacar a Irán si los manifestantes eran asesinados.
En su discurso, el clérigo-gobernante calificó a los manifestantes de “vándalos” y “saboteadores”, y predijo que el “arrogante” líder estadounidense sería “derrocado” como la dinastía imperial que gobernó Irán hasta la Revolución de 1979. “Todos saben que la República Islámica, que llegó al poder con la sangre de cientos de miles de personas honorables, no retrocederá ante los saboteadores”, añadió Jamenei.
En paralelo, los medios estatales iraníes alegaron que “agentes terroristas” de Estados Unidos e Israel provocaron incendios e incitaron a la violencia, y mencionaron la existencia de “víctimas” sin dar más detalles.
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