Como balde de agua fría cayó la noticia del despido de un tercio de los periodistas del Washington Post, recientemente adquirido por Jeff Bezos, y Bernie Sanders —el más famoso judío de izquierda— no perdió el tiempo para exhibirse y hacerse notar. Mal, como de costumbre.
Bernie Sanders se ha destacado, a lo largo de toda su carrera como senador, por ser un ferviente y devoto judío de izquierda, siempre en contra del estado de Israel, y siempre defendiendo ideas sin pies ni cabeza. Qué memorable ridículo pasó cuando en un debate contra Hillary Clinton por la candidatura presidencial del Partido Demócrata propuso transformar todo el sistema de salud estadounidense en un servicio público. Le preguntaron que cuánto dinero iba a costar eso, y tuvo que admitir que no sabía.
Lo clásico: Hacer propuestas que suenan lindas, pero sin tener la mínima idea de cuánto dinero habría que desembolsar. Un clásico de socialistas: Qué importa el dinero, porque —total— se lo sacamos al contribuyente, o lo imprimimos.
Probablemente ese sea el mayor defecto de las posturas de izquierdas —sin importar qué tan radicales sean; es un problema presente en el bundismo judío, el maoísmo chino, o la social-democracia alemana—, no entender que las cosas cuestan, y que si no te alcanza para pagar, dejas endeudadas a las siguientes generaciones (deberían asesorarse con algún rabíno jasídico que gustoso les explicaría que el primer paso para prosperar es no tener deudas).
Sanders acaba de decir otra insensatez descomunal. Se quejó amargamente que cómo es posible que se despidiera a un tercio de la plantilla del Washinton Post, si Bezos es multimillonario y tiene negocios que funcionan muy bien. Básicamente, insinuó que no importa si el WP es un mal negocio. Como Bezos tiene otros buenos negocios, con las ganancias de estos debería mantener o solventar las pérdidas del periódico.
La realidad es que los despidos no fueron por esa razón nada más. A toda el área de noticias internacionales especializada en Medio Oriente se le despidió porque se descubrió que trabajaban para el gobierno de Qatar. Tenían sueldo y todo eso, cortesía del emir de Djoha.
Pero dejemos ese dato nada pequeño y concedámosle el punto a Sanders por un momento: Un mal negocio que, curiosamente, nutre y alimenta los discursos de la izquierda (el WP había caído en ese bache monumental), que no tiene ganancias, pero que su capitalista dueño está obligado a mantener sólo porque otros negocios suyos tienen muchas ganancias.
Pues no. Así no funciona.
Cuando algo no sirve, se tira y ya. No importa que lo demás sí sirva. Tú no conservarías tu microondas descompuesto sólo porque el refrigerador funciona bien, y tu estufa eléctrica es una maravilla. Tiras el aparato que ya no funciona, y lo sustituyes por uno nuevo.
En materia de negocios, no importa que un mismo dueño tenga empresas exitosas o muy exitosas. Si una de estas no funciona y tiene pérdidas, hay que cerrarla. No hay error más bobo que desperdiciar las ganancias de lo que sí funciona manteniendo con vida algo que sólo genera pérdidas. Es lo mismo que tirar el dinero a la basura.
Bezos lo entiende bien. Es hombre de negocios. Es alguien que sabe lo que cuesta echar a andar una empresa, pagar sueldos, mantenimiento e impuestos.
Sanders es todo lo contrario. Es un burócrata que no le tiene que rendir cuentas a nadie, y que cree que el dinero crece en los árboles (o en los Bancos Centrales, que viene a ser lo mismo), y que si algo no funciona basta con agarrar dinero de lo que sí funciona (o mejor aún: del contribuyente) para seguir manteniendo con vida lo que ya estaba muerto desde hace mucho.
En otras palabras, para Sanders la vida es muy fácil: el productivo, el trabajador, el responsable, tiene la obligación moral de mantener al inútil.
¿Será porque el propio Sander es un inútil? Ha dedicado toda su vida a una carrera ideológica, pero nada más. Se ha consagrado a sacarle brillo al prestigio de cierto tipo de ideas que se pavonean de ser moralmente superiores, o de estar del lado correcto de la historia, pero más allá de eso no ha hecho nada realmente productivo a favor siquiera del estado de Vermont.
En el fondo, sólo hemos visto a Sanders diciendo “soy un inútil, pero por favor síganme dando dinero para poder mantener estable su fortuna persona de 2.5 millones de dólares” (adquirida vendiendo libros en el sistema más capitalista posible).
Así es la izquierda en general, así es la izquierda judía, y así es la izquierda israelí.
Medita en ello, y te quedaran claras muchas cosas.
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