Luis Wertman Zaslav / Pedir perdón es un acto de liderazgo

Exposicion en Yad Vashem, el Centro Mundial de Conmemoracion del Holocausto en Jerusalen, el 23 de abril de 2025, en visperas del Dia Nacional de la Memoria del Holocausto en Israel. (Crédito: REUTERS/RONEN ZVULUN/FOTO DE ARCHIVO)

El liderazgo suele asociarse con poder, autoridad o capacidad de decisión. Pero, en su esencia, comienza en otro lugar: en la rendición de cuentas. En la disposición a enfrentar verdades incómodas y a construir confianza sobre la honestidad, no sobre la conveniencia.

Pedir perdón no es un gesto simbólico ni una concesión política. Es un acto moral. Implica reconocer que, a lo largo de los siglos, la humanidad falló de manera sostenida y sistemática. Fallaron gobiernos. Fallaron instituciones. Fallaron iglesias. Fallaron líderes intelectuales. Fallaron sociedades enteras.

El pueblo judío fue perseguido no por lo que hizo, sino por lo que es. Fue excluido, expulsado, despojado, marcado y asesinado. Una y otra vez se le convirtió en el chivo expiatorio preferido cuando las sociedades buscaron explicar sus propias crisis u ocultar sus propias carencias. El antisemitismo no comenzó con el Holocausto; el Holocausto fue su consecuencia más extrema y organizada.

Desde una perspectiva de liderazgo y confianza, hay un principio ineludible: no puede haber confianza sin memoria, ni liderazgo sin responsabilidad. Cuando el odio se tolera, se normaliza. Cuando se normaliza, termina institucionalizándose. Y cuando eso ocurre, la dignidad humana deja de ser un valor universal y se vuelve condicional.

Pedir perdón también implica reconocer cuántas veces prevaleció el silencio. Mirar hacia otro lado resultó más fácil que alzar la voz. La neutralidad se confundió con prudencia. El antisemitismo fue minimizado, relativizado o justificado bajo marcos religiosos, ideológicos, políticos o culturales que hicieron que la exclusión pareciera razonable.

Sin embargo, el liderazgo no se define por declaraciones, sino por la coherencia entre las palabras y los actos. El perdón sin responsabilidad es vacío. La responsabilidad exige compromisos claros: negarse a minimizar el antisemitismo contemporáneo, rechazar los intentos de justificar la violencia contra los judíos mediante narrativas cambiantes y resistir el reciclaje de odios antiguos con lenguaje moderno.

Hoy, las comunidades judías siguen enfrentando hostilidad simplemente por existir, por defenderse o por preservar la memoria. Esto no debería verse como un problema que afecta solo a un grupo. La historia sugiere lo contrario. Las sociedades que normalizan el odio erosionan sus propios cimientos morales. El antisemitismo nunca se ha detenido en los judíos; siempre ha sido una señal temprana de un deterioro cívico más amplio.

La confianza se construye cuando personas e instituciones son capaces de reconocer errores, corregir el rumbo y proteger la dignidad humana de manera consistente. En este sentido, la memoria no es un ejercicio nostálgico ni un ajuste de cuentas con el pasado. Es una herramienta de prevención.

Pedir perdón es aceptar que el “nunca más” no puede quedarse en una consigna. Debe convertirse en una obligación. El silencio facilita el daño. La indiferencia debilita los vínculos sociales.

Defender la dignidad del pueblo judío no es un acto de caridad ni una postura ideológica. Es una responsabilidad ética universal. Cuando se protege a quienes han sido históricamente perseguidos, se fortalece la confianza de toda la sociedad.

Eso, en última instancia, es lo que significa tomarse el liderazgo en serio.

Hacer el bien significa hacerlo bien. 
_______________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío

Enlace Judío: