El Super Bowl XL se disputa este domingo entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, este último equipo propiedad de una personalidad judía que ha sido clave para conseguir su prominencia en la NFL: Robert Kraft.
Robert Kraft es, como en su momento lo fue Tom Brady, un sinónimo de los Patriots. A lo largo de más de tres décadas, Kraft ha construido una historia donde el deporte, la identidad judía y el compromiso comunitario se han entrelazado de alguna manera.
Nacido en 1941 en Brookline, Massachusetts, Robert Kraft creció en el seno de una familia judía ortodoxa. Su infancia estuvo marcada tanto por la pasión deportiva, ha sido un ferviente seguidor de los Patriots desde que el equipo se mudó a la región de Nueva Inglaterra en 1971, como por una sólida educación judía.
Fue criado en un hogar judío ortodoxo, asistió a la sinagoga y aprendió desde joven la importancia de la responsabilidad comunitaria, valores que más tarde trasladaría a su vida profesional y filantrópica.
El momento decisivo de su relación con los Patriots llegó en 1994, cuando compró la franquicia y se convirtió en el dueño del equipo por el que por años ha sido seguidor.
El equipo atravesaba años de inestabilidad deportiva y existía un temor real de que pudiera mudarse de Nueva Inglaterra. Kraft no solo aseguró la permanencia del club en la región, sino que apostó por una visión a largo plazo: invertir en infraestructura, estabilidad institucional y una cultura ganadora.
El resultado es ya parte de la historia del deporte estadounidense: 6 campeonatos de Super Bowl en 2001, 2003, 2004, 2014, 2016 y 2018, y una de las dinastías más dominantes que haya visto en los últimos años la NFL.
Tras la muerte de su esposa Myra en 2011 —figura clave en su vida y en su compromiso con causas judías—, Kraft redobló sus esfuerzos filantrópicos. Juntos habían apoyado durante décadas a escuelas, sinagogas, hospitales y organizaciones comunitarias, tanto en Estados Unidos como en Israel.
En 2019, esa labor a favor de Israel y el judaísmo fue reconocida cuando Kraft ganó el Premio Génesis, que es considerado por muchos como el Premio Nobel Judío.
Kraft, dijo la Fundación Génesis, “fue reconocido por su liderazgo visionario al aportar entusiasmo y orgullo al mundo de los deportes, y por su generosa filantropía y defensa de la tolerancia, la inclusión y el Estado de Israel“.
En 2019 fundó la Foundation to Combat Antisemitism, una iniciativa destinada a enfrentar el creciente antisemitismo a través de la educación y la concientización pública.
La organización cambió de nombre a Blue Square Alliance Against Hate y en este Super Bowl transmitirá un comercial del combate al antisemitismo que ha generado polémica.
Kraft ha hablado abiertamente de cómo su identidad judía ha moldeado su manera de entender el liderazgo.
En entrevistas, ha señalado que valores como el Tikún Olam y la centralidad de la comunidad influyen tanto en sus decisiones empresariales como en su rol como propietario de un equipo deportivo. Para él, los Patriots no son solo una franquicia, sino una plataforma desde la cual inspirar, unir y devolver a la sociedad parte de lo recibido.
Más allá de los anillos de campeón de los Patriotas, el legado de Robert Kraft se mide también en su fidelidad a Nueva Inglaterra, en su orgullo judío asumido sin ambigüedades y en su convicción de que el deporte puede ser una fuerza transformadora.
Como Robert Kraft, varias figuras de origen judío han destacado en la historia del Super Bowl, incluyendo a Julian Edelman de los Patriotas y Alan Veingrad.
Julian Edelman jugó como receptor abierto de los Patriotas, ganando tres Super Bowls y el primer MVP judío del Super Bowl (LIII).
En tanto, Alan Veingrad jugó como liniero ofensivo en su carrera y ganó el Super Bowl XXVII con los Dallas Cowboys.
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