La guerra, la incertidumbre regional y las heridas aún abiertas del 7 de octubre atraviesan el testimonio de nuestro entrevistado, Itay, un joven soldado del Comando del Frente Interno (Pikud HaOref), cuya voz va más allá de lo militar para articular una narrativa de continuidad, memoria y reconstrucción compartida entre Israel y la diáspora judía.
Itay tiene 25 años, es originario de Tel Aviv, está casado y es padre de tres hijos. Creció y se formó en un entorno religioso, estudió en academias religiosas jaredíes (yeshivot) en Jerusalén y Beit Shemesh, y comenzó estudios rabínicos antes de que la guerra interrumpiera su camino.
Tras consultar con su esposa y con su rabino, Itay decidió alistarse en el ejército y optó por una unidad cuya misión no es el combate directo, sino la protección de la vida civil.
El Frente Interno cumple una función crucial en la coordinación de rescates, la educación de la población, el mantenimiento del orden interno y el vínculo entre el ejército y la sociedad en situaciones de emergencia: “Nuestro trabajo es evitar que la guerra entre en las casas”, resume Itay. Preparar a la población para escenarios extremos es, para él, una forma concreta y ética de servir.
Uno de los momentos más significativos de su formación como soldado ocurrió durante las actividades del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto. Junto a sus compañeros, se reunió con sobrevivientes de la Shoá, hombres y mujeres de edades muy avanzadas —85, 88, incluso 95 años— que continúan compartiendo sus historias con lucidez y una fuerza profundamente conmovedora.
“Sentarnos con ellos, escucharlos, acompañarlos, es uno de los mayores honores que puede tener un soldado”, relata Itay.
Para él, estos encuentros implican una responsabilidad histórica de transmisión de la memoria hacia las nuevas generaciones, los soldados de hoy y los hijos del mañana.
La experiencia continuó en el Kotel, donde escucharon relatos de sobrevivientes que combatieron en la Guerra de los Seis Días y participaron en la liberación de Jerusalén. Figuras como Tommy Lapid, Janusz Bengel y el rabino Israel Meir Lau aparecen en su relato como símbolos de la tekomá, el renacimiento del pueblo judío tras la destrucción.
Ese día, afirma Itay, ayudó a muchos —incluso a quienes no se definen como religiosos— a comprender por qué existe Israel y por qué debe ser defendido. El Estado, su ejército y su sociedad representan aquello que los sobrevivientes no tuvieron durante la Shoá: un hogar, protección y soberanía.
Un mensaje a la diáspora y a México
Al cierre de la entrevista, Itay dirige un mensaje especial a las comunidades judías de la diáspora, en particular a México, con el que mantiene un vínculo personal. Durante una etapa de su vida vivió y convivió estrechamente con jóvenes mexicanos, experiencia que marcó su forma de entender la unidad del pueblo judío más allá de las fronteras.
“Las comunidades judías de la diáspora son una parte integral y especial de Israel”, señala. “Es importante que sepan que, en Israel y en el ejército, tienen una casa. Israel los va a proteger. Somos un pueblo único”.
La perspectiva adquirida al escuchar a los sobrevivientes del Holocausto, afirma, le permitió comprender con mayor profundidad cómo el pueblo judío ha sido capaz de renacer, y cómo hoy ese desafío continúa, especialmente después del 7 de octubre.
“Tenemos que renacer y reconstruir Israel juntos”, dice, apelando a una responsabilidad compartida entre quienes viven en el país y quienes forman parte de la diáspora.
Antes de concluir, Itay dedica unas palabras personales a Noya, colega y teniente del ejército, con quien compartió la visita a los sobrevivientes del Holocausto. Destaca que la vivieron juntos y que funcionaron como una dupla. Le desea éxito y fortaleza, convencido de que, como soldados y como país, no están solos y que Israel saldrá adelante unido: “Vamos a estar bien. Juntos venceremos”.
El testimonio de Itay muestra que la defensa de Israel también se construye desde la memoria, la unidad del pueblo judío y la convicción de que, incluso después de la destrucción, es posible renacer.
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