Irving Gatell / Persia y Judea: una historia de ida y vuelta

Cilindro con escritura cuneiforme del emperador Ciro de Persia, que registra las medidas que él adoptó hacia las naciones que habían sido exiliadas por los babilonios: “Retorné a esas ciudades sagradas, al otro lado del Tigris, los santuarios que habían sido ruinas durante mucho tiempo, las imágenes que acostumbraban a vivir allí, y les establecí santuarios permanentes. También reuní a todos sus antiguos habitantes y los retorné a sus moradas” (Museo Británico, Londres).

Tal parece que con la actual guerra por fin comienzan a cerrarse varios ciclos, y muchos de ellos se remontan a la era bíblica. Los destinos de los pueblos judío y persa parecen estar entrelazados de un modo inevitable, y todo desemboca en un conflicto en el que los iraníes y los israelíes se han hermanado en una misma esperanza.  

IRVING GATELL EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO

Podría decirse que esta aventura de ida y vuelta comenzó con estas palabras: 

“Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré; que dice a las profunidades: Secaos, y tus ríos haré secar; que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado. Así dice el Señor a su ungido Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán” (Isaías 44:26 a 45:1).

En aquel tiempo era Judea la que se encontraba desolada a causa de la invasión babilónica, y muchos judíos vivían en el exilio, la mayoría en la ciudad de Nippur, al sur de Babilonia. Los que se habían quedado en Judea se encontraban en una situación terrible y precaria.

Ciro fue visto como un libertador para ellos, y eso marcó positivamente las relaciones entre el pueblo judío y el Imperio Aqueménida.

El libro de Ester nos cuenta de una anomalía ocurrida dentro de esa buena relación: Las intrigas de Haman, el amalecita, que de pronto se convirtieron en el intento explícito por exterminar al pueblo judío, pero que culminaron con una aparatosa victoria de los judíos y sus aliados sobre sus enemigos.

Más de 2400 años después, el conflicto ha regresado al territorio de la antigua Persia. La diferencia es que no es el pueblo judío quien juega el papel débil. Al contrario: Es quien pone la fuerza, quien dicta las condiciones. En el otro extremo, es el príncipe heredero al trono de Irán quien se encuentra en el exilio.

La guerra inició un poco antes de la festividad de Purim, y acaso lo más impactante fue que el ayatola Alí Khamanei fue eliminado justo en el momento (sábado por la mañana) en el que en las sinagogas de Israel se leía la parashá Zajor, esa misma en la que se le ordena al pueblo de Israel recordar que Amalek atacó a traición, atacó a los rezagados, a los más débiles. ¿Y por qué recordar? Porque el nombre de Amalek debe ser borrado de la faz de la tierra.

Y entonces viene la siguiente coincidencia que refuerza la sensación de que un ciclo se está cerrando: El nombre de Khamenei tiene las consonantes de Haman: HMN. La K inicial puede ser leída como el prefijo que significa “como” o “similar a”, y la I final implicaría un vínculo posesivo, como el de YEHUDÍ (judío) en relación al nombre YEHUD (Judea).

Entonces, K-HMN-I puede entenderse como “similar a la estirpe de Haman”, el amalecita.

Pero acaso el detalle más singular, que además nos recuerda que esto ya es demasiado para ser coincidencia, es el asunto Pasteur.

En 1994, desde Irán se organizó el atentado terrorista que culminó con la destrucción de la Asociación Mutualista Israelita de Argentina (AMIA), evento que se saldó con más 80 muertos.

El edificio de la AMIA se encontraba en la calle Luis Pasteur de Buenos Aires.

El ayatola Alí Khamenei, el que es similar a la estirpe de Haman, murió en su bunker ubicado en la calle Luis Pasteur de Teherán.

Sobra decir que resulta muy significativo que Pasteur haya sido el descubridor de la vacuna contra la rabia.
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Irving Gatell: Nace en 1970 en la Ciudad de México y realiza estudios profesionales en Música y Teología. Como músico se ha desempeñado principalmente como profesor, conferencista y arreglista. Su labor docente la ha desarrollado para el Instituto Nacional de Bellas Artes (profesor de Contrapunto e Historia de la Música), y como conferencista se ha presentado en el Palacio de Bellas Artes (salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari), Sala Silvestre Revueltas (Conjunto Cultural Ollin Yolliztli), Sala Nezahualcóyotl (UNAM), Centro Nacional de las Artes (Sala Blas Galindo), así como para diversas instituciones privadas en espacios como el Salón Constelaciones del Hotel Nikko, o la Hacienda de los Morales. Sus arreglos sinfónicos y sinfónico-corales se han interpretado en el Palacio de Bellas Artes (Sala Principal), Sala Nezahualcóyotl, Sala Ollin Yolliztli, Sala Blas Galindo (Centro Nacional de las Artes), Aula Magna (idem). Actualmente imparte charlas didácticas para la Orquesta Sinfónica Nacional antes de los conciertos dominicales en el Palacio de Bellas Artes, y es pianista titular de la Comunidad Bet El de México, sinagoga perteneciente al Movimiento Masortí (Conservador). Ha dictado charlas, talleres y seminarios sobre Historia de la Religión en el Instituto Cultural México Israel y la Sinagoga Histórica Justo Sierra. Desde 2012 colabora con la Agencia de Noticias Enlace Judío México, y se ha posicionado como uno de los articulistas de mayor alcance, especialmente por su tratamiento de temas de alto interés relacionados con la Biblia y la Historia del pueblo judío. Actualmente está preparando su incursión en el mundo de la literatura, que será con una colección de cuentos.