Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Vayakhel Pekudei

shabbat image. challah bread, shabbat wine and candelas on wooden table

Meditando sobre nosotros mismos

La Torá repite el mandamiento de no trabajar en Shabat doce veces, pero, no contiene ni una sola definición de la faena. Sus categorías se derivan de nuestras parashiyot, Vayaquel – Pekudei y su descripción de las ocupaciones necesarias para la construcción del mishcán. No en vano rabí Yehudá Hanasí, el editor de la Mishná recopiló las categorías de trabajo tomándolas de las que sirvieron para la obra de ese santuario.

Rabí Yehudá se debió inspirar en un principio enraizado en la Torá, en la estructura literaria del libro Shemot y en una visión profunda del Shabat.

En la Torá, prescripciones acerca del Shabat y el Mishcán aparecen unas junto a las otras. En Shemot 31 y 35, la Torá ordena primero guardar el Shabat e inmediatamente después describe la construcción del Mishcán. Los exegetas entendieron que esta yuxtaposición no es casual: lo que está permitido para construir el Mishcán debe ser prohibido en Shabat.

Las 39 categorías de trabajo son las formas de tareas creativas necesarias para construir un espacio donde se manifieste la Presencia Divina. El Mishcán representa “crear un mundo”, Shabat representa “cesar” esas acciones.

Contrariamente a lo que la gente cree regularmente, no se trata de “faenas duras”, sino del trabajo creativo del mismo tipo de actividad que Dios interrumpió en el séptimo día.

La historia que cuenta el Shabat es la de la Creación: descansamos porque Dios reposó en el séptimo día, para honrar lo divino en nosotros, para recordarnos que hay más en nosotros que todo lo que podamos lograr haciendo durante la semana.

El Shabat proporciona el tiempo para contemplar y la distancia de las demandas cotidianas.

Alguna vez oí que el Shabat es para la semana lo que el cambio de línea es para el lenguaje poético. Es el silencio que te obliga a volver a lo que vino antes para encontrar su significado.

¿Cuál fue la culminación de la Creación? El acto de detenerse. ¿Por qué debería Dios considerar tan importante parar? El gaón Eliahu de Vilna dijo que Dios se detuvo para mostrarnos que lo que creamos se vuelve significativo para nosotros solo una vez que dejamos de crearlo y comenzamos a pensar en por qué lo hicimos.

La implicación es clara. Llevarla a cabo no es nada fácil.

Podríamos dejar que el mundo nos impulse y nos ponga a marchar, como muñecos mecánicos que van y van hasta que se caen, porque no tienen un mecanismo que les permita pausar. Pero eso nos convertiría en menos que humanos. Por eso debemos rechazar esa posibilidad.

Recordemos que, para detenernos, tenemos que detenernos para recordar.

El texto del Cuarto Mandamiento nos trae dos verbos diferentes, uno en Shemot-Éxodo y otro en Devarim-Deuteronomio.  Cantamos en el Lejá Dodí “Recuerda y guarda fueron dichas en una sola palabra “.

La tradición enseña que Dios pronunció “Zajor” (recuerda) y “Shamor” (guarda) simultáneamente, algo imposible para un ser humano, para mostrar que las dimensiones del Shabat —recordar y guardar— son una.

Aunque el Shabat comenzó a observarse en una sociedad simple y rural, tiene más relevancia en la cultura altamente tecnológica, de nuestro tiempo, por culpa de las presiones que nos provoca.

Para la mayoría de nosotros, el trabajo físico duro no es el problema, sino la esclavitud que nos provoca a aumentar las posesiones, a buscar lo material, a competir con el otro. Las presiones de los negocios, las inversiones, las especulaciones y la competencia son obstáculos mucho más pesados.

Tenemos que retirarnos de lo cotidiano, por lo menos una vez por semana, detener el impulso hacia la adquisición, desconectarnos de la tecnología y volver a conectarnos con las personas y con nosotros mismos….

Tenemos la necesidad de “renovarnos“. La palabra para esto en hebreo, vayinafash, proviene de nefesh – “vida” o “alma”. el objetivo del Shabat parece entonces dar a nuestras existencias más vida, una alma renovada. No es de extrañar que los sabios llamen al Shabat “un anticipo del mundo por venir.”  

Si la construcción del Mishcán se hubiera resumido brevemente, habríamos perdido el proceso significativo que se requería para la construcción del Mishcán. Habría parecido que la gente era pasiva y solo cumplía con el mandato dado a Moshé respecto al Mishcán. Pero el proceso de construcción requería activismo e incluso heroísmo. No había forma de saber si el proceso lograría el resultado deseado, pero, aun así, la gente invirtió toda su energía en él. Cada paso en el proceso de ejecución requería fortaleza mental de los hijos de Israel, que donaron y construyeron el Mishcán con la esperanza de éxito, pero sin certeza.

El concepto de la Santidad es que una persona esté tan profunda y constantemente unida a Dios que cada acción esté conectada a Él, hasta que eleve todo lo físico… hasta que cada acción, incluso la más baja y física, sea santificada… Rabí Moshé Jaim Luzzatto, autor del Mesilat Yesharim, Camino de los Justos, explicó que la Shejiná (Presencia Divina) reposa sobre tal individuo, así como se posaba en el mikdash (Tabernáculo).

Esta lectura inspira reflexiones sobre cómo construir instituciones que reflejen valores sagrados, la importancia de la colaboración intergeneracional y diversa, la idea de que Dios habita donde hay justicia, y belleza.

Rabí Shlomó Moljo (siglo XVI), en su Sefer Ha-Mefoar, trae al Midrash que dice que tres cosas dan testimonio unas de otras: Israel, el Shabat y el Santo, Bendito sea. Israel y Dios dan testimonio del Shabat como día de descanso; Israel y el Shabat dan testimonio de Dios como Uno; Dios y el Shabat dan testimonio de Israel como único entre las naciones.

Porque la nación de Israel es el «trono de gloria» de Dios. Así como Él no tiene límites, Israel tampoco los tiene. Este es el significado de la frase “moras para siempre; tu trono es de generación en generación”. Así como Dios es eterno, también lo es Israel, que es su trono. Nosotros lo imitamos, descansando como Él lo hizo.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."