La antigua lección que explica por qué Israel siempre logra reconstruirse

Resumen de la Parashá Vaiakhél-Pekudei, Éxodo 35:1-40:38

Moshe reúne al pueblo de Israel y les reitera el mandato de observar el Shabat. Luego les transmite el mandato Divino de construir el Mishkán (Tabernáculo).

El pueblo dona los materiales requeridos en abundancia, trayendo oro, plata, cobre, lana teñida de colores azul, púrpura y rojo, pelo de cabra, lino, pieles de animales, madera, aceite de oliva, hierbas y piedras preciosas. Moshe se ve forzado a pedirles que dejen de traer.

Un grupo de artesanos de “corazones sabios” construyen el Mishkán y sus utensilios (como es detallado en las secciones de la Torá anteriores de Trumá, Tetzavé y Ki Tisá): tres capas de cobertura en forma de techo; 48 paneles recubiertos de oro para las paredes, 100 bases de plata para el fundamento; el Parojet (cortina) que separa entre los dos cuartos internos del Santuario y la Masaj (pantalla) que va en el frente; el Arca y su cobertura con los Querubím; la Mesa y el Pan de Rostros; la Menorá de siete brazos con su aceite especialmente preparado; el Altar de Oro y el incienso en él quemado; el Aceite de Unción; el Altar Externo para las ofrendas quemadas y todos sus utensilios; las cortinas, postes y bases para el Patio; y el Kior para el lavado ritual, junto a su pedestal, hecho de espejos de cobre.

Esta porción de la Torá Vayakhel–Pekudei, a primera vista parece un texto técnico: medidas, materiales, cuentas, detalles del Tabernáculo.

Pero el rabino Jonathan Sacks nos invita a mirar con profundidad.
La historia ocurre justo después de una de las mayores crisis del pueblo judío: el Becerro de oro.
Una traición espiritual.
Una ruptura entre el pueblo y El Creador.

En lugar de abandonar al pueblo, El Creador les da una misión: construir el Tabernáculo.
Destaca Rab Sacks:
El Tabernáculo no fue construido por orden militar.
No fue financiado por impuestos.
Fue construido por donaciones voluntarias.
Cada persona trajo algo: oro, plata, telas, madera, habilidades, talento.

Por primera vez en la historia bíblica, toda una nación crea algo sagrado juntos.
Según el rabino Sacks, aquí nace una de las ideas más revolucionarias del judaísmo:
La santidad no desciende solo del cielo.
Se construye entre las personas.
Cuando una sociedad trabaja unida por un propósito mayor, crea un espacio donde la presencia divina puede habitar.
Y por eso el nombre de la porción comienza con una palabra clave: Vayakhel.
“Y reunió”.

Porque el secreto de una nación fuerte no es solo la fe.
Es la capacidad de reunirse, construir y responsabilizarse juntos.

El Tabernáculo fue más que un edificio.
Fue la prueba de que incluso después de una caída…
un pueblo puede reconstruirse.

Y tal vez ese sea el mensaje más poderoso para nuestro tiempo:
Las sociedades se rompen cuando las personas se separan.
Pero lo sagrado aparece cuando las personas vuelven a construir juntas.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío

Enlace Judío: