Giro inesperado: Netanyahu ordena negociaciones entre Líbano e Israel. Con Irving Gatell

Irving Gatell analiza la nueva iniciativa de Israel para negociaciones directas con Líbano a fin de lograr un desarme de Hezbolá y un potencial acuerdo de paz definitivo con Beirut, en medio del tambaleante cese al fuego con Irán.

El primer ministro Benjamin Netanyahu ha dado luz verde a la apertura de negociaciones con Líbano, en un contexto marcado por uno de los golpes militares más contundentes contra Hezbolá en su historia reciente.

Lejos de ser una contradicción, la secuencia sugiere una lógica precisa que consiste en alterar primero el equilibrio de fuerzas en el terreno y, solo después, abrir un canal diplomático con un interlocutor estatal menos condicionado por actores armados.

El giro no puede entenderse sin el antecedente inmediato de un bombardeo de alta precisión ejecutado por la Fuerza Aérea israelí que, en cuestión de minutos, alcanzó decenas de objetivos estratégicos de Hezbolá en territorio libanés.

Según el análisis de Gatell, la clave habría sido el uso de inteligencia en tiempo real sobre los movimientos de mandos operativos, lo que permitió una acción simultánea contra múltiples blancos. Este nivel de coordinación sugiere una penetración significativa en las estructuras del grupo, históricamente considerado uno de los actores no estatales mejor armados del mundo.

La operación se inserta en una estrategia sostenida por Israel desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, orientada a degradar progresivamente las capacidades militares de sus adversarios en distintos frentes.

Hezbolá: de actor dominante a fuerza erosionada

Durante décadas, Hezbolá fue percibido como una amenaza de escala estratégica, con un arsenal que superaba al de varios ejércitos nacionales y con respaldo directo de Irán.

El panorama actual, sin embargo, muestra una erosión simultánea en varios niveles:

  • Militar: pérdida de capacidades ofensivas y de mando
  • Político: creciente desgaste interno en Líbano
  • Regional: debilitamiento del eje liderado por Irán

Este deterioro no elimina la amenaza, pero sí reduce su capacidad de imponer condiciones tanto dentro de Líbano como frente a Israel.

La reconfiguración interna de Líbano

Uno de los elementos más disruptivos es el cambio en el equilibrio político interno libanés.

Sectores sunitas y cristianos han comenzado a posicionarse abiertamente contra Hezbolá, algo impensable hace pocos años. Este viraje responde, por un lado, al debilitamiento real del grupo y, por otro, a la presión institucional de un Estado que busca recuperar margen de maniobra.

En este contexto, incluso el ejército libanés —tradicionalmente incapaz de confrontar a Hezbolá— podría emerger como actor relevante en una fase de transición.

El resultado es un cambio estructural en el que Líbano comienza, de forma incipiente, a actuar como sujeto político más autónomo.

La brecha entre narrativa global y realidad local

Mientras líderes internacionales como Emmanuel Macron han criticado la ofensiva israelí, el análisis subraya una disonancia clave entre la percepción externa y la dinámica interna libanesa.

En sectores significativos de la población no chiita, los ataques contra Hezbolá no son necesariamente vistos como una agresión directa contra el país, sino como el debilitamiento de un actor que ha condicionado su vida política y de seguridad durante décadas. Esta fractura narrativa revela que la lectura del conflicto difiere radicalmente según el punto de observación.

El giro más relevante ocurre después del ataque.

De acuerdo con Gatell, el gobierno de Netanyahu ha instruido avanzar hacia negociaciones con Líbano bajo una lógica escalonada:

  • Primero, degradar decisivamente a Hezbolá
  • Después, abrir un canal con el Estado libanés

El objetivo es consolidar un nuevo equilibrio en la frontera norte de Israel en el que el interlocutor ya no sea una milicia, sino una autoridad estatal con mayor autonomía. De materializarse, este proceso podría sentar las bases para medidas de mayor alcance, como reconocimiento mutuo o incluso normalización diplomática.

Proyección: del conflicto a la oportunidad

Más allá del plano militar y político, el análisis apunta a una consecuencia menos evidente pero significativa: la apertura de un horizonte económico.

Un escenario de mayor estabilidad podría desbloquear el potencial del Mediterráneo oriental como corredor turístico y comercial. En particular, Líbano —con una combinación geográfica única de montaña y costa— podría recuperar un papel relevante en la región tras décadas de inestabilidad. Este cambio dependerá, sin embargo, de que el debilitamiento de Hezbolá se traduzca en una transformación sostenida del equilibrio interno.

De esta manera, el momento actual es, además de un episodio militar, una posible inflexión histórica. En Medio Oriente, donde la relación entre fuerza y diplomacia es inseparable, el mensaje parece inequívoco y las negociaciones emergen como resultado de una alteración previa del equilibrio de poder.

Si esa transformación se consolida, lo que hoy aparece como una maniobra táctica podría convertirse en el inicio de una reconfiguración más profunda entre Israel y Líbano. 

 

 

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