Al cruzar las puertas del hospital, caminé como un autómata hacia el auto, intentando pensar en nada para no desmoronarme. Pero el vacío era una trampa: en cada paso, la memoria se volvía física y me devolvía la imagen de mi mano acariciando la cabeza de mi madre, sintiendo el calor de su piel mientras la acompañaba en sus últimos suspiros.
Al abrir la puerta, poner la llave y arrancar, no fue la voz de un locutor la que rompió el silencio, sino la música de un concierto de contrabajo que brotó de la radio. Esas notas graves y profundas me recordaron que estábamos inmersos en el día de Yom HaShoah. En forma quizás egoísta, sentí que el mundo entero se paraba para rendirle un homenaje personal a ella; que el planeta frenaba su marcha solo para escoltar su partida. Ese 13 de abril ya no era solo una fecha histórica, sino un abrazo universal para su propio descanso.
El Vínculo de las Cuerdas Graves
Esa música de contrabajo unió, en una vibración única y solemne, el destino de mi madre, Celia Bercovich, con el de Yetty Halpern, la madre de mi querida amiga Sulamit. Las cuerdas tensas y el sonido profundo del instrumento parecían narrar dos historias de resistencia que finalmente encontraban su resolución en el mismo acorde. Para Yetty, el 13 de abril de 1945 fue el “Milagro de Farsleben“, el momento en que las puertas del tren de la muerte se abrieron para dejar atrás la barbarie nazi. Para Celia Bercovich, este mismo día fue la apertura de sus propias puertas: la salida definitiva de la tiranía del cáncer que había asediado su cuerpo.
En esa sintonía, el dolor físico de una y el horror histórico de la otra se disolvieron. Ambas mujeres, tras atravesar sus respectivos desiertos de sufrimiento, alcanzaron el mismo puerto de redención a través de ese 13 de abril que ahora las hermana para siempre. Mi caricia final en el hospital se entrelazó con el alivio de los sobrevivientes; un suspiro de libertad que trasciende los calendarios y se funde con el silencio de un mundo que, en mi sentir egoísta, se detuvo solo por ella. Es, en esencia, un merecido homenaje.
La Memoria Viva en Mila
Hoy, el 13 de abril ha dejado de ser una fecha para transformarse en un umbral de luz. Esta columna vertebral de resistencia y dignidad ahora se proyecta en Mila, la bisnieta. Ella es la semilla de esa libertad, la prueba de que el amor de mi madre y la resiliencia de Yetty siguen vivos en un presente donde el mundo, alguna vez detenido para homenajearlas, ahora respira a través de su mágica risa.
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