Irving Gatell/ Donald Trump y su carrera contra el tiempo

Es cierto que a quien más le urge acabar con la guerra es a Irán. Sin embargo, Donald Trump tiene sus propias razones para buscar un desenlace lo más rápido posible de ciertas cosas. El tiempo siempre es un factor demasiado importante, y hay que saber gestionarlo.

Hay un factor del que se habla poco, pese a que es de máxima relevancia para la actual guerra, y es el tiempo.

Pongamos dos ejemplos puntuales: Irán ha intentado proyectar las negociaciones a varios años. En un momento propuso una disminución de su enriquecimiento de uranio durante tres años, ofreciendo que después de ese lapso se daría una negociación más amplia. El asunto resultó demasiado obvio: Querían posponer cualquier tipo de arreglo apostando a que en tres años Estados Unidos tenga otro tipo de presidente, preferentemente uno demócrata. Los representates de Trump no se tragaron el cuento y esa propuesta no llegó a nada.

En el otro extremo, Irán ahora tiene prisa por acabar la guerra. Con el estrecho bloqueado por Estados Unidos y, en consecuencia, sin ventas de petróleo, sus tanques de almacenamiento se están llenando. Cuando no quepa más petróleo, tendrán que detener la producción. Eso afecta las máquinas de las instalaciones de extracción. Las descompone, las arruina. El riesgo es enorme: Perder, prácticamente, su industria petrolera.

Pero Trump también tiene sus límites en materia de tiempo.

Nada que ver con las acciones concretas que ocurren en el Golfo Pérsico. Eso es algo para lo que Estados Unidos e Israel se prepararon debidamente.

El próximo momento realmente importante para Trump son las elecciones intermedias en noviembre de este año, en las que se renovarán las dos cámaras. La pérdida del Congreso puede significar muchos problemas para el actual gobierno, empezando por un posible intento de destitución del presidente. Una venganza, en pocas palabras.

Por eso Trump tiene que empujar una agenda bastante interesante con tal de llegar mejor posicionado a esa elección y mantener la mayoría en ambas cámaras.

Lo primero y más evidente es concluir la guerra en Irán con una aplastante y evidente victoria, seguida de un golpe letal contra el régimen cubano. Si eso se logra, los mercados se calmarán, los precios de los combustibles se normalizarán, y los estadounidenses en general estarán bastante satisfechos con el panorama.

Lo segundo es más discreto y acaso hastas sutil, pero no por ello es menos importante: Despojar a los demócratas de ciertos recursos que, realmente, pueden ayudarlos a manipular los resultados electorales. Son temas que dependen en gran medida de la Suprema Corte.

Uno es el poder establecer como obligatorio presentar una identificación a la hora de vota, que certifique que la persona tiene ciudadanía estadounidense. La otra es lograr que la Corte prohíba que después del día de las elecciones se acepten más voletas por correo.

Si se logran estas medidas a tiempo, las elecciones tendrán más mecanismos de control que, en última instancia, benefician más a los republicanos que a los demócratas.

Un tercer frente de batalla que le conviene a Trump que se acelere son los juicios que surjan de los escándalos de corrupción que pondrían contra las cuerdas a muchas personalidades del Partido Demócrata: El monumental robo de recursos en Minnesota por parte de una mafia somalí dirigida por la representante Ilhan Omar, fraudes y robos similares en California y relacionados con personajes claves del gobierno del gobernador Newsom, o las confesiones de criminales venezolanos que puedan demostrar que políticos demócratas recibieron dinero del régimen de Maduro para tratar de frenar las agresivas políticas de Trump contra Irán y sus aliados.

Si todo eso tiene éxito en el rango de seis meses, los republicanos llegarán con ventaja a las elecciones.

A más largo plazo está, por supuesto, la sucesión. Trump no se puede reelegir, pero seguro desea que el cargo lo ocupe alguien de su plena confianza, y todo apunta a que su favorito será Marco Rubio.

¿Qué pasaría si llegara un presidente demócrata?

Ahí es donde el asunto se vuelve apremiante y Trump no debe esperar hasta 2028.

Estados Unidos está trabajando a marchas forzadas para consolidar en el Medio Oriente una nueva realidad que ni siquiera un presidente demócrata pueda cambiar. Los Acuerdos de Abraham deben transformarse en una región de gran desarrollo político y económico para que la propia presión de los aliados estratégicos —como Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos— se imponga y ninguna administración presidencial estadounidense tenga la tentación de cambiar de rumbo.

¿Y qué pasaría con el régimen iraní, Hezbollá y Hamas? Se sabe que un eventual gobierno demócrata podría volcarse en su apoyo, traicionando a Israel.

Ahí está el detalle fino: Trump va a hacer todo lo posible para que en enero de 2029, cuando tome posesión el próximo presidente de los Estados Unidos —sea quien sea— no exista un régimen de ayatolas, ni Hezbollá, ni Hamas, y por lo tanto no haya a nadie a quien apoyar para traicionar a Israel.

¿Lo logrará? Personalmente, creo que sí. Los cambios logrados en apenas un año y dos meses de gobierno son impresionantes. Evidencian que atrás hay una estrategia muy bien diseñada y un conocimiento profundo de lo que sucede en todo el mundo. Si Trump sigue logrando objetivos a este ritmo que a ratos se antoja frenético, el mundo no sólo será distinto a lo que conocimos hasta 2023, sino que además los cambios serán irreversibles.

El secreto de todo está en la lucha contra el tiempo, pero la verdad es que no parece que este sea siquiera un enemigo.

Trump lo sabe, y así es como sigue haciendo sus planes, provocando escándalos en redes sociales para que la gente (y la prensa) se distraiga en otros asuntos, y él pueda enfocarse en lo que realmente le interesa sin la molestia de los reflectores y el debate público.


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Irving Gatell: Nace en 1970 en la Ciudad de México y realiza estudios profesionales en Música y Teología. Como músico se ha desempeñado principalmente como profesor, conferencista y arreglista. Su labor docente la ha desarrollado para el Instituto Nacional de Bellas Artes (profesor de Contrapunto e Historia de la Música), y como conferencista se ha presentado en el Palacio de Bellas Artes (salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari), Sala Silvestre Revueltas (Conjunto Cultural Ollin Yolliztli), Sala Nezahualcóyotl (UNAM), Centro Nacional de las Artes (Sala Blas Galindo), así como para diversas instituciones privadas en espacios como el Salón Constelaciones del Hotel Nikko, o la Hacienda de los Morales. Sus arreglos sinfónicos y sinfónico-corales se han interpretado en el Palacio de Bellas Artes (Sala Principal), Sala Nezahualcóyotl, Sala Ollin Yolliztli, Sala Blas Galindo (Centro Nacional de las Artes), Aula Magna (idem). Actualmente imparte charlas didácticas para la Orquesta Sinfónica Nacional antes de los conciertos dominicales en el Palacio de Bellas Artes, y es pianista titular de la Comunidad Bet El de México, sinagoga perteneciente al Movimiento Masortí (Conservador). Ha dictado charlas, talleres y seminarios sobre Historia de la Religión en el Instituto Cultural México Israel y la Sinagoga Histórica Justo Sierra. Desde 2012 colabora con la Agencia de Noticias Enlace Judío México, y se ha posicionado como uno de los articulistas de mayor alcance, especialmente por su tratamiento de temas de alto interés relacionados con la Biblia y la Historia del pueblo judío. Actualmente está preparando su incursión en el mundo de la literatura, que será con una colección de cuentos.