La negociación entre Estados Unidos e Irán parece haber fracasado. Ninguno está dispuesto a ceder, y si esa situación no cambia, muy probablemente veamos la batalla emblemática que va a marcar y definir el rumbo del siglo XXI.
Desde la Segunda Guerra del Golfo (2003), cuando Estados Unidos se lanzó a la cacería de Saddam Hussein, no se había visto una concentración de poderío militar similar a la que, en este momento, ya existe alrededor de Irán. Y es evidente que todas esas tropas no están allí nada más para alardear. Si bien es cierto que Donald Trump prefiere que esta situación se resuelva por medio de una rendición pacífica de los ayatolas, todos entienden que eso es casi imposible. Su fanatismo los lleva a preferir el martirio antes que aceptar la derrota, así que cada vez es más probable que haya guerra.
Por supuesto, sería una guerra muy distinta a aquella en la que Estados Unidos estaba cobrando las facturas por el atentado del 9-11, y cuyo saldo fue la caída de los talibanes en Afganistán, de Hussein en Irak, y más tarde la eliminación de Osama bin Laden. Se logró el triunfo militar en lo inmediato, pero no el triunfo político.
La administración Bush no supo gesionar los éxitos en el campo de batalla, y aparte de Al Qaeda, Hussein y los talibanes, Rusia todavía era un factor de peso en el mundo, Irán estaba en su mejor momento, Hezbollá era un poder militar muy temido incluso en Israel, China estaba en plena expansión económica, y Hugo Chávez comenzaba a voltear el continente americano hacia su “socialismo del siglo XXI”. Lo que Estados Unidos pudiera hacer en Medio Oriente podía resolver algunos problemas concretos, pero no tenía posibilidad alguna de transformar la realidad global.
Hoy todo es distinto. Rusia se encargó de dinamitar su propio poder al empantanarse en una guerra de cinco días que ya se extendió por cuatro años. China finge un poderío económico y militar que, en los hechos reales, es mucho menor de lo que se cacarea. El chavismo ya no existe, está completamente doblegado a los Estados Unidos (y Cuba no tarda en correr la misma suerte).
Hezbollá fue derrotado, descabezado y humillado por Israel. E Irán no se ha logrado recuperar de los daños sufridos en la Guerra de los Doce Días (junio de 2025). Con todo, se entiende que los ayatolas son los últimos en la fila. Sí, ahí están todavía los talibanes y los grupos islamistas de Siria, pero son poderes regionales y sin una estructura remotamente parecida a la que llegó a construir Irán en sus mejores momentos. Es decir, son factores conflictivos y peligrosos, pero no determinan o influyen en el orden global, como sí lo llegaron a hacer los ayatolas.
Eso es lo que hace que el posible enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán sea tan importante. Estamos llegando al final de una etapa, a la culminación de un conflicto que, en realidad, engloba a muchos conflictos.
El resultado ya no está en duda. Israel derrotó contundentemente a sus enemigos, y ahora no hay manera de detener lo que Estados Unidos quiera hacer, toda vez que se ha hecho más que evidente que es, o sigue siendo, la máxima potencia militar del planeta.
Acaso la única pregunta que falta por contestar es quién va a disparar primero.
De todos modos, Irán lleva las de perder. Si vuelve a ser víctima de un ataque preventivo israelí o estadounidense, no podrá recuperarse. Si dispara primero logrará causar algún daño, pero después será presa de un ataque de represalia, después del cual de todos modos no podrá recuperarse. Luego, el apoyo fundamental para Hezbollá, Hamas, las milicias chiítas en Irak y los houthíes habrá llegado a su fin. Los cambios no serán instantáneos, pero sí serán irreversibles.
Hemos llegado al punto cero donde el rumbo de todo el mundo se redefine. Algo similar a lo que significó Waterloo para el siglo XIX, o la caída de Hitler y Berlín para el siglo XX.
Tiempos interesantes los que nos han tocado vivir.
Los que nacimos entre los años 60’s y 70’s estamos en proceso de convertirnos en esos singulares fósiles que, dentro de no mucho, serán los únicos que puedan apelar a su propia memoria para recordarle a la humanidad que hubo otro mundo, otra era, otro orden mundial.
Sospecho que mi nieta me va a ver más viejo de lo que realmente soy.
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