Nunca antes un torneo electoral presentó en nuestro país los singulares rasgos que hoy le caracterizan.
Sin disputa, la fecha y las circunstancias internas e internacionales que habrán de gravitar en esta crítica jornada dependen hoy del cálculo personal y político de Netanyahu.
De aquí que no debe sorprender la marcada incertidumbre y desorientación de los partidos opositores, que apenas aciertan a difundir consignas y programas ajustados a las cambiantes circunstancias en nuestro país.
Con marcado entusiasmo, los líderes de la oposición israelí celebran el cambio radical que se verificó en Hungría.
Creen sin sólido fundamento que un vuelco similar conocerá nuestro país.
Olvidan que el ganador se formó y tomó relieve desde las filas del partido que gobernó a aquel país durante dos décadas. El nuevo líder deberá enunciar y poner en marcha un nuevo programa político sin experiencia alguna.
Hasta aquí Netanyahu condujo la guerra contra Irán relativamente desprendido de dictámenes externos. Sin embargo, el final depende del autoritario morador de la Casa Blanca.
Por otra parte, el apoyo de Bibi a decisiones como la pena de muerte a terroristas árabes complace a la extrema derecha. Las críticas que suscita en el marco internacional, en particular Europa y América Latina, apenas le interesan.
Sin una fecha del torneo electoral, el desconcierto abruma a los partidos de la oposición.
Algunos revelan fallidos intentos de unir filas y recursos mientras que otros reformulan intenciones y proyectos si y cuando conquistarán el poder.
Circunstancias que cabe evaluar en un nuevo aniversario de nuestro nacimiento al tiempo que se aleja la posibilidad de cambiar actores y guiones en nuestro país cuando la democracia y su estabilidad están en juego.
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