Rabino Yosef Bitton / BeHar-Bejukotai: Tres maneras de amar al prójimo

A continuación aprenderemos tres Mitsvot, o preceptos, escritos en la Parashá BeHar Sinai, que nos enseñan de manera práctica cómo amar al prójimo como a uno mismo.

ONAAT MAMÓN: Honestidad en los Negocios

La Torá nos enseña una mitsvá fundamental para la vida diaria: ser completamente honestos en todas nuestras transacciones comerciales.

El pasuq dice:

VaYiqrá 25:14 וְכִֽי־תִמְכְּר֤וּ מִמְכָּר֙ לַעֲמִיתֶ֔ךָ א֥וֹ קָנֹ֖ה מִיַּ֣ד עֲמִיתֶ֑ךָ אַל־תּוֹנ֖וּ אִ֥ישׁ אֶת־אָחִֽיו׃  “Cuando uno vende algo a su prójimo, o compra de su prójimo, no se engañen el uno al otro.”

Esta mitsvá se conoce como onaat mamón — el perjuicio monetario, causado a través del engaño deliberado.

La Torá prohíbe: – cobrar precios abusivos aprovechándose de la ignorancia del comprador, – ocultar defectos de un producto, – engañar sobre la calidad de la mercadería, – manipular información para obtener ventaja económica.

La honestidad no es solamente un buen consejo moral. Es una obligación de la Torá.

RELIGIOSIDAD Y NEGOCIOS

El judaísmo no separa la vida espiritual de la vida económica.

Una persona puede rezar todos los días, cuidar Shabbat y comer kasher… pero si engaña en los negocios, no se considera un individuo religioso.

Nuestros Jajamim enseñaron que la primera pregunta que se le hace a uno en el Olam Habá, en el Mundo después de esta vida, no es cuánto rezó, sino:

“¿Te comportaste con honestidad en tus negocios?” (Shabbat 31a)

La observancia religiosa se expresa en cómo vendemos, compramos, y manejamos nuestro dinero .

APLICACIONES PRÁCTICAS

Si vendemos un objeto usado, debemos informar claramente cualquier defecto significativo.

Si recibimos vuelto de más en una tienda, estamos obligados a devolverlo, aunque nadie se haya dado cuenta.

Si somos comerciantes, debemos evitar aprovechar la falta de conocimiento del comprador.

Si ofrecemos un servicio, debemos cumplir honestamente lo prometido.

LA HISTORIA DE RAB SAFRA

El Talmud nos transmite un ejemplo extraordinario de honestidad absoluta.

Rab Safra tenía un burro para vender. Un comprador no judío llegó y le ofreció 50 monedas por el animal. En ese momento, Rab Safra estaba recitando el Shemá Israel y no podía interrumpir su recitación para responder. Sin embargo, en su corazón ya había decidido aceptar esa oferta. El comprador, pensando que el silencio significaba rechazo, aumentó el precio a 60 monedas… y luego a 70.

Cuando Rab Safra terminó el Shemá, hizo algo increíble: rechazó las 70 monedas y pidió solamente las 50 originales.

¿Por qué?

Porque internamente ya había aceptado la primera oferta. Para Rab Safra, la honestidad tenía más valor que ganar dinero extra.

La mayoría de las personas habrían dicho: “Nunca respondí verbalmente…” “Técnicamente no hice nada incorrecto…”

Pero Rab Safra entendía que HaShem conoce también lo que ocurre dentro de nuestra mente . Por eso el Talmud lo considera un ejemplo supremo de yir-at Shamayim — observancia religiosa y temor del Cielo.

KIDUSH HASHEM

Cuando un individuo judío actúa con honestidad en los negocios, produce un enorme kidush HaShem. Los demás dicen: “Qué increíble honestidad.” “Qué confiables son.” “Se nota que vive de acuerdo a la Torá.”

Pero si una persona judía engaña, manipula o actúa deshonestamente, el daño espiritual es enorme. No solamente perjudica al otro: produce un jilul HaShem.

La honestidad comercial requiere disciplina y conciencia permanente de que HaShem observa cada transacción.

La religiosidad no se mide solamente en el Bet haKeneset, sino también en una tienda de negocios, en una oficina, en un contrato y en cada conversación comercial.

VEHEJEZAKTA BO

Prevenir la pobreza

Otra de las mitsvot más hermosas y sensibles de Parashat BeHar es la obligación de ayudar proactivamente a quien está atravesando dificultades económicas.

El pasuq dice: וְכִֽי־יָמ֣וּךְ אָחִ֔יךָ וּמָ֥טָה יָד֖וֹ עִמָּ֑ךְ וְהֶחֱזַ֣קְתָּ בּ֔וֹ גֵּ֧ר וְתוֹשָׁ֛ב וָחַ֖י עִמָּֽךְ

VaYiqrá 25:35 “Cuando tu hermano empobrezca y su mano comience a soltarse de ti, lo sostendrás…”

La Torá no nos dice solamente que ayudemos al pobre. Nos enseña aquí algo mucho más profundo: debemos ayudar a la persona antes de que llegue a la indigencia y esté obligado a humillarse y pedir caridad.

ANTES DE QUE CAIGA

Cuando una persona comienza a caer, todavía se lo puede sostener con una sola mano. Pero una vez que cayó completamente al suelo, harán falta varias personas para levantarla.

La Torá nos enseña a intervenir anticipadamente. Proactivamente.

No esperar a que alguien pierda todo. No esperar a que tenga que pedir ayuda públicamente. No esperar a que llegue a la desesperación.

El objetivo es prevenir la caída antes de que ocurra. Muchas veces, una pequeña ayuda dada a tiempo puede salvar a una persona, una familia o un negocio entero.

EL NIVEL MÁS ALTO DE TSEDAQÁ

Maimónides enseña algo extraordinario.

En Hiljot Matenot Aniyim enumera ocho niveles de tsedaká, y el nivel más elevado de todos no es simplemente dar dinero al pobre.

El nivel más alto es ayudarlo a “mantener” su independencia económica.

¿Cómo?

– ofreciéndole trabajo, – ayudándolo a abrir un negocio, – dándole un préstamo sin interés, – enseñándole un oficio, – conectándolo con oportunidades.

La mejor ayuda no es solamente darle pan al necesitado, sino ayudarlo a volver a producir su propio pan. O, como suele decirse: “No darle el pescado, sino enseñarle a pescar.” La Torá quiere preservar no solamente la supervivencia de la persona, sino también su dignidad.

RESPONSABILIDAD MUTUA

Nuestros Jajamim enseñaron:

“Kol Yisrael arebim ze laze” “Todo judío se debe sentir responsable uno del otro.

La fortaleza de Am Israel no se mide solamente por el éxito de los más ricos, sino también por la dignidad de los más vulnerables. Una comunidad fuerte no es aquella donde algunos triunfan mientras otros quedan abandonados.

Una verdadera comunidad judía es aquella donde las personas se sostienen mutuamente.

APLICACIONES PRÁCTICAS

Si conocemos a alguien que perdió su trabajo, podemos ayudarlo recomendándolo.

Si alguien está pasando dificultades económicas, podemos ofrecerle un préstamo digno y discreto.

A veces, una llamada telefónica, un contacto o una recomendación laboral pueden cambiar completamente la situación de una persona.

Incluso apoyar emocionalmente a quien está atravesando dificultades forma parte de esta mitsvá. Muchas veces, el peor sufrimiento no es solamente la falta de dinero, sino la sensación de estar solo.

AYUDAR CON DIGNIDAD

La Torá no quiere que ayudemos “desde arriba”, con arrogancia o superioridad. Nos pide que ayudemos viendo al otro como “ajija” — tu hermano.

No como un caso social. No como una carga. No como alguien inferior.

Sino como un hermano que hoy necesita apoyo… y que mañana podría ser quien ayude a otros. Porque en la visión de la Torá, nadie es completamente autosuficiente. Todos necesitamos de los demás.

ONAAT DEBARIM

Evitar el daño emocional

Parashat Behar también nos enseña una de las lecciones más profundas y actuales de toda la Torá: no solamente está prohibido dañar a una persona estafándola comercialmente; también está prohibido herir al otro , perjudicarlo, con palabras duras.

El pasuq dice:

וַיִּקְרָא כ״ה:י״ז “וְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱ–לֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱ–לֹהֵיכֶם“

“No se hagan daño el uno al otro, y temerás a tu Dios, porque Yo soy ה׳ tu Dios.”

A primera vista, este versículo parece repetir la misma prohibición mencionada unos versículos antes, donde la Torá prohibió engañar en los negocios. Pero nuestros Jajamim explican que aquí la Torá está hablando de otro tipo de daño mucho más profundo: onaat debarim — el sufrimiento causado a otra persona a través de las palabras.

La Torá entiende algo que muchas veces olvidamos: las palabras no desaparecen. Una frase puede acompañar a una persona durante años. A veces, toda una vida.

EL DAÑO INVISIBLE

El Talmud (Babá Metsiá 58b) enseña algo sorprendente: el daño emocional puede ser más grave que el daño económico. El dinero perdido puede recuperarse. Una palabra hiriente puede dejar una herida que a veces no sana.

Hay personas que todavía recuerdan comentarios humillantes que escucharon en su infancia. Una burla en público, un apodo ofensivo, una frase dicha “en broma”, una crítica frente a otros… heridas invisibles que permanecen grabadas en el corazón. Por eso, el judaísmo considera que cuidar la forma en que hablamos es parte esencial del servicio a HaShem.

EJEMPLOS QUE DAN LOS JAJAMIM

Los Jajamim dieron ejemplos muy concretos de onaat debarim:

-Rashí cita al Midrash que advierte acerca de dar un mal consejo a un amigo. Si alguien me pregunta, por ejemplo, qué me parece comprar cierta propiedad como inversión — y resulta que yo quiero que un familiar mío la compre — no puedo darle un mal consejo a mi amigo para crear esa oportunidad a costa suya. Esto sería dañarlo económicamente con palabras, a través de un mal consejo.

-Los Jaamim dan ejemplos más concretos de daño puramente emocional:

– No recordarle a una persona errores de su pasado después de que cambió su vida y mejoró.

– No usar sobrenombres ofensivos, incluso “como broma”.

– No burlarse de la apariencia física, acento, situación económica o capacidades de otro.

– No preguntar el precio de un producto si no existe intención real de comprarlo, haciéndole perder tiempo y falsas expectativas al vendedor.

A veces pensamos: “¡Pero yo no hice nada malo!” No golpeé. No robé. No dañé físicamente. Sin embargo, la Torá nos enseña que a veces una palabra puede doler al otro más que una acción.

HALBANAT PANIM — “DERRAMAR SANGRE”

Los Jajamim compararon la vergüenza pública con el derramamiento de sangre.

¿Por qué?

Porque cuando una persona es humillada delante de otros, la sangre desaparece de su rostro. La cara se pone pálida. La persona siente que quiere desaparecer.

Hoy, en la era de WhatsApp, redes sociales y social media, esta mitsvá es todavía más importante.

Un comentario sarcástico. Una burla enviada a un grupo. Un meme humillante. Una crítica pública innecesaria.

Todo esto entra en la categoría de onaat debarim.

Muchas personas son extremadamente cuidadosas de no perder dinero… pero muchísimo menos cuidadosas con las palabras que salen de su boca.

 “Y TEMERÁS A TU DIOS”

La Torá agrega aquí una frase muy especial:

“וְיָרֵאתָ מֵאֱ–לֹהֶיךָ“ “Y temerás a tu Dios.”

Los Jajamim explican que esto aparece porque el daño verbal es algo que muchas veces sólo HaShem puede juzgar.

Cuando alguien hiere a otro con palabras, siempre puede justificarse:

“Era un chiste.” “No fue mi intención.” “Es demasiado sensible.” “Yo sólo decía la verdad.”

Los seres humanos no pueden saber qué había realmente en el corazón de quien habló. Pero HaShem sí.

Por eso la Torá nos recuerda: antes de hablar, piensa no solamente cómo sonará tu frase a los oídos de las personas — sino cómo será escuchada en el Cielo.

EL PODER DE CONSTRUIR

Las palabras tienen un poder inmenso.

Una sola frase puede darle fuerzas a una persona para seguir adelante. Un elogio sincero puede cambiarle el día a alguien. Una palabra de apoyo puede salvar a alguien de la desesperación. Así como existe onaat debarim para destruir, también existe la capacidad de usar la boca para construir mundos.

El Jafetz Jaim explicaba que la boca puede convertirse en el instrumento más santo del ser humano… o en el más destructivo. Todo depende de cómo la usemos.

PENSAR ANTES DE HABLAR

Antes de hablar, vale la pena preguntarnos: ¿Lo que voy a decir puede causarle daño a alguien?  ¿Es necesario decirlo?  ¿Es el momento correcto?  ¿La forma en que lo voy a decir puede herir?  ¿Estoy construyendo o destruyendo?

La grandeza espiritual se mide en una conversación familiar, en una discusión comercial, en un mensaje de texto, en un chat, y en la manera en que tratamos a las personas todos los días.

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