El festival de Eurovisión forma parte de las cosas que me son irrelevantes, por no decir francamente intrascendentes. Pero eso no quita la aparente importancia que tiene para mucha gente a la que le fascina el glamour, las luces, el vestuario y esas canciones pegadizas.
Y sin embargo pensé en Eurovisión en los últimos días por una razón muy clara y es que era obvio que Israel sería boicoteado, vilmente boicoteado, en el mismo.
No me equivoqué y no haberme equivocado no me da ninguna satisfacción.
Hay que hacerse a la idea y no mirar para un costado: allí donde esté Israel fuera de Israel habrá abucheos, gritos e insultos. Allí donde haya judaísmo fuera de Israel habrá ataques a sinagogas, violencia, asesinatos, cuchillazos.
Se ha desatado la ira antisemita del mundo contra los judíos. Nada se logrará mirando para un costado.
Probablemente la gente religiosa encuentre consuelo en un tiempo mesiánico o en elucubraciones sobre restaurar el Tercer Templo.
Pero, para la gente laica, es difícil encontrar consuelo ni respiro.
Desde hace 3 años la ola antisemita ni cede ni descansa, se retroalimenta, se yergue, amenaza y cuando las amenazas no alcanzan se llega a la violencia física y al asesinato.
Podría decir que la situación es inmoral y avergonzante. Pero, ¿qué le importa la vergüenza y la moral a los gobiernos de izquierda de Europa y Latinoamérica? La respuesta es obvia.
Pedro Sánchez no iba a perder la oportunidad y no la perdió. Boicotear a Israel es estar del lado correcto de la Historia. Así lo afirma. Así se afirma.
En un clima totalitario que no se considera totalitario sino justo e imprescindible, los canales públicos de España, Irlanda y Eslovenia no retransmitieron el evento debido a la participación de Israel, en un acto que se denomina de boicot, pero que más bien se podría denominar de terrorismo concertado. Por supuesto y al mismo tiempo, durante los días del evento se han presentado manifestaciones propalestinas-gazatíes, con declaraciones altisonantes sobre los derechos humanos, la justicia, la sensibilidad humana y el conmovedor compromiso del ser humano.
Uno hasta podría suponer que en España, Irlanda y Eslovenia no debe haber injusticias, ni ataques a los derechos humanos ni situaciones alarmantes. Más bien, que si se erigen con esa toga angelical se deben sentir inmaculados y ejemplos del Mundo…
El lado correcto de la historia…Un mundo de blancos y negros, un mundo de fanatismos inconmovibles, un mundo fanático y fanatizado. Un Mundo que asusta por su mediocridad.
Un mundo convencido de que existe un genocidio contra los árabes, convencido de que Israel ejerce de forma ciega y totalitaria abusos de todo tipo contra los gazatíes-palestinos
¿Acaso no lo ha denunciado el New York Times? Qué más se quiere entonces.
¿Podemos ponernos a discutir con este antisemitismo? Inténtelo el que aún crea en las buenas intenciones, en el diálogo, en la empatía y la conmiseración.
Por mi parte sugiero que es una absoluta falta de tiempo.
El antisemitismo del Siglo XXI no es una ideología equivocada a la cual racionalmente se le pueda demostrar sus errores, sus contradicciones, sus fallas.
Pues de ideología no tiene nada.
Es solo una mediocre pasión que arrastra a sujetos mediocres que no saben vivir si no es inmersos en la pasión mediocre.
Así pues, para estos mediocres, el cantante que representa a Israel en Eurovisión no solo representa, sino que es además TODO Israel, un Israel frenético y violento, agreguemos. Merece, pues, ser castigado
Así, si dos judíos entran a un restaurante en Madrid, son, sin duda alguna, TODO Israel burlándose descaradamente de la bondad irrestricta de España. Merecen, pues, ser castigados
El pueblo Judío merece ser castigado. El Holocausto no fue suficiente castigo, si es que no agregamos que uno de los triunfos del antisemitismo del Siglo XXI es que ha instaurado el relato de que en realidad el Holocausto es un invento de Israel y los Judíos.
Ignoro si este antisemitismo fantasea con aniquilar a los judíos. Pero no ignoro que lo quiere castigar, llenándolo de oprobio y vergüenza.
Como dije, quizás el consuelo de los religiosos sea fantasear con el Tercer Templo.
Para los no religiosos se trata de inventar otros consuelos que aún no están a mano.
Mientras, el mundo se cubre de oprobio y vergüenza.-
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