El engaño del ataque a Israel: Por qué Irán NO busca la destrucción total

Las alarmas volvieron a encenderse en todo Israel. Millones de personas corriendo a los búnkeres y proyectiles cruzando el espacio aéreo desde Irán y Yemen simultáneamente. Sin embargo, horas después, los titulares dicen lo mismo: daños materiales mínimos, interceptaciones casi totales y un recuento de bajas prácticamente en cero.

Para muchos, esto parece un ataque tímido, tibio, una muestra de “poca fuerza” por parte de Teherán y sus aliados hutíes. Pero en el tablero geopolítico del Medio Oriente, cometer el error de medir el éxito militar solo por el nivel de destrucción es no entender cómo funciona este juego.

Vamos a analizar por qué este ataque no buscaba destruir a Israel, sino salvar algo mucho más valioso para el régimen iraní: su imagen. Y quédate hasta el final, porque las próximas horas son críticas para saber si estamos ante el colapso definitivo de la tregua.

Lo primero que debemos entender es el dilema de la disuasión. Tras los recientes golpes cruzados en Beirut y en el propio suelo iraní, Teherán tenía que responder.

En esta región, la inacción se traduce como debilidad absoluta.

Si Irán se quedaba de brazos cruzados, perdía toda credibilidad frente a sus propios ciudadanos y frente a su red de aliados proxy, el llamado Eje de la Resistencia.

Por eso vimos un ataque coordinado con los hutíes de Yemen. Pero aquí está el detalle: fue un ataque milimétricamente calculado. Irán lanzó salvas dirigidas específicamente a bases militares (como Nevatim o Tel Nof) o complejos industriales en Haifa. No buscaban centros urbanos masivos.

¿Por qué? Porque necesitaban una victoria de consumo interno. Minutos después de los lanzamientos, los canales oficiales de Teherán ya celebraban el “éxito rotundo”. Para sus partidarios, ver los misiles desafiar la soberanía israelí es suficiente.

El objetivo no era aniquilar, era “salvar la cara” y cumplir con la narrativa ideológica del régimen sin cruzar la línea de no retorno.

Pero entonces, ¿por qué vimos tan pocos impactos reales? Aquí entra el segundo factor: la brutal disparidad tecnológica y defensiva.

Israel opera hoy la red de defensa aérea más densa del planeta. Cuando Irán o Yemen lanzan misiles o drones, estos tienen que recorrer cientos de kilómetros. En ese trayecto, las fuerzas navales de Estados Unidos en el CENTCOM y otros socios regionales detectan y destruyen gran parte de las amenazas antes de que toquen espacio aéreo israelí. Lo que pasa los filtros es recibido por los sistemas Arrow y la Honda de David.

Para que Irán cause una destrucción masiva en Israel, no le bastan unas decenas de misiles balísticos; necesitaría una saturación absoluta con miles de vectores simultáneos. Y esa es una carta que Irán solo jugará en un escenario de guerra total por su propia supervivencia. El ataque actual no fue débil por falta de armamento; pareció débil porque se topó con un muro tecnológico y aliado que Irán sabía perfectamente que existía.

Ahora bien, la gran pregunta que todos nos hacemos: ¿Qué va a pasar en las próximas horas? El tablero está en su punto de máxima tensión desde que se firmó la última tregua.

A corto plazo, debemos vigilar tres escenarios inmediatos:
Primero, la respuesta israelí: Aunque desde Washington y la comunidad internacional se está presionando fuertemente para evitar una escalada total, el estamento de defensa israelí ya ha declarado que se prepara para “varios días de combate”. No se descartan ataques de represalia focalizados de la Fuerza Aérea Israelí contra sistemas de defensa aérea o instalaciones estratégicas en el oeste y centro de Irán para restablecer su propia disuasión.

• Segundo, el frente marítimo: Los hutíes de Yemen ya han anunciado un bloqueo y prohibición total a la navegación israelí en el Mar Rojo. En las próximas horas podríamos ver un repunte de incidentes navales, ataques a buques comerciales o drones interceptados en la zona del Estrecho de Bab el-Mandeb.

• Tercero, la vía diplomática bajo presión: Mientras las bombas caen, los canales de mediación (a través de actores como Pakistán) siguen abiertos intentando contener los daños. Las próximas horas definirán si los líderes logran encapsular este intercambio de golpes como “asunto cerrado” tras haber salvado sus respectivas narrativas de victoria, o si el frágil alto el fuego colapsa por completo, arrastrando a la región a una guerra regional abierta.

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Ricardo Silva: