En ocasiones, un concierto es un duelo hecho sonido, una carta enviada a quien ya no puede leerla pero que, de algún modo, la recibe. Eso fue exactamente lo que ocurrió este domingo 7 de junio en el Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM), durante el estreno mundial de Morskata Gradina —“El jardín del mar” en búlgaro—, la Tercera Sonata para violonchelo y piano, Op. 90 (2025–2026), del compositor y musicólogo Sergio Berlioz.
El concierto, ofrecido en amorosa memoria de Alberto Bejarano Cappón —cuya pasión por la música fue inspiración y refugio a lo largo de su vida—, fue también un homenaje a la resistencia, a la identidad y al poder del arte para preservar lo que nunca debe olvidarse.
Una sonata que nació dos veces
La sonata Morskata Gradina está inspirada en la novela El jardín del mar, de Sophie Goldberg, publicada por Grijalbo. La obra iba a estrenarse el 29 de abril, pero esa mañana murió Alberto Bejarano Cappón, el padre de Sophie y protagonista de la historia. “Casualmente íbamos a estrenar la sonata el 29 de abril, pero esa mañana falleció mi padre y ya no pudimos hacer el estreno como estaba previsto. Así que la pasamos para el 7 de junio, y ahora toma aún más significado porque es esa historia que él me contó, y vamos a honrar al pueblo búlgaro y a mi padre a través de la sonata“, explicó Sophie Goldberg.
Lo que debió ser una celebración se convirtió en homenaje. Lo que iba a ser un regalo en vida se transformó en ofrenda póstuma. Y esa transmutación —de alegría anticipada a dolor sublimado en arte— fue, quizás, la emoción más honda de la ceremonia.
La hija del salvado, el padre del salvado
Sophie Bejarano de Goldberg nació en México, descendiente de judíos sefardís búlgaros por parte paterna y con raíces turcas por vía materna. Su novela El jardín del mar, basada en hechos reales, relata a través de los ojos de un niño —su propio padre Alberto— la historia del destino singular que corrieron los judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial.
Bulgaria, 1942: Boris III debía entregar 20 mil judíos a los nazis para su exterminio, pero el rey y su pueblo no estaban dispuestos a ceder. Así también resistía el pequeño Alberto, de tan solo seis años, cuando los oficiales de las SS se llevaron por la fuerza a su padre.
Alberto Bejarano Cappón vivió entre 1937 y 2026. Fue testigo de la ocupación nazi de Bulgaria siendo un niño, sobrevivió a la guerra, emigró a México y vio cómo su historia se convertía primero en novela de manos de su hija, y luego —ya sin poder escucharlo— en música de Sergio Berlioz. Sophie ha resumido en otras ocasiones su vínculo con Bulgaria en una frase que se ha vuelto su emblema:
“Me digo que estoy en casa, porque los jóvenes de aquí son hijos de los salvadores y yo soy la hija del salvado.”
Esa tarde en el CDIJUM, frente a un auditorio emocionado, Sophie reconoció la tristeza inmensa de no haber podido tenerlo a su lado escuchando la obra nacida de su historia familiar, pero también agradeció que la música clásica —que fue para su padre una parte esencial de su identidad— se hubiera convertido, desde la muerte de su madre tres años atrás, en refugio, en consuelo y en bálsamo para la nostalgia.
El compositor: donde la literatura se vuelve sonido
Sergio Berlioz (Ciudad de México, 1963) es uno de los compositores mexicanos contemporáneos más prolíficos y reconocidos. Sus obras —ocho sinfonías, quince cuartetos de cuerda, cantatas, oratorios y conciertos para distintos instrumentos— se caracterizan por la profundidad expresiva de su lenguaje musical y su capacidad de traducir la emoción narrativa en arquitectura sonora que transita entre la tradición de la música de cámara y una sensibilidad contemporánea marcada por la memoria, la identidad y la fuerza dramática.
Berlioz buscó a Goldberg tras leer la novela, y le externó su deseo de escribir una sonata para piano y violonchelo basada en hechos atemporales, inmersos en la compasión y la piedad. El resultado fue Morskata Gradina, Op. 90, cuatro movimientos que trazan un recorrido emocional completo: I. Días oscuros / II. Identidad / III. La huida / IV. Arribo al jardín del mar. Un arco que va del terror a la esperanza, del exilio al reencuentro, de la oscuridad a ese jardín luminoso donde, al fin, todo está bien.
“Somos del mismo origen sefardí, judíos españoles. La familia de ella es de Bulgaria“, señaló el compositor, subrayando que entre ambos existe un vínculo que va más allá de la colaboración artística; es el hilo que une a quienes comparten raíces y memoria aunque los separen océanos y generaciones.
Un piano con historia propia
Entre todos los detalles de la ceremonia, hubo uno que la convirtió en algo todavía más extraordinario. La sonata no se interpretó en un piano cualquiera. El programa de mano del concierto consignaba una nota especial: la obra fue ejecutada en un Steinway de 1899 que perteneció a Isabela Gruen, hija de Walter Gruen, apasionado amante de la música y sobreviviente del Holocausto.
En sus teclas habitaba no solo la excelencia sonora de una pieza histórica, sino también la huella indeleble de una vida marcada por la resistencia, la memoria y la permanencia del espíritu humano frente a la oscuridad. La historia que la novela resguarda —memoria, identidad, pérdida, exilio y esperanza— encontraba eco en un instrumento que también había sobrevivido a la historia.
Esa tarde, el piano dejó de ser un instrumento para convertirse en símbolo, en una voz del pasado que, desde la belleza, siguió hablándonos en el presente.
El programa: cuatro voces de la música mexicana y universal
El evento, con Patricia Delgado en el violonchelo y Héctor Cabrera en el piano, ofreció un programa cuidadosamente construido como reflexión sobre identidad y memoria:
El Madrigal para violonchelo y piano (1921) de Carlos Chávez (1899–1978) abrió la noche con una obra de juventud en que el gran compositor mexicano, a sus 22 años, exploraba los sonidos modales que madurarían después en su Sinfonía India y otras obras de raíz nacionalista. Le siguió el Credo (2017) de Alexis Aranda (1974), una de las piezas mexicanas de cámara más conocidas a nivel mundial, ejecutada en versiones incontables y que en esta ocasión desplegó su hondo carácter espiritual —ambiguo, abierto, más allá de lo estrictamente religioso. La tercera obra fue Le Triste (2017) de Mónica Cárdenas, una miniatura en tres movimientos (Andante–Allegro–Andante) de cuya autora se desconoce la fecha de nacimiento —un detalle que el presentador Sergio Berlioz señaló expresando que hay nombres que la historia no siempre sabe conservar.
Antes del estreno, el programa incluyó la Sonatina para violonchelo y piano, D. 384 (1816) de Franz Peter Schubert, escrita cuando el genio vienés tenía apenas 19 años, en tres movimientos (Allegro molto / Andante / Allegro vivace): una pieza de una belleza correcta y serena que preparó el espíritu para lo que vendría.
Los intérpretes
Patricia Delgado, violonchelista licenciada por la Escuela Superior de Música del INBA (2004), es integrante de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México desde 2003 y ha formado parte de la Sinfónica del Perú, la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez y la Sinfónica de la UAEH. Es maestra activa del Método Suzuki y actualmente cursa la Maestría en Interpretación de Música Mexicana en el Conservatorio Nacional.
Héctor Cabrera, pianista egresado como Licenciado Concertista por la Escuela de Música Vida y Movimiento (2012), destaca por su versatilidad como solista y colaborador de cantantes, coros y compañías de danza clásica. Ha actuado como solista con la Orquesta Sinfónica Ollin Yoliztli y la Orquesta de Solistas de la Filarmónica de Jalisco, y es docente en la Facultad de Música de la UNAM.
La casa de la memoria
No fue casual que todo esto ocurriera en el CDIJUM. Conocido como “la casa de la memoria“, el Centro de Documentación e Investigación Judío de México fue presentado públicamente en agosto de 2015 con la misión de resguardar y difundir la memoria histórica de la comunidad judía de México.
Es el custodio de historias como la de Alberto Bejarano: historias de diáspora, de resistencia, de vida reconstruida con gratitud después de la tragedia.
El evento contó también con el apoyo de la Casa Walter Gruen para las Artes y la Fundación Casa de México en Bulgaria, dos instituciones cuya presencia subraya la vocación transnacional del proyecto: un puente tendido entre México y Bulgaria, entre la literatura y la música, entre los vivos y los que ya no están.
Lo que la música logra cuando las palabras no alcanzan
Sophie Goldberg lo dijo mejor que nadie: “No es solamente un estreno. Es un homenaje, un puente entre la memoria, el amor y todo aquello que la música logra cuando las palabras no alcanzan.”
Alberto Bejarano Cappón (1937–2026) vivió para ver su historia convertida en novela. No alcanzó a escucharla convertida en música.
Pero este domingo, en el CDIJUM, mientras el arco de Patricia Delgado recorría las cuerdas y Héctor Cabrera hacía resonar el Steinway centenario que sobrevivió al Holocausto, algo de él estaba, sin duda, en la sala.
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