Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Shelaj

Parashat “Shlaj Lejá”, la historia de los exploradores es una de las más complejas e intrigantes de la Torá. A primera vista, habla del grupo de emisarios enviado a estudiar la Tierra Prometida antes de su conquista, que regresa con un informe desfavorable sobre la tierra.

En respuesta, Dios, que siente un vínculo especial con ese territorio, les castiga y nos da una lección.

Pero las preguntas que surgen de esta historia son más que las respuestas.

¿Por qué fueron precisamente los líderes de las tribus los destinados a cometer este pecado? ¿Por qué decir de la tierra que tiene ciudades fortificadas y gente fuerte se considera difamación, cuando los exploradores podrían haber alegado en su defensa haber dicho la verdad?

¿Por qué envía Dios a los seres humanos a explorar su tierra, a pesar de que se supone que es omnividente y lo supervisa todo, y a pesar de que durante toda la travesía por el desierto prometió repetidamente a los hijos de Israel que la tierra era buena y prometedora? ¿Cuál es el propósito de enviar a los confidentes si está completamente claro que se trata de un ejercicio divino (una “prueba” en términos religiosos) y no de una misión genuina?

Los midrashim de los Sabios intentan dar respuesta a algunas de estas preguntas. Así, por ejemplo, les sorprende la formulación «Y habló el Señor a Moshé, diciendo: Envía hombres para que exploren la tierra de Canaán» (Bemidbar-Números 13:1-2). ¿Por qué se dice Shelaj lejá «envía a ti» y no, por ejemplo, «envía a mí»? El midrash se pregunta «¿A qué se asemeja esto? A un rico que tenía una viña; cuando veía que el vino era bueno, decía: “Traed el vino a mi casa”, y cuando veía que el vino se había agriado, decía: “Llevad el vino a vuestros hogares”. Así también el Santo, bendito sea, cuando vio que las acciones de los ancianos eran rectas, los llamó por su nombre, como está escrito (Bemidbar 11:16): «“Reúne para mí a setenta hombres”, y cuando vio a los espías que estaban a punto de pecar, los llamó por el nombre de Moshé: “Envía a tus hombres”». El énfasis aquí, por supuesto, está en la diferencia entre «para mí» y «para ti». Este midrash es una magnífica transferencia de responsabilidad de Dios a Moshé. En cuanto vio que los espías estaban a punto de pecar, y con ello también reafirmó su posición como Dios que todo lo ve, echó la responsabilidad de reunir a los espías sobre Moshé, como si él no tuviera nada que ver con ello.

Hay un midrash que intenta defender a los dos espías que no difamaron la tierra: Yehoshúa ben Nun y Caleb ben Yefune. Así, por ejemplo, se reflexiona sobre la formulación «Y subieron al Néguev y llegaron hasta Hebrón» (ibíd., 22). ¿Por qué se escribe «subieron» en plural y luego «llegó» en singular? Dice Raba en el Talmud: «Esto enseña que Caleb se apartó del consejo de los espías y fue a postrarse sobre las tumbas de los antepasados». Al igual que el rey David, quien según los Sabios se levantaba en mitad de la noche para estudiar la Torá y no, para observar a las mujeres que se bañaban en los tejados de sus casas, también Caleb ben Yefune recibe en el Midrash un nuevo matiz religioso y va a Hebrón a postrarse sobre las tumbas de los padres de la nación. Lo hace para escapar de la calumnia de los demás espías, pero aprovecha la oportunidad para orar por su alma: «Les dijo: “Mis antepasados, pedid misericordia por mí para que me salve del consejo de los espías”».

¿Y qué hay de Yehoshúa? ¿Por qué no fue a rezar a “La Cueva de la Majpelá”? El Talmud explica: «Yehoshúa ya había pedido a Moshé que intercediera por él, como se dice: “Y Moshé llamó a Yehoshúa, hijo de Nun”» (ibíd., 16)», y explican que se añadió la letra yud a su nombre porque «Yah te salvará del consejo de los espías». El cambio de nombre de Oshea a Yehoshúa atestigua la protección divina que se le concedió y su exclusión del grupo de calumniadores.

Otro midrash intenta explicar por qué Dios envía a los espías, personas respetables y temerosas de Dios, en definitiva, y por qué estos regresan y difaman la tierra. El midrash dictamina que se trató, en definitiva, de un malentendido o de una discrepancia interpretativa. Sobre la afirmación de los espías «Es una tierra que devora a sus habitantes» (ibíd., 32), Raba comenta: «Dijo el Santo, bendito sea: “Yo la consideré buena y ellos la consideraron mala”», y Dios explica: «Cuando entraron en la ciudad, precisamente una grave enfermedad había matado a los notables de la ciudad, y nadie recibió a los emisarios con agrado porque estaban ocupados con el entierro, mientras que ellos se equivocaron al pensar que la grosería era la naturaleza de la ciudad». Se puede entender que, según esta versión del midrash, es precisamente la rudeza lo que provoca el rechazo hacia la ciudad. Los espías que llegaron en ese momento se equivocaron al pensar que se trataba de una tierra dura y dolorosa, «una tierra que devora a sus habitantes», cuando en realidad se trataba de un milagro divino que debilitaba la ciudad de cara a su conquista.

Este midrash es interesante porque presenta el pecado como un error en la comprensión de la realidad y no como un intento de rebelarse contra la decisión divina de llegar precisamente a Canaán. Pero, aunque es lógico que el midrash intente defender a los diez jefes de las tribus del pueblo, no anula el castigo que recibieron: «Y murieron los hombres que habían dado mal informe de la tierra, en la plaga delante del Señor» (Bemidbar 14:37). El pueblo cayó en una terrible depresión a raíz de los informes de los espías: «Y se levantó toda la congregación, y alzaron la voz, y lloró el pueblo aquella noche» (ibíd., 1), y los midrashim también se extienden en detalle sobre esto. El pecado de desmoralización que cometieron es de una gravedad sin igual, por lo que, aunque aparentemente solo se equivocaron al interpretar la realidad, se les exige pagar un alto precio.

Mi maestro en la yeshivá interpretaba Eretz ojelet yoshvéa textualmente: “Una tierra que devora a quienes permanecen sentados” sin atarearse esperando que sea Dios mismo quien les provea de protección, alimentos, y cuidados.

Eretz Israel es para quienes toman activamente en sus manos toda tarea que les salve de los enemigos y luchen sin esperar milagros y de quienes trabajan sin buscar pretextos para que otros los mantengan.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."