Meyer Zafrany Bentolila / Huellas judías en el Mediterráneo: un viaje a la memoria y la continuidad

Hay viajes que son, en el fondo, peregrinaciones. El reciente recorrido de Meyer Zafrany Bentolila por el Mediterráneo fue exactamente eso: una travesía por siglos de presencia judía en algunas de las ciudades más cargadas de historia del mundo occidental.

 Foto: May Samra

Nacido en Casablanca, criado entre Venezuela y Madrid, y residente desde hace cinco años en Sunny Isles, Miami, Zafrany Bentolila carga con una historia personal que es, en miniatura, la historia del pueblo judío: el desarraigo, la adaptación, la búsqueda permanente de raíces.

Antes de partir, se asesoró con sus amigos rabinos de Jabad en Sunny Isles y Aventura para asegurarse de poder recitar Kadish en memoria de su madre Z”L durante el Shabat de su aniversario. “Esta tradición la he seguido por más de 42 años, desde el fallecimiento de mi padre Z”L”, explica. Y agrega, con la convicción serena de quien sabe bien lo que sostiene: “No debemos nunca olvidarnos de nuestros antepasados.”

 

La curiosidad que lo llevó a buscar sinagogas en cada escala no es casual: tiene apellido y tiene historia. Su tío, el profesor Haim Zafrani Z”L, fue uno de los grandes eruditos del mundo sefardí, especialmente conocido por haber recopilado la poesía oral de los judíos de Marruecos y por su obra cumbre 2000 años de vida judía en Marruecos .

Miembro del Institut des Hautes Études Sémitiques del Collège de France y de la Academia del Reino de Marruecos, Zafrani escribió quince libros y más de cien artículos sobre cultura judía, lengua hebrea y la historia de los judíos en el norte de África .

Viajar buscando huellas judías, para su sobrino Meyer, es también una forma de honrar esa herencia intelectual.

Rodas: la joya que sobrevivió

La escala más impactante del viaje fue, sin duda, Rodas. Y no es para menos: la comunidad judía de la isla ha existido durante más de 2.000 años; si bien los habitantes del barrio histórico no llegaron sino hasta después de la expulsión de los judíos de España en el siglo XVI, la presencia judía en la isla es antiquísima .

El corazón de esa historia es la sinagoga Kahal Kadosh Shalom. Construida en 1577, su nombre completo significa “Congregación Sagrada de la Paz” y es la sinagoga activa más antigua de Grecia . En una época hubo seis sinagogas en La Judería de Rodas. Su interior sigue el estilo tradicional sefardí, con la bimá —la mesa de lectura— en el centro del santuario, orientada hacia el sureste en dirección a Jerusalén .

Durante su apogeo en los años treinta del siglo pasado, la comunidad judía de Rodas llegó a contar con unos 4.000 habitantes que hablaban ladino, el judeoespañol heredado de la expulsión . La historia se torció con la ocupación nazi: el 25 de julio de 1944 los alemanes deportaron a los miembros de la comunidad hacia Auschwitz; de los 2.000 judíos de la isla, 1.673 fueron deportados y apenas 151 sobrevivieron . Hoy, quedan solo unos 35 judíos en la isla, y la sinagoga se utiliza principalmente en verano, cuando llegan turistas judíos y descendientes de la diáspora rodia .

Zafrany Bentolila recorrió La Judería acompañado por una guía no judía que, según cuenta, se emocionó profundamente durante el recorrido. Encontró en los registros de la sinagoga apellidos de familias amigas de Caracas —un detalle que condensa toda la diáspora sefardí en un instante—, y constató que mientras la sinagoga principal se mantiene en excelente estado, otras instalaciones del barrio requieren con urgencia restauración.

Corfú: el Kadish silencioso

En Corfú, la experiencia fue diferente, más íntima y más melancólica. La isla estuvo bajo dominio veneciano durante siglos y albergó una comunidad judía grande y diversa que llegó a constituir la cuarta parte de la población total de la ciudad. Hoy queda muy poco de aquello: apenas unos pocos judíos mantienen viva la llama comunitaria, y la sinagoga —simple en su forma pero bien conservada— se activa solo en Sucot y Yom Kippur.

Fue allí donde Zafrany Bentolila recitó un Kadish silencioso, pero “muy emotivo”, en memoria de su madre. Un miembro de la comunidad los atendió con amabilidad. A veces la presencia más auténtica de un pueblo no se mide en números, sino en esa capacidad de mantener encendida la vela aunque el viento sople fuerte.

Rijeka: la puerta cerrada

En Rijeka, Croacia, la visita a la sinagoga no pudo completarse: las puertas estaban cerradas. La sinagoga ortodoxa de Rijeka, construida en 1931 en la calle Ivana Filipovića 9, es un edificio de ladrillo rojo y mármol que fue declarado Bien Cultural de Croacia en 2008 .

Hoy, Croacia alberga ocho sinagogas y organizaciones asociadas, ubicadas en Zagreb, Rijeka, Osijek, Split, Dubrovnik, Čakovec, Daruvar y Slavonski Brod ; sin embargo, la pequeña comunidad judía del país —diezmada en el Holocausto— hace que muchos de estos espacios tengan actividad irregular.

Foto: may Samra

Venecia: el gueto que aún late

El cierre del recorrido fue Venecia y su célebre Gueto —la palabra misma, ghetto, nació aquí en 1516, cuando las autoridades venecianas confinaron a los judíos en este barrio del sestiere de Cannaregio. En el gueto, comunidades de ritos asquenazí, italiano y sefardí se establecieron según su origen, cada una con su propio lugar de culto: había judíos del noreste de Europa, del sur de Francia, de Italia, de Turquía y de las islas griegas, y de España y Portugal .

De las cinco sinagogas del gueto, las que se abren regularmente al rito son las dos sefardíes —la Scuola Levantina en invierno y la Scuola Ponentina en verano—, y sus interiores están considerados entre los más bellos de Europa . Para Zafrany Bentolila, saber que estas sinagogas permanecen activas en Shabat fue una fuente de alegría y esperanza.

La pequeña comunidad judía de Venecia, que cuenta con alrededor de 450 personas, se beneficia actualmente de un ambicioso esfuerzo de restauración de las sinagogas del siglo XVI, consideradas las únicas sinagogas del Renacimiento que aún están en uso .

Sinagoga del ghetto de Venecia. Foto: May Samra

Una reflexión que trasciende el viaje

En todos los lugares visitados, Zafrany Bentolila constató una presencia importante de seguridad. Lejos de inquietarle, lo interpreta como un reconocimiento por parte de las autoridades locales de la necesidad de proteger estos espacios. Es, también, un signo de los tiempos.

Pero lo que el viajero se lleva consigo no es la imagen de las puertas blindadas, sino la de los interiores: los mosaicos en blanco y negro de Rodas, la sencillez emocionante de Corfú, los artesonados barrocos de Venecia.

“Me parece más importante encontrar presencia y huellas judías que ratifican que somos un pueblo importante, presente en el mundo entero y muy especialmente con Israel como centro y garantía de nuestra continuidad”, escribe.

Y en el barco, antes de llegar a tierra firme, este hombre nacido en Casablanca, curtido en Caracas y en Madrid, tuvo el honor de oficiar el Kabalat Shabat para los pasajeros de distintos países y orígenes. Todos, unidos por la misma llama.

Am Israel Jai.

 

Meyer Zafrany Bentolila es empresario y miembro de la comunidad judía de Sunny Isles, Miami. Es sobrino del profesor Haim Zafrani z”l, uno de los grandes historiadores del judaísmo marroquí.

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