Trump explota contra Netanyahu “Todos los judíos están hartos de ti”

¿Trump contra Netanyahu? La verdadera guerra es por la independencia militar de Israel

Durante años, muchos pensaron que la alianza entre Israel y Estados Unidos era inquebrantable. Pero los acontecimientos de los últimos meses muestran una realidad mucho más compleja.

 

Según revelaciones recientes, Donald Trump habría estallado contra Benjamin Netanyahu durante una llamada telefónica privada relacionada con la guerra de Gaza y los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego. Si estas versiones son correctas, no estamos ante una simple discusión entre dos líderes. Estamos observando una lucha por algo mucho más importante: quién toma las decisiones finales sobre la seguridad de Israel.

Porque detrás de las disputas diplomáticas, detrás de los comunicados oficiales y detrás de las fotografías de sonrisas frente a las cámaras, existe una pregunta estratégica que preocupa cada vez más a los dirigentes israelíes:

¿Qué ocurre si un presidente estadounidense decide que los intereses de Washington ya no coinciden con los intereses de Jerusalén?

La guerra de Gaza, los enfrentamientos con Irán, las amenazas de Hezbolá y la presión internacional han llevado a muchos responsables de seguridad israelíes a una conclusión desagradable: depender excesivamente de un aliado, incluso de un aliado tan poderoso como Estados Unidos, puede convertirse en una vulnerabilidad nacional.

Israel posee una de las industrias militares más avanzadas del planeta. Produce drones, sistemas de inteligencia, misiles de precisión y tecnologías de defensa que muchos países envidian. Sin embargo, todavía depende de Estados Unidos para elementos fundamentales como ciertos tipos de municiones, repuestos estratégicos y plataformas avanzadas de combate.

Y eso significa que, en una crisis futura, Washington podría ejercer presión simplemente retrasando suministros o condicionando asistencia militar.

Desde la perspectiva de Netanyahu y de numerosos sectores de la seguridad israelí, esta situación es problemática.

Ningún país puede considerarse completamente soberano si otro gobierno conserva la capacidad de limitar sus opciones militares en medio de una guerra.

Pero aquí debemos ser realistas.

La independencia total es una ilusión. Incluso las grandes potencias dependen de cadenas de suministro, alianzas y cooperación tecnológica. La cuestión no es romper con Estados Unidos. Eso sería un error estratégico enorme.

La cuestión es construir una relación en la que Israel siga siendo aliado de Washington, pero sin quedar paralizado si ambos gobiernos discrepan sobre una amenaza existencial.

Y ahora llegamos a la pregunta más importante.

¿Cuál es la mejor manera de garantizar la seguridad de Israel durante los próximos años?

Primero, fortalecer la producción nacional de armamento crítico para reducir vulnerabilidades.

Segundo, ampliar la capacidad industrial para sostener guerras prolongadas sin depender exclusivamente de puentes aéreos extranjeros.

Tercero, mantener la superioridad tecnológica frente a Irán, Hezbolá y cualquier actor regional hostil.

Cuarto, preservar la alianza con Estados Unidos sin convertirla en una dependencia absoluta.

Y quinto, quizá lo más importante, recuperar la capacidad de disuasión. Los enemigos de Israel deben estar convencidos de que cualquier ataque tendrá un costo insoportable.

La historia demuestra que la seguridad de Israel nunca ha dependido únicamente de sus aliados. Ha dependido de su capacidad para defenderse por sí mismo cuando las circunstancias lo exigían.

La prospectiva para los próximos años apunta a un Israel que buscará mayor autonomía estratégica, más producción nacional y una doctrina de defensa menos dependiente de decisiones tomadas en Washington.

La alianza con Estados Unidos seguirá siendo fundamental.

Pero después de Gaza, después de Irán y después de las crecientes tensiones políticas, muchos en Jerusalén parecen haber llegado a una conclusión clara:

Los aliados pueden cambiar de prioridades.
Los gobiernos pueden cambiar.
Las administraciones pueden cambiar.

Pero la responsabilidad de proteger a Israel seguirá recayendo, en última instancia, sobre Israel mismo.

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Ricardo Silva: