Resumen de la Parashá Balak, Números 22:2-25:9
Balak, el Rey de Moab, cita al profeta Bilam para maldecir al Pueblo de Israel. En el camino, Bilam es golpeado por su asno, que ve el ángel que Di-s envía para detenerlos. Tres veces, desde tres diferentes lugares, Bilam intenta pronunciar sus maldiciones; en cambio, cada una de las veces, pronuncia bendiciones. Bilam también profetiza sobre el final de los días y la venida del Mashíaj.
El pueblo cae ante la seducción de las hijas de Moab y son persuadidos a idolatrar al ídolo moabita Peor. Cuando un oficial Israelita de alto rango públicamente toma una princesa Midianita y la lleva a su tienda, Pinjás los mata a los dos, deteniendo así la plaga que se esparcía entre la gente.
¿Alguna vez has sentido miedo de que alguien te desee el mal, te tenga envidia o intente perjudicarte a tus espaldas?
En la Parashá de esta semana, Balak, vemos exactamente ese escenario. El rey Balak, aterrorizado por el pueblo de Israel, contrata al mayor hechicero de la época, Bilam, para que haga una sola cosa: maldecir a los israelitas. Quería destruirlos usando el poder de la boca.
Pero ocurre algo asombroso. Cada vez que Bilam abre la boca para maldecir… ¡termina pronunciando las bendiciones más hermosas! ¿Por qué?
El Rabino Shalom Arush nos enseña un secreto que cambia vidas respecto a esta historia. Él explica que el pueblo de Israel en el desierto ni siquiera sabía lo que Balak y Bilam estaban tramando en las montañas. Ellos seguían con sus vidas, armando sus tiendas, estudiando Torá y confiando en el Creador.
El Rav Arush enseña una regla de oro de la Emuná (la fe auténtica):
“No existe ninguna fuerza en el universo que pueda hacerte daño si estás conectado con el Creador. El único que maneja el mundo es Dios”.
Bilam intentó buscar un solo defecto, una sola queja en el pueblo de Israel para aferrar ahí su maldición. Pero no pudo. El Rabino Shalom Arush nos recuerda que el mayor escudo contra la negatividad exterior es la gratitud. Cuando una persona vive agradeciendo a Dios por todo lo que tiene, se vuelve “inmune” a las maldiciones y a las malas energías de los demás. La alegría y el agradecimiento crean un campo de fuerza espiritual a tu alrededor.
Pero hay otra lección impactante. Dios, para demostrarle a Bilam que él no controlaba su propia boca, hace que el burro de Bilam hable. Sí, ¡un burro hablando!
El Rav Arush nos advierte aquí sobre el peligro del ego. Bilam se creía un profeta gigante, un hombre poderosísimo, pero Dios le demostró que si Él quiere, hasta un animal puede hablar, y que el ser humano solo dice lo que el Creador le permite.
¿Cuántas veces usamos nuestra boca para quejarnos, criticar o juzgar? El Rabino nos desafía a hacer lo contrario. En lugar de usar la boca como Bilam —para buscar el mal— debemos usarla como las bendiciones que terminaron saliendo de él: para elevar a los demás, para decir “gracias” y para sembrar paz.
Esta semana, quédate con esta certeza en tu corazón: no mires a los “Balak” o “Bilam” de tu vida. No envidies, no temas al mal de ojo ni a las críticas. Si te concentras en tu conexión con Dios, en agradecer por lo bueno y lo no tan bueno, y en mirar a los demás con buen ojo… cualquier intento de maldición en tu vida se transformará, automáticamente, en una bendición.
Como dice el Rav Arush: ¡Gracias, Creador del universo!
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