Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Pinjás: La violencia “por celo” es adictiva y peligrosa

Pinjás es una figura discutida, en la conciencia del pueblo de Israel.

La halajá limita radicalmente su acción. Los sabios del Talmud (Sanedrín 82a) convirtieron el acto de Pinjás en una categoría legal casi imposible de aplicar cuando establecen que solo “Kanaím poguín bo” —“Los celosos pueden intervenir violentamente contra él”—. De ninguna manera su intervención es una mitzvá

El Talmud neutraliza el fanatismo de Pinjás y lo encierra en una caja hermética para que nadie lo use como licencia para la violencia. El celo religioso es un arma que casi siempre se vuelve contra quien la usa.

No encontramos ningún otro acto de celo sagrado mencionado en la Torá ni aprobado por la tradición judía. Pinjás y su comportamiento se convierten en la excepción y no en la regla en la vida y la tradición judías.

El pueblo de Israel puso en duda las motivaciones de Pinjás al matar a Zimri. Por eso, es evidente que solo Dios podía salvarle de las críticas injustificadas y la desaprobación pública. Sin embargo, al hacerlo, Dios nos advierte, en cierto modo, de los peligros del fanatismo. Dios le da a Pinjás un brit shalom, pero en ese pacto de paz, la letra vav de “shalom” está rota.

El Todopoderoso no volverá a intervenir para rescatar al fanático de la desaprobación pública e histórica. El mensaje es que incluso un acto “justo” puede romper la paz interior y social.

Volvemos a encontrar a Pinjás más tarde en la historia judía, de nuevo en un momento de tragedia personal. Yiftaj, el sumo sacerdote y presidente del Sanedrín, ha hecho un voto insensato: quien primero salga a recibirlo cuando regrese de la guerra que ha librado para salvar a Israel de la opresión de los hijos de Amón, será sacrificado a Dios. La hija de Yiftaj, sin saber nada del voto de su padre, sale corriendo de casa para dar la bienvenida al héroe que regresa.

¿En qué medida intervienen las peculiaridades personales en un comportamiento tan ferviente? La historia y la sociedad judías están plagadas de víctimas del fanatismo religioso que fueron abatidas por ataques personales disfrazados de piedad y fervor religiosos.

El fanático suele ocultar sus propias debilidades y dudas atacando a los demás.

Los rabinos del Talmud nos dicen que Yiftaj podría haber anulado el voto de forma retroactiva apareciendo ante Pinjás y su tribunal y pidiendo la anulación. Pero el ego y la soberbia se lo impiden, incluso a costa de la vida de su propia hija. Yiftaj se niega a humillarse —después de todo, él es el líder de Israel— yendo a ver a Pinjás para pedirle que anule el voto.

Aunque Pinjás está al corriente del voto, tampoco él está dispuesto a rebajarse —después de todo, es el sumo sacerdote y el jefe del Sanedrín— para viajar a casa de Yiftaj y anularlo. Como observa con pesar el Talmud, debido a este arrebato de orgullo personal, se ha matado a una persona inocente. 

Cuando alguien hoy usa a Pinjás para justificar violencia religiosa, podemos responder que la halajá no permite repetir su acto. Que es una categoría legal muerta, no un permiso. La justicia se aplica en los tribunales, no en individuos armados. La justicia privada está prohibida.

Los profetas denuncian el fanatismo más que la inmoralidad ritual.

La violencia religiosa desestabiliza la comunidad y contradice la ética judía.

Pinjás muestra lo que puede ocurrir cuando un individuo actúa por su cuenta creyendo que representa la voluntad divina.

La tradición rabínica se encargó de que nadie más pudiera hacerlo.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."