Nos dicen que Hamás se retira: el truco sucio que Occidente celebra

En Occidente nos están vendiendo una victoria de papel, un espejismo empaquetado como logro histórico. Nos dicen que Hamás se retira, que disuelve su comité de gobierno en Gaza y que una junta de tecnócratas independientes va a asumir el control. Titulares grandilocuentes, aplausos en las cancillerías europeas y suspiros de alivio en Washington.

Pero bajemos al barro de la realidad. Lo que la narrativa bienpensante occidental celebra como el fin de Hamás, la inteligencia y la prensa israelí lo leen correctamente: como una burda operación de camuflaje.

Hamás no está capitulando. Hamás se está quitando el lastre de gestionar la miseria para hacer lo que mejor sabe hacer: sobrevivir y rearmarse.

Vamos a desarmar la mentira. ¿Qué significa realmente este “Comité Nacional para la Administración de Gaza”? Significa que Hamás le está entregando las llaves de un edificio en ruinas a un grupo de burócratas. Le está diciendo al mundo: “Encárguense ustedes de recoger la basura, de gestionar los hospitales destruidos y de alimentar a la población“.

Es una jugada maestra de parasitismo político. Mientras esos tecnócratas —que hoy siguen varados en hoteles de El Cairo esperando luz verde— asumen la carga administrativa ante la comunidad internacional, las estructuras profundas de Hamás siguen intactas. Los funcionarios de nivel medio que operan sobre el terreno en Gaza siguen respondiendo a los mismos jefes. Las oficinas cambian de nombre, pero las lealtades no cambian de bando.

Porque aquí está la pregunta que nadie en Occidente quiere responder: ¿Dónde están las armas? El plan de paz de la ONU exige el desarme total de las milicias. Pero a pesar de las eliminaciones de sus principales líderes, el núcleo duro de mandos militares que sobrevive en los túneles ya lo ha dejado claro: no van a entregar ni un solo fusil de asalto, ni una sola lanzadera, ni van a renunciar a un solo metro de su red subterránea.

Lo que estamos viendo no es una transición hacia la paz; es la importación a Gaza del “Modelo Hezbolá”. Y por eso el establishment de seguridad en Israel está en alerta máxima.

¿En qué consiste este modelo? Miren a Líbano. En Beirut hay un gobierno formal, un parlamento, ministros tecnócratas que firman papeles y reciben a los diplomáticos extranjeros. Pero, ¿quién manda de verdad? El grupo terrorista armado que tiene los misiles en el sur.

Hamás aspira exactamente a lo mismo. Quieren convertirse en un poder en la sombra. Un poder que no rinde cuentas por la falta de electricidad o de agua, pero que mantiene el derecho de veto definitivo porque tiene el monopolio de la violencia en el terreno. Si un comité de tecnócratas intenta aplicar una política que no le gusta a la militancia armada, ¿cuánto creen que va a durar ese comité antes de ser ejecutado o intimidado? Cero. Sin desarme, cualquier gobierno civil en Gaza es un rehén con corbata.

Entonces, ¿por qué Occidente insiste en aplaudir esta farsa? Por pura desesperación y cobardía política. La comunidad internacional necesita desesperadamente un interlocutor lavado de cara para poder financiar la reconstrucción de Gaza sin violar sus propias leyes antiterroristas. Necesitan un sello de goma que diga “independiente” para justificar el desembolso de miles de millones de dólares. Prefieren comprar una paz falsa hoy, aunque signifique sembrar la próxima guerra de la década que viene.

Miremos al futuro cercano. ¿Qué es lo que va a ocurrir en los próximos meses? Tres certezas absolutas:

Primero: Colapso del comité civil. En cuanto este comité de tecnócratas intente operar sobre el terreno y choque con las demandas de las Fuerzas de Estabilización Internacionales o con las exigencias de Israel, Hamás saboteará la gestión desde el subsuelo. El comité nacerá muerto o será un títere.

Segundo: Guerra de baja intensidad crónica. Israel no va a aceptar este juego. Al ver que el desarme es una mentira, las Fuerzas de Defensa de Israel mantendrán incursiones quirúrgicas constantes en la Franja para destruir los túneles restantes y cazar a los líderes supervivientes. La estabilidad prometida por Occidente jamás llegará.

Y tercero: El rearme en la sombra. Gaza entrará en una economía de contrabando aún más agresiva. El dinero de la reconstrucción, de una forma u otra, acabará goteando hacia el mercado negro para financiar la compra de nuevo armamento ligero y explosivos.

En conclusión: Occidente celebra un trofeo de papel; Israel se prepara para una guerra de desgaste interminable.

Hamás no ha muerto; simplemente se ha mudado de las oficinas a los túneles, esperando que la comunidad internacional les financie la tregua perfecta para volver a golpear. No nos dejemos engañar por la burocracia del terror.

Así están las cosas.

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Ricardo Silva: