Todos comparten los principios fundamentales del islamismo chií en Irán: la imposición por la fuerza de la ley islámica (Sharia) a nivel nacional, el apoyo a la llamada red de milicias del Eje de la Resistencia, el antiamericanismo y el objetivo de erradicar a Israel.
Los intereses estarían en riesgo si se socavara la posición del líder supremo.
Su declaración revela, por lo tanto, no solo las luchas internas entre los distintos clanes oligárquicos del régimen islamista, sino también que la clase clerical se esfuerza por preservar sus privilegios políticos y económicos ante una sucesión cada vez más incierta.
Por ahora, estas divisiones por el poder y el dinero se han gestionado y contenido en nombre de Mojtaba Khamenei.
Su nombre sigue funcionando como un elemento de cohesión política. Incluso en su ausencia, las distintas facciones pueden invocar su autoridad para disciplinar a sus rivales, justificar decisiones y evitar una confrontación más abierta por el liderazgo del régimen.
Pero este arreglo es frágil, ya que una autoridad que no se manifiesta visiblemente no puede perdurar, especialmente en un régimen donde la presencia personal del líder ha sido históricamente fundamental para la gestión de la élite.
Mojtaba no asistió al funeral de su padre. Se prevee que se intensificarán drásticamente las especulaciones sobre su estado de salud y podría acelerar los esfuerzos de las facciones para prepararse para una segunda crisis de sucesión.
Un momento así no solo plantearía interrogantes sobre el destino de un hombre.
La clase clerical, las redes vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica, la burocracia de seguridad y las facciones político-económicas maniobran para proteger sus intereses en un sistema cuya fuente central de autoridad se ha debilitado.
Podría revelar la profunda crisis estructural que enfrenta la República Islámica: que un régimen construido en torno a la autoridad absoluta de un solo hombre ya no tenga un líder capaz de imponer orden a las mismas facciones que dependen de su autoridad para su supervivencia.
La intervención de la Asamblea de Expertos es, por lo tanto, más que un episodio aislado; es una señal de que el equilibrio interno de poder en la República Islámica está cambiando.
La clase clerical, las redes vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica, la burocracia de seguridad y las facciones político-económicas maniobran para proteger sus intereses en un sistema cuya fuente central de autoridad se ha debilitado.
Si bien estas rivalidades pueden mantenerse contenidas a corto plazo, el orden posterior a Ali Khamenei es cada vez más vulnerable a un conflicto abierto entre las élites.
Lo que hoy parece una disputa sobre negociaciones podría convertirse pronto en una lucha más amplia por el verdadero dominio de la República Islámica.
Publicado también el 3 de julio de 2026 en Middle East Forum.