El régimen iraní se está fracturando; un conflicto abierto podría ser el siguiente paso

Estos son quienes compiten por proteger y promover su poder e intereses económicos en medio del vacío surgido tras la eliminación de Ali Khamenei. 
Por Saeid Golkar y Kasra Aarabi. Traducido de The Telegraph
La manifestación más reciente de esta lucha interna proviene de la Asamblea de Expertos, que realizó una inusual intervención pública mediante una declaración sobre las negociaciones en curso con Estados Unidos y el Memorando de Entendimiento recientemente firmado.
La declaración criticó de facto al Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán por su gestión de las negociaciones con Washington, sugiriendo que los funcionarios habían traspasado las “líneas rojas” del líder supremo, Mojtaba Khamenei.
 Los clanes oligárquicos del régimen iraní están enfrentados entre sí, y este conflicto podría descontrolarse pronto. Esta lucha no gira en torno a la ideología ni al futuro de la República Islámica: todos los clanes oligárquicos son islamistas; algunos usan turbantes, otros uniformes militares y otros trajes.
Todos comparten los principios fundamentales del islamismo chií en Irán: la imposición por la fuerza de la ley islámica (Sharia) a nivel nacional, el apoyo a la llamada red de milicias del Eje de la Resistencia, el antiamericanismo y el objetivo de erradicar a Israel.
Sin embargo, compiten por proteger y consolidar su poder e intereses económicos en el vacío de poder surgido tras la eliminación de Ali Khamenei, el antiguo líder supremo, quien había sido el padrino de estos clanes.
La manifestación más reciente de esta lucha interna ha estallado en el lugar menos esperado: la Asamblea de Expertos, un organismo compuesto por 88 clérigos que, en teoría, nombran y supervisan la autoridad del líder supremo. La semana pasada, 73 miembros de la asamblea, normalmente silenciosa, hicieron una inusual intervención pública mediante una declaración sobre las negociaciones en curso con Estados Unidos y el Memorando de Entendimiento recientemente firmado.
La declaración criticaba de facto al Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN) de Irán por su gestión de las negociaciones con Washington, sugiriendo que los funcionarios habían traspasado las “líneas rojas” del líder supremo, Mojtaba Khamenei.
En persa, la declaración decía: “Todos los funcionarios deben respetar que, en el sistema de Velayat-e Faqih (Tutela del Jurista Islámico), la opinión y las directrices del Líder Supremo son decisivas. Una vez informados de la postura definitiva del Líder, ningún funcionario puede actuar en contra de ella”.
Tras su publicación, el ayatolá Hashem Hosseini Busheri, presidente de la secretaría y portavoz de la Asamblea de Expertos, declaró de inmediato que desconocía por completo la declaración y que, si bien no se oponía a su contenido, sus firmantes habían roto el protocolo al publicarla sin su coordinación.
Sorprendentemente, miembros destacados de la secretaría —entre ellos el ayatolá Movahedi Kermani, el ayatolá Arafi, el ayatolá Araki y el ayatolá Rajavi— figuraban entre los firmantes de la declaración. De hecho, solo tres miembros de la secretaría no la firmaron, incluido Hosseini Busheri.
La Asamblea de Expertos representa, en la práctica, a la clase clerical del régimen. Su principal función es proteger y promover los intereses del clero, que durante mucho tiempo han estado garantizados por la supremacía del líder supremo. El hecho mismo de que estas luchas internas entre la élite se desarrollen ahora abiertamente dentro del órgano clerical más importante del régimen resulta particularmente revelador.
 Cuando Ali Khamenei vivía, este poder era indiscutible. Pero no se puede decir lo mismo de Mojtaba, su hijo y sucesor, quien ahora está al mando. No solo es evidente que el nuevo líder supremo ya no ostenta la misma autoridad que su padre, sino que la total ausencia pública de Mojtaba no ha hecho sino agravar el vacío de poder surgido tras la muerte de su predecesor. Esto ha aumentado la inquietud de la Asamblea de Expertos, que teme por su futuro político y económico.

Los intereses estarían en riesgo si se socavara la posición del líder supremo.

Su declaración revela, por lo tanto, no solo las luchas internas entre los distintos clanes oligárquicos del régimen islamista, sino también que la clase clerical se esfuerza por preservar sus privilegios políticos y económicos ante una sucesión cada vez más incierta.

Por ahora, estas divisiones por el poder y el dinero se han gestionado y contenido en nombre de Mojtaba Khamenei.

Su nombre sigue funcionando como un elemento de cohesión política. Incluso en su ausencia, las distintas facciones pueden invocar su autoridad para disciplinar a sus rivales, justificar decisiones y evitar una confrontación más abierta por el liderazgo del régimen.

Pero este arreglo es frágil, ya que una autoridad que no se manifiesta visiblemente no puede perdurar, especialmente en un régimen donde la presencia personal del líder ha sido históricamente fundamental para la gestión de la élite.

Mojtaba no asistió al funeral de su padre. Se prevee que se intensificarán drásticamente las especulaciones sobre su estado de salud y podría acelerar los esfuerzos de las facciones para prepararse para una segunda crisis de sucesión.

Un momento así no solo plantearía interrogantes sobre el destino de un hombre.

La clase clerical, las redes vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica, la burocracia de seguridad y las facciones político-económicas maniobran para proteger sus intereses en un sistema cuya fuente central de autoridad se ha debilitado.

Podría revelar la profunda crisis estructural que enfrenta la República Islámica: que un régimen construido en torno a la autoridad absoluta de un solo hombre ya no tenga un líder capaz de imponer orden a las mismas facciones que dependen de su autoridad para su supervivencia.

La intervención de la Asamblea de Expertos es, por lo tanto, más que un episodio aislado; es una señal de que el equilibrio interno de poder en la República Islámica está cambiando.

La clase clerical, las redes vinculadas a la Guardia Revolucionaria Islámica, la burocracia de seguridad y las facciones político-económicas maniobran para proteger sus intereses en un sistema cuya fuente central de autoridad se ha debilitado.

Si bien estas rivalidades pueden mantenerse contenidas a corto plazo, el orden posterior a Ali Khamenei es cada vez más vulnerable a un conflicto abierto entre las élites.

Lo que hoy parece una disputa sobre negociaciones podría convertirse pronto en una lucha más amplia por el verdadero dominio de la República Islámica.

Publicado también el 3 de julio de 2026 en Middle East Forum.

 

Enlace Judío: