Israel es un país que vive a pesar de sus múltiples enemigos. La mayoría de ellos no tienen razones para tanto odio ni para querer su destrucción. En sus declaraciones contra Israel debe destacarse que algunos desbordan en una sinceridad que incluso les causa daños evidentes. A su imagen, a sus intereses. Es el caso de Irán y es el caso de Turquía.
Israel vive un largo y doloroso conflicto con Irán. El coloso persa nunca ocultó su objetivo de borrar a Israel del mapa. Tuvo a sus órdenes proxis que son y fueron mortales para Israel. Desarrolló un plan de cohetes y misiles importante. Su carrera para obtener energía nuclear superó obstáculos y sanciones. Aún hoy no se sabe exactamente qué tan cerca o lejos está de tener un artefacto nuclear letal.
La operación militar de Estados Unidos con Israel, y luego la que sigue Estados Unidos en solitario contra Irán, ha debilitado a un Irán que no se rinde ni tampoco deja de agredir a los americanos y sus aliados, incluso si estos últimos son hermanos de fe. Para Israel, amenazada por cohetes y drones de alta capacidad de fuego y autonomía de vuelo, el peligro sigue vigente, el estado de alerta se mantiene. En todos los frentes.
Las denuncias de Israel y de sus dirigentes acerca de las intenciones y planes de Irán siempre parecieron exageradas, rayando en lo absurdo. Desde el 7 de octubre de 2023 y hasta hoy, los hechos comprobados parecen superar cualquier fantasía, exageración o delirio de persecución aparente. Justo hoy, al momento de escribir esta nota, como tantos domingos en las últimas semanas, acontecimientos en pleno desarrollo preocupan a todos. Estados Unidos ataca múltiples objetivos iraníes e Irán no se priva de atacar objetivos e intereses americanos. El mundo no tiene paz.
Pero la semana pasada, un nuevo actor parece querer entrar en escena o, mejor dicho, cobrar protagonismo, pues hace tiempo ha hecho su aparición. Turquía, la reminiscencia del imperio otomano, es una potencia militar de nuestros días. Con la tradición imperial y el oficio que esto conlleva. Desde hace varios años ha lanzado una campaña de ataques a Israel. No han valido los intentos de Barack Obama en su momento, cuando obligó a Netanyahu a hacer una llamada al presidente turco desde la misma Casa Blanca para aplacarlo. Tampoco las efusivas declaraciones de Donald Trump señalando su aprecio por Recep Tayyip Erdoğan.
Turquía parece tener la intención de convertirse en el líder del islamismo, con el agravante de que este sea un islamismo radical. Las declaraciones en contra de Israel han subido de tono, llegando a condenar la existencia misma del estado judío. Menachem Begin, el primer ministro de Israel reconocido por su acción de firmar la paz con Egipto y ser muy incisivo en sus declaraciones y posiciones, solía decir que los judíos deben tomarse las amenazas contra ellos muy en serio. La historia le da la razón.
La supervivencia de Israel en el hostil Medio Oriente, también en el desagradable entorno que lo rodea en todo lo que a defensa se refiere, se basa en una superioridad tecnológica y de inteligencia que logra desbordar el poderío físico y cuantitativo de sus adversarios. La historia, y los hechos también, avalan lo antes expresado. Las guerras ganadas, los conflictos superados, la capacidad disuasiva se basan en tener un grado de superioridad en ciertos aspectos que no son negociables.
Un aspecto que ha garantizado que Israel siga existiendo es sin duda su Fuerza Aérea. Pilotos de primera, formación de altísimo nivel, experiencia en combate, electrónica avanzada en toda la aviónica. Y tener los mejores aviones del mercado, algunos a los cuales sus enemigos no puedan tener acceso total o parcial. Los Estados Unidos de América, el principal aliado y amigo de Israel, siempre ha entendido esto de una u otra manera.
En virtud de lo anterior, llama mucho la atención que el presidente americano haya asomado la posibilidad de vender los avanzados F-35 a Turquía. Le resta a su aliado del Medio Oriente, a su socio ideológico en temas de democracia y sociedad, una ventaja vital. Justo a días de fuertes declaraciones de funcionarios turcos en contra de Israel, justo cuando los Estados Unidos tienen un Memorándum de Entendimiento con Irán que es violado y ha exigido nuevos ataques americanos. ¿Qué está pasando?
Israel ha expresado su preocupación, con firmeza y cautela. Se trata de ser educado con su mejor amigo, se trata de denunciar a Turquía, un poderoso país que infunde temor con sus declaraciones y sus capacidades. El presidente Trump señala que, gracias a él, Erdogan no se sumó a Irán cuando atacó a Israel. Esta afirmación confunde antes que consolar, preocupa antes que aliviar.
Queda claro que Israel debe presentar sus temores y posiciones con mucha claridad. Queda también claro que ha de convertirse en la Esparta de nuestros días. Es evidente que un enemigo se une a otro enemigo…y hay que tomarlo muy en serio.
Elías Farache S.
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