No se puede negar que el actual presidente de los Estados Unidos ha sido un gran aliado y amigo de Israel. Lo fue y lo demostró en su primer mandato con creces. Basta con citar que mudó la embajada americana a Jerusalén y reconoció la soberanía israelí en los Altos del Golán. Fueron hechos concretos, no palabras ni promesas.
Incluso antes de tomar posesión para su segundo mandato, Donald Trump había allanado el camino para el regreso de los rehenes israelíes en Gaza. Su actuación y presión fueron decisivas. Su alocución en la Knesset, luego de la liberación de los infortunados secuestrados, fue sentida. Israel, en su totalidad, agradeció la acción de un verdadero amigo en la Casa Blanca.
Cuando Israel atacó a Irán hace ya un año, era necesario un toque de gracia que se lograba solo con equipamiento americano. Así se hizo. Trump envió los poderosos bombarderos a una misión delicada que resultó exitosa. A la luz de lo que vivimos hoy, quizás no definitiva, pues Irán ha conservado algo de su potencial. Menos de un año después, en febrero de 2026, los Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva con el objetivo de evitar que Irán llegase a desarrollar capacidades de armamento nuclear. En ese momento, parecía también que el gobierno persa terminaría cayendo luego de las violentas protestas que precedieron el ataque.
El tema de un Irán con capacidad nuclear es muy delicado para todo el mundo. Las iniciativas y acciones de Irán, antes y durante el conflicto, no dejan lugar a dudas respecto a la fortaleza y determinación para enfrentar a sus enemigos. Para todos, es un gran problema. Para Israel es cuestión de vida o muerte. Las intenciones de Irán para con Israel son y han sido siempre claras: destruir al Estado judío.
Los Estados Unidos, y quizás todos los que han enfrentado a Irán en estos meses, se han sorprendido por la capacidad de resistencia del coloso persa. No se ha rendido. Ha disparado a todos a quienes ha querido, y ha impuesto condiciones de negociación. Derrotado en el papel, con sus fuerzas armadas y capacidades bélicas diezmadas, con la economía por el suelo, toda su infraestructura dañada y amenazada, Irán parece lograr una y otra vez acuerdos de cese al fuego que le permiten reagrupar fuerzas.
Este fin de semana, como tantos otros al momento de escribir estas notas semanales, las declaraciones e iniciativas del presidente Donald Trump son la noticia, y dictan la pauta de los acontecimientos de las horas y días por venir. Entre declaraciones no formales, elucubraciones, filtraciones y muchas conjeturas, se habla de un cese al fuego de treinta o de sesenta días. Con calma, según Trump. Con preocupación, si de Israel se trata: Irán sigue siendo temido por el Estado judío.
Donald Trump es quien pone las condiciones y las normas. Ha sido muy enfático en señalar que Netanyahu seguirá sus indicaciones. Ha sido aún más vehemente al señalar que no permitiría nunca un Irán con capacidades bélicas nucleares. Esto último es lo que Israel se aferra a creer, aunque la sufrida y paciente población de Israel ve en las últimas intervenciones de Trump un dejo de debilidad que preocupa. Las reglas impuestas por el presidente americano suponen que Israel no puede actuar con la fuerza necesaria en el Líbano, desde donde se ataca el país todos los días a pesar de un teórico acuerdo de cese al fuego. El norte de Israel vive en ascuas, todos los días caen soldados producto de ataques de Hizbolá.
Israel y su primer ministro entienden y aprecian, valoran en su justa dimensión, el apoyo de Donald Trump a la causa del pequeño país. Entienden con claridad que el tablero de los Estados Unidos es algo más grande del manejado por Israel, con implicaciones económicas también muy importantes. La amistad y solidaridad americana, necesaria y hasta imprescindible, parece convertirse en una camisa de fuerza que resulta muy difícil de despojarse. Israel entiende a los Estados Unidos; quizás nadie entiende en su verdadera medida lo que está en juego: la existencia misma de Israel.
El 7 de octubre de 2023 constituyó el inicio de una serie de acontecimientos que no terminan. Ha cambiado la faz del Medio Oriente, también la del mundo entero y las de las relaciones entre países y entre potencias. Parece más cierto que nunca la afirmación del primer ministro israelí de hace meses señalando que su país tendría que ser la Esparta de nuestros días para sobrevivir en este entorno que lo rodea. Lo cierto del caso es que Israel está entre amigos y enemigos, con las manos atadas. Ora por respetar a los amigos, ora por no enfurecer a los enemigos.
Entre amigos y enemigos, en las mismas de siempre… en peligro.
Elías Farache S.
__________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío