Juan Alberto Cedillo / Cómo vivía y en qué soñaba la última generación de la Unión Soviética, antes de su derrumbe

A lo largo de unas 400 páginas Alexei Yurchak, autor de “Todo era para siempre hasta que dejó de existir”, recoge testimonios y documentos de la generación de jóvenes y no tan jóvenes que vivieron la última etapa de lo que se conoce como el “socialismo tardío”, periodo que comenzó con las reformas al sistema comunista implementadas por Nikita Kruschev, pocos años después de la muerte del dictador José Stalin.

La época del “socialismo tardío” terminó con la Perestroika y Glasnot que decretó Gorbachov ya que derivaron en la caída de la URSS.

El periodo anterior al “socialismo tardío” fue la dictadura de Stalin que dejó como saldo crueles masacres con sus purgas, otras más en los Gulags siberianos y millones de muertos por el Holodomor en Ucrania.

Desde el inicio de su libro, Yurchak destaca la paradoja que caracterizó el “socialismo tardío”:

Un “Estado comunista moderno” que promovía la libertad total, individual y colectiva. No obstante, esa sociedad está sometida a los principios y reglas del Partido Comunista Ruso (PCR), el cual domina, dicta normas y conduce todos los campos: social, económico, cultural y político.

Para entender esa paradoja, que se manifiesta desde mucho años antes, un caso concreto que cuenta Vasil Grossman en su brillante y monumental obra titulada “Vida y Destino”: el físico nuclear Víctor “descubrió” a mediados de la década de los treinta del Siglo XX que los electrones pueden ser separados del núcleo, como ya lo habían demostrado Neil Borns y otros científicos de occidente.

Por esa investigación Víctor fue reconocido y premiado por sus colegas de la academia, nombrándolo jefe de un departamento de Física. Todo iba de maravilla en la vida de Víctor hasta que un comisario del Partido Comunista incrustado en la academia para vigilar a los científicos argumentó que esa teoría sobre el núcleo atómico estaba alejada de los “principios marxistas-leninistas”.

A partir de entonces el prestigio de Víctor se derrumbó, le quitaron su puesto, sus amigos lo repududiaron y el desprestigio lo obligó a pensar que su único camino era el suicidio. Su martirio terminó cuando recibió en su casa una llamada del mismo José Stalin para preguntarle sobre cómo iba con sus investigaciones, ya que Stalin recién había recibido los documentos secretos del proyecto Manhattan para fabricar la bomba atómica.

A partir de ese momento Victo regresó con un puesto superior: jefe de investigación en la Academia de Ciencias de la URSS.

El autor también describe cómo se percibe el lenguaje y los postulados marxistas, leninistas y comunistas en un país que se supone está regido por esos principios: como consignas huecas, como frases prefabricadas, como mitos “oficiales” que forma parte del lenguaje de los burócratas que se repiten hasta la saciedad. En cada evento, en cada discurso, en todos los actos oficiales se insertan en los discursos, citas, frases y consignas ya prefabricadas del marxismo-leninismo y que a todos aburren.

En México tuvimos durante muchos años, algo similar, con ese tipo de principios en discursos oficiales, cuando gobernó el PRI ya que en cada acto y rito oficial salían las consignas y postulados “emanados de la Revolución Mexicana”, sobre el nacionalismo revolucionario, la defensa de la Patria, etc.

Para los jóvenes de la última generación que vivió en el régimen comunista soviético la paradoja, sobre libertad y estar sometido al PCR, está representada por su pasión por el Rock occidental, el cual estaba prohibido por el Partido Comunista ya que lo calificaba como música decadente de la burguesía occidental e incluso lo consideraron como un “arma” de la mítica CIA para destruir a la URSS.

En Rusia estuvo prohibido el Rock pero los jóvenes de los años setenta lo escuchaban en discos vendidos en el mercado negro, también a través de radios de onda corta y finalmente lo reproducían y compartían en casetes grabados. La moda impuesta por el Rock en EE UU también estaba prohibida, particularmente los jeans vaqueros y acampanados.

El Partido Comunista argumentó “científicamente” que la música del Rock era decadente, burguesa con “efecto subyugador” debido a sus “sonidos fuertes e inarmónicos”.

La censura del Rock por PCR fue permanentemente violada por la generación del “socialismo tardío”, ya que esos jóvenes consideraban a bandas como Deep Purple, Led Zeppelin, Pink Floyd, Yes, Queen, Wings, Alice Cooper, King Crimson, Uriah Heep, los Beatles y muchas más, como la mejor expresión de la música contemporánea.

La prohibición incluía que organizar conciertos o tocar Rock era penado con cárcel. Además, a los jóvenes que imitaban las modas de vestimenta occidental los consideraban holgazanes y decadentes. En las escuelas y universidades también se prohibieron las faldas cortas y los cabellos largos.

Durante todos los años que gobernó el PCR, la Unión Soviética controló la información sobre Occidente. Calificaba a los países europeos y a los Estados Unidos como decadentes y muy inferiores al sistema “comunista soviético”. Incluso su propaganda incluyó vender a su población como logros de la URSS muchos de los avances científicos, tecnología y conocimiento desarrollado en Occidente.

Según el Partido Comunista, Rusia era el “mejor país del mundo” y su régimen “duraría para siempre”, hasta que dejó de existir.

La única arma que tuvo la población contra la propaganda gubernamental hasta antes de la caída de la URSS fueron los chistes. Uno muy popular:

Un paciente llega a un hospital exigiendo consultar con un especialista en oídos y ojos. Le comentan que no existe tal especialista, que los hay para oídos y garganta o para la vista pero que no existe uno en ambas disciplinas. A lo que el paciente réplica que desea uno que le explique por qué lo que escucha no tiene nada que ver con lo que ve.

Juan Alberto Cedillo

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Juan Alberto Cedillo: Escritor y periodista mexicano, autor de cinco libros de investigación histórica: Los nazis en México, con el que consiguió el Premio Debate de Libro de Reportaje en el año 2007; La Cosa Nostra en México (1938-1950); Eitingon, las operaciones secretas de Stalin en México, Hilda Kruger, vida y obra de una espía nazi en México y Operación Pastorious, la historia del espionaje nazi desde Monterrey. Sus textos fueron utilizados por Discovery y History Channel para crear las exitosas series de televisión Embajadores de la Mafia, Continente Nazi y La Red Nazi en México.