Es el porfiado ideal del sector religioso en Israel.
Durante largos años, la diáspora judía sostuvo en general una identidad colectiva que le permitió sobrevivir más allá de discriminaciones, de la rigidez política y de credos dominantes.
En contraste con Europa y las Américas, la filiación judía de Israel como Estado independiente define su pública estructura y las principales orientaciones.
El resultado: desde su nacimiento, los gobiernos de Israel compuestos por coaliciones políticas deben negociar con la ortodoxia las cuotas de poder que se les permite y otorga.
En este marco, se han definido, entre otros temas, obligaciones desiguales en el extenso y riesgoso servicio militar.
Un hecho que implica la reiterada negociación interpartidaria conforme al resultado electoral. Un hecho que con frecuencia pone en tensión la estabilidad institucional y la asignación desigual de derechos y deberes.
Implica por añadidura cuotas privilegiadas en la distribución del gasto público y la exención del servicio militar a la mujer.
En este contexto, la ortodoxia rabínica y sus partidarios merecen privilegios y derechos desiguales que negativamente afectan el ejercicio de la democracia en Israel.
Así, en el curso de los años, en la guerra como en la paz, la ascendente minoría ortodoxa, hoy entre 15 y 18 por ciento de la población, forma parte de las coaliciones gubernamentales conforme a términos que le impone.
Más aún: la convicción de que sólo ellos definen la identidad judía del país actúa en su
favor.
Injusta realidad que hoy enciende justificada y amplia atención en no pocos sectores de la sociedad israelí. Los desiguales beneficios que merecen en el gasto público suscitan amplia controversia. Ya es un tema importante con vistas al cercano juego electoral.
El reciente voto en favor de la exención del servicio militar a jóvenes que estudian la Torá y en paralelo la extensión cercana a tres años del servicio militar obligatorio de los jóvenes, incluyendo el sexo femenino, acentúan la pública controversia en el marco del ajetreo electoral que tendrá decisiva expresión el próximo octubre.
En suma: hasta aquí solo los sectores liberales y seculares constituyen la efectiva defensa contra agresiones externas mientras que la ortodoxia rabínica y sus estudiosos se limitan al discurso y al rezo.
Injusta realidad que ciudadanos activos en la defensa del país hoy apenas aceptan.
Si creyentes de Jehová se eximen de la defensa del país y sólo los otros toman parte y mueren en este marco, se forja así una desigualdad que desde años lastima a nuestra sociedad.
Informes confiables indican que esta torcida situación apenas es aceptable para no pocas familias. Y el resultado: no pocas de ellas se inclinan hoy a trasladarse con sus hijos a otros espacios como Chipre, Grecia y las islas del Mediterráneo sin descartar el impulso al ensueño norteamericano que desde siempre ha seducido a nuestra
sociedad.
En cualquier caso, el diálogo público y político en torno a los términos de la obligación militar de la juventud ortodoxa es y será intenso.
Más aún: cabe decidir si solo ellos marcan el carácter judío de nuestro país o bien es este un signo que con desigual acento preside a toda nuestra sociedad.
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudío