MAYE PRIMERA/EL PAÍS.COM

Llamémoslo Alberto -venezolano, carnicero, 40 años- y digamos que a él la vida sí le cambió. Hace cuatro años sufrió un cáncer y sobrevivió. Hace dos años le asaltaron y le secuestraron en su casa del centro de Caracas y sobrevivió. Hace un año la Guardia Nacional se lo llevó preso durante dos días, acusándole de vender carne fuera de los precios establecidos por el Gobierno, y salió bajo libertad condicional. Hace ocho años simpatizaba con el chavismo y ahora no. Y a pesar de que Alberto ha cambiado tanto, le cuesta creer que Hugo Chávez, como consecuencia del cáncer que padece y que irá a tratarse este fin de semana en Cuba, haya cambiado también. Teme tener más problemas con el Gobierno, y por eso Alberto pide que no figure su verdadero nombre.

El 29 de julio por la noche, Alberto escuchó al presidente venezolano decir por televisión: “No es justo que nosotros demos fuerza a las tesis perversas de la burguesía de que vamos a expropiar las carnicerías, las fotocopiadoras, el pequeño comercio, esto no está previsto”. Y no le creyó, aunque Chávez insistió: “Que nadie de nuestro país lo crea, tenemos que convencerlos de nuestro verdadero proyecto, que este sector nos hace falta y queremos más bien darle crédito”. Esa misma semana, el presidente promulgó un decreto de ley para imponer mayores controles al sistema económico.

Un día antes, durante la celebración de su 57º cumpleaños, Chávez había aparecido en el balcón del pueblo del palacio de Miraflores vistiendo una camisa amarilla y criticando a los chavistas que, como él, vivían uniformados de rojo. “¿Por qué tenemos que andar todo el tiempo con camisa roja? (…) Esa gente que se viste hasta de ropa interior roja, es sospechosa”, dijo.

A la semana siguiente apareció en pantalla con la cabeza rapada, tras advertir que pronto comenzaría a caérsele el cabello como efecto del tratamiento que recibe para tratar el cáncer que el 30 de junio pasado admitió que padece. Este fin de semana, Chávez tenía previsto viajar a La Habana para recibir su segunda sesión de quimioterapia.

Para Luis Vicente León, director de la firma encuestadora Datanálisis, la estrategia que está siguiendo Chávez es la correcta. “Está protegiéndose en términos de imagen y todo lo que vamos a ver de ahora en adelante es una puesta en escena”, opina. Claro que, desde el punto de vista del mensaje, no es la primera vez que el presidente recurre a la moderación para recuperar la confianza de los electores, esta vez con miras a las elecciones presidenciales de 2012, en las que aspira ser reelegido para un tercer mandato de seis años. “No hay nada nuevo en ese discurso. Cuando él habla de clase media, está tratando de conectarse con los independientes, que son los que van a definir la elección presidencial de 2012, y de bajar el rechazo que genera el radicalismo en las masas independientes”, agrega León.

La opinión del carnicero Alberto, que se autodefine como perteneciente a la clase media e independiente, es que muchas de las “verdades” que ha dicho Chávez son ciertas. “Al país le hacía falta un cambio y muchos creímos que Chávez representaba ese cambio. Pero ahora resulta que él nos ve a los comerciantes como unos capitalistas. Yo llevo ocho años luchando por mantenerme [en mi negocio] pero he sido tratado como un ladrón”. Ahora Alberto dice que en las presidenciales de 2012 no votará por Chávez.

En términos porcentuales, las encuestas de Datanálisis indican que un 91% de la población venezolana rechaza poner a Cuba como ejemplo para el país, un 74% rechaza las expropiaciones y un 84% piensa que la empresa privada es fundamental para el desarrollo. Sin embargo, la popularidad de Chávez sigue situándose por encima del 50%.
Marco Estrella, un librero chavista y también de clase media, cree que lo único que ha cambiado con la enfermedad del presidente es que el pueblo ahora aprecia más el trabajo de los ministros, de los gobernadores, de los diputados del partido.

“Estuvimos muy acostumbrados a tener la presencia del comandante en todas partes. Y eso [el cáncer] le ha sucedido a Chávez precisamente por no delegar las funciones correspondientes a quien tiene que delegárselas”, asegura Marco, que vende títulos como Vida y muerte del mono Jojoy, Mocedades de Bolívar o los Cuadernos del Che. Este librero opina que Chávez debería delegar su candidatura presidencial de 2012: “Nos gustaría que el candidato sea Chávez. Pero si él no está en condiciones para 2012, tenemos más de un candidato. Chávez no es imprescindible”.