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Con el fin de valorar el legado de los artistas e intelectuales del exilio español, la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes organiza el ciclo Si me quieres escribir… autores del exilio español en México, que en esta ocasión contó con la participación de la narradora, ensayista, poeta e investigadora Angelina Muñiz-Huberman, quien este martes 18 de octubre de 2011, a las 18:00 horas, impartió la conferencia “La presencia de María Zambrano en México”.

Esta actividad se llevó a cabo en la sede de la Capilla Alfonsina, ubicada en la calle Benjamín Hill 122, colonia Hipódromo Condesa, ciudad de México.

Ella misma, hija de una familia de exiliados españoles, Angelina Muñiz-Huberman dedicó su conferencia a la figura de la filósofa española María Zambrano, quien también debió abandonar su país a la caída de la República.

Ganadora del Premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1981 y Cervantes en 1988, María Zambrano es una figura clave para la cultura hispánica. Las raíces del pensamiento filosófico de María Zambrano brotan del impulso de armonizar metafísica y mística con el fin de proponer la razón poética como solución a la crisis existencial. Su utilización metafórica de muchos de los grandes símbolos tradicionales la lleva a la formulación de conceptos como el de la “razón poética”, que constituye uno de los núcleos fundamentales de su pensamiento.

María Zambrano sale de España en 1939 hacia Francia, de ahí parte a Nueva York, luego a Cuba y de ahí llega a México, donde permanece algunos meses, para luego ir a Puerto Rico y después de nuevo a Cuba, para no regresar a España sino hasta 1984, cuando ya es una pensadora reconocida.

Al igual que María Zambrano, entre la comunidad de exiliados españoles llegan a México otros prominentes filósofos, como José Gaos o Adolfo Sánchez Vázquez, cuya labor como docentes y escritores fue fundamental en el desarrollo de la filosofía en nuestro país. Al respecto, Angelina Muñiz-Huberman, señala en entrevista la importancia de la presencia de estos pensadores:

“Cada uno de estos filósofos tenía ya un pensamiento bastante estructurado, ello permitió que cuando llegan a México, las clases que impartieron y los libros que comenzaron a publicar tuvieron bastante influencia en la formación de los futuros filósofos mexicanos. Aún ahora, los libros de estos filósofos se siguen leyendo y editando. Creo que la obra de estos autores fue una parte de la migración que aportó mucho al conocimiento”.

Sin embargo, advierte la escritora, el caso de María Zambrano es un poco diferente, pues ella pasó poco tiempo en México y, aunque también dio clases, no lo hace en la ciudad de México, sino en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Puede decirse, afirma Angelina Muñiz-Huberman, que la presencia de María Zambrano se da sobre todo desde su obra, pues en esa corta estancia en México se publican algunas de sus libros en el Fondo de Cultura Económica y también en la Casa de España (hoy Colegio de México). “A María Zambrano se le conoce más por su obra que por sus enseñanzas”, afirma.

Con quien María Zambrano sí mantiene una relación personal más directa fue con algunos pintores mexicanos, de los cuales incluso escribió algunos textos, como es el caso de Juan Soriano, agrega la especialista, “pues la pintura fue un tema que también ella desarrolló, pero eso sucede cuando está ya en Italia”.

La relación que María Zambrano sostiene con la intelectualidad mexicana de manera directa, se da sobre todo en el terreno epistolar, pues sostuvo una copiosa correspondencia con Alfonso Reyes y Octavio Paz.

Al hablar sobre la relación entre la filósofa española y el Nobel mexicano, aunque advierte que no es un tema que haya estudiado, Angelina Muñiz-Huberman deja entrever la posibilidad de rastrear algún elemento del pensamiento de María Zambrano en la obra de Octavio Paz, quizá especialmente en lo referente al uso del concepto de “razón poética”. Por otro lado, apunta, se sabe que cuando María Zambrano estuvo en París, vive algún tiempo en la casa de Octavio Paz, entonces embajador de México en Francia.

Angelina Muñiz-Huberman (Hyères, Francia, 1936) es autora de más de una veintena de libros de ensayo, narrativa y poesía. Doctora en letras por la UNAM y en lenguas romances por la Universidad de Pensaylvania y la City University of New York. Su carrera ha sido reconocida con premios como el Xavier Villaurrutia 1985 por Huerto cerrado, huerto sellado o el Premio Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz 1993 por Dulcinea encantada, entre muchos otros.

Entre su copiosa obra se pueden mencionar las colecciones de cuentos Huerto cerrado, huerto sellado (1985) y En el jardín de la cábala (2008). Las novelas Morada interior (1972); Tierra adentro (1977) y La burladora de Toledo (2008). Es autora de los libros de ensayos La mujer mexicana en el arte (colectivo, 1987) y El canto del peregrino: hacia una poética del exilio. Además de contar con poemarios como El ojo de la creación (1992); La memoria del aire (1996); Conato de extranjería (1999); La sal en el rostro (1999) y La pausa figurada (2006).

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