ESTHER SHABOT/EXCÉLSIOR

El 8 de noviembre se presentará ante la comunidad internacional el reporte de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) sobre las dimensiones y naturaleza del desarrollo nuclear iraní. Ante las fundadas sospechas de que dicho reporte revelará con mayor detalle que el régimen de Teherán continúa trabajando en su objetivo de hacerse de armamento nuclear, la retórica alrededor de este caso ha subido de tono, tanto entre quienes cuestionan a Irán, como en el seno de la sociedad y el gobierno de la nación persa donde se vocifera cada vez más acerca de la mala fe y los torcidos intereses de quienes critican a su país.

Así que al ambiente de por sí caldeado por las recientes acusaciones estadounidenses de que Teherán planeaba asesinar al embajador saudita en Washington- acusación que incluyó la captura del presunto sicario destinado a llevar a cabo el operativo- , se suma ahora la tensión inherente a la muy próxima presentación del reporte de la AIEA que bien podría desencadenar una presión mucho mayor sobre el gobierno de Ahmadinejad. Es por eso que no ha sido extraña la serie de declaraciones y advertencias de parte de Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Israel, quienes en un tono bastante parecido han manifestado su rechazo a la política nuclear iraní y su exigencia de que ese país cumpla con los compromisos internacionales al respecto.

Específicamente, el presidente Obama declaró, luego de su encuentro con el presidente francés Sarkozy en Cannes que “Un asunto que en particular quiero mencionar es la amenaza continua encarnada en el programa nuclear de Irán…la AIEA tiene programado emitir un reporte al respecto la próxima semana y el presidente Sarkozy y yo coincidimos en la necesidad de mantener una presión sin precedentes para forzar a Irán a cumplir con sus obligaciones.” Del mismo modo, el miércoles pasado el diario británico The Guardian publicó que Londres se estaba preparando para un posible golpe militar sobre Irán.

Y sin duda alrededor del mismo objetivo de subir la presión sobre Teherán puede interpretarse la polémica desatada en Israel donde a lo largo de la semana pasada y de manera pública se discutieron las posturas diversas de los ministros del gobierno israelí y del propio primer ministro Netanyahu acerca de la conveniencia, factibilidad, riesgos y posibilidades de emprender un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Irán. El hecho de que ni Washington ni los europeos hicieran comentarios o cuestionamientos a aquellas abiertas posturas israelíes que se pronunciaron por preparar ya el ataque militar, es elocuente de que ha habido un acuerdo tácito entre todas esas partes para estirar la cuerda lo más posible en estos momentos a fin de disuadir al gobierno de los ayatolas de sus propósitos, antes de que sea demasiado tarde.

Mientras tanto, en el otro lado de la barrera los tonos también han subido notablemente. Y qué mejor oportunidad para ello que la celebración popular que se monta año con año para recordar cada 4 de noviembre la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán en 1979, cuando 52 funcionarios norteamericanos se mantuvieron 444 días como rehenes de las fuerzas revolucionarias iraníes de entonces. Así, miles de manifestantes salieron a las calles a quemar banderas de Estados Unidos e Israel al grito de “Muerte a E.U.”, mientras que funcionarios gubernamentales acusaron a estos países de actividades terroristas al atribuirles haber asesinado a varios científicos nucleares iraníes.

Por supuesto, el próximo capítulo de este drama iniciará con la publicación del informe de la AIEA. Mientras tanto, cabe constatar que el ambiente se está calentando peligrosamente y que el escenario de inestabilidad regional derivado de la llamada primavera árabe y del irresuelto conflicto palestino-israelí constituye un factor que incrementa todavía más la volatilidad y la incertidumbre que hoy prevalece en esta controvertida e importante región.